domingo, 26 de febrero de 2017

"Lo que dijo el médico" - Raymond Carver (1989)

Dijo que la cosa no tenía buen aspecto
dijo que tenía mal aspecto de verdad
dijo que contó treinta y dos en un pulmón antes
de dejar de contarlos
yo dije que me alegraba por no saber
si allí había más de los que había contado
dijo si usted es una persona religiosa arrodíllese 
en el bosquecillo y pida ayuda
cuando llegue a la cascada
la neblina le dará en la cara y en los brazos
deténgase y trate de comprender esos momentos
yo dije que todavía no pero que trataría de empezar hoy
él dijo lo siento mucho dijo
me gustaría poder darle otro tipo de noticias
yo dije amén y él dijo algo más
no lo entendí y no sabiendo que más hacer
y no queriendo que tuviera que repetirlo
y que no tuviera que volverlo a digerir
me limité a mirarle
durante un minuto y él me miró a su vez
me puse de pie de un salto y estreché la mano de éste que
acaba de decirme algo que nunca me habían dicho
puede que hasta le agradeciera que hubiera sido tan fuerte. 


miércoles, 25 de enero de 2017

Tres poemas de "Trilogía" (1944/46) - Hilda Doolittle

(de "No caen las murallas")

8

Con los cuernos, el disco o la serpiente erguida
revelamos nuestra condición:

aunque estos, las dos plumas o el loto
sean, nos dicen, frívolo adorno

del intelecto;
los poetas somos inservibles,

más que eso:
nosotros, reliquias genuinas,

portadores del saber secreto,
retazos vivientes

de la banda que lleva el iniciado
dentro de los santuarios

no solo somos "inútiles",
somos "patéticos":

esta es la nueva herejía;
pero si ni siquiera entienden lo que las palabras dicen,

¿cómo se atreven a juzgar
lo que las palabras callan?

con todo, revelan las antiguas escrituras
que estamos de nuevo en el principio;

les queda un largo camino por recorrer,
caminen con cautela, diríjanse con respeto

a quienes han completado el ciclo de la oruga,
pues también antes fueron los dioses aplastados

y los ídolos y su secreto guarda 
la misma palabra humana,

o el sueño banal
o trivial; las insignias

en la cresta de la garza,
el lomo del áspid,

los enigmas y escrituras prometen, como antaño,
protección para el escriba;

este precede al sacerdote,
es nada menos que el segundo tras el Faraón.


(de "Tributo a los ángeles")

1
Hermes Trimegisto
es patrón de los alquimistas;

ingenioso, hábil y curioso,
la mente es su reino;

su metal el mercurio,
oradores, ladrones y poetas sus clientes;

por tanto roba, oh Orador,
y saquea, oh Poeta,

toma lo que la antigua iglesia
encontró en la tumba de Mitra,

vela, manuscrito y campana;
toma lo que la nueva iglesia ha despreciado

y destrozado;
recoge los fragmentos del cristal roto

y con tu fuego y aliento
funde e integra,

re-opaca, re-crea
el ópalo, el ónix, la obsidiana

esparcidos ahora en fragmentos
que los hombres pisotean.


(de "La floración de la vara")

6

Así, antes quisiera ahogarme recordando,
que tostarme en atolones tropicales

en los mares de coral; antes ahogarme
recordando, que posarme en rama de abeto o pino,

allí donde derraman las grandes estrellas
su fuerza nutricia, Arturo

o los zafiros de la Corona Boreal;
antes batir mi ala en el viento, gritando a las otras:

sugirar es tan absurdo,
tan fútil es su revoloteo

en derredor -sin fundamento
vuelan ustedes-yo busco el cielo;

sin la visión vuelan ustedes,
yo veo ante y tras de mí,

lo que dicen los hombres no-es -yo recuerdo,
recuerdo, recuerdo, ustedes han olvidado:

creen, sin haber completado la mitad,
que ha terminado su ciclo,

pero en su girar obstinado repiten -otra vez, otra vez, otra vez;
otra vez el acero afilado en la piedra;

otra vez de calaveras la pirámide;
de los muertos me compadecí,

oh blasfemia, la piedad es una piedra en el pan,
solo el amor es santo y el éxtasis de amor

que gira y gira y gira en torno a un centro
temerario, tenaz, ciego a la realidad,

que sabe que ahí están las islas de los Bienaventurados
pues aguas inmensas no podrán apagar el fuego del amor.

jueves, 5 de enero de 2017

V de DOS - Nelson Traba ("Agua de los ahogados", 2012)

Cuanta falta hace un buen suicidio o parricidio,
pero Mario Benedetti ya está muerto.
Vi a muchos frotarse las manos;
al estrafalario posmoderno también.
Este lugar es una covacha de inútiles -dijo.
Empleados de museos.
Gestores culturales.
Músicos acomodados.
Escritores acomodados.
Diseñadores gráficos haciendo flamear un diploma
de MAPA, dado que no pudieron entrar a la ORT.
Ortográficamente pulidos
los textos para el guión de una película imposible.
La industria cinematográfica, el negocio editorial,
los bestsellers, Paulo Coelho e Isabel Allende
                                                                        masticando maníes.
Este lugar es un cuchitril de pendejos
                                                           -sin sinónimos-
con innecesarios alambres en los dientes.
Tan pagados de sí, -tan nenes de papá-,
tan colegio privado, tan boliches hasta tarde,
tan sonrisas alambradas.
La cultura oficial es un chiribitil
de jurados premiándose a sí mismos.
Llamándose entre ellos
                                   -mamándose, invitándose, imitándose.
A la que marosea -sí, marosea,
no mareosea,
ni manosea,
ni mañosea,
ni maromea,
ni marotea-
le bastó mezclar la agricultura con la industria.
Al que estuvo en un aljibe lo premiaron,
¿será por las cartas que nunca llegaron?
Esta cueva está cerca del mar y hay un tsunami
preparando su ola.



Canto ajeno VII

Un argelino vendiendo pipas para hachís en una peatonal de Alicante,
un bañista en Rocha y su séptima esposa debajo bajo la sombrilla,
un gondolero veneciano hijo y nieto de padre y abuelo gondolero que nació para ser asaltante,
un aborigen sin nombre de un país que nunca le dijeron que se llama Borneo sin más tarea que comer y beber y revolcarse con su hembra sin saber si lo hace para reproducirse a su imagen y semejanza o si no tiene más propósito que desgajarse el grito nacido en las entrañas.


"Manfredo" - Lord Byron (1817)

Acto I, escena I. 

Manfredo se ha desvanecido.
Hablan los siete Espíritus.

[CONJURO]

I
Cuando la luna esté sobre las olas,
reluzca la luciérnaga en la hierba
y la estrella fugaz sobre el sepulcro
y el fuego fatuo brille en el pantano,
cuando recorra el cielo algún cometa,
ululen las monótonas lechuzas
y en los montes estén las hojas mudas,
mil alma estará también sobre la tuya
con un poder y un signo misteriosos.

II
Aunque duermas un sueño muy profundo,
nunca tendrás tu espíritu dormido.
Hay sombras que jamás desaparecen
e ideas que nunca consigues apartar;
en virtud de un poder que desconoces,
ya no podrás estar contigo a solas;
inmóvil, como envuelto en un sudario,
te encuentras en la cumbre de una nube;
por siempre has de vivir, como embrujado,
prendido por la magia de este hechizo.

III
No me verás pasar, pero tus ojos
han de sentir mi tránsito invisible,
como algo que estará donde tu vayas
y estuvo junto a ti; cuando te vuelvas
mirando alrededor, has de asombrarte
de que, como a tu sombra, no me encuentres,
y ese poder que aprecias y practicas
lo tendrás que encubrir ante los otros.

IV
Como una maldición te ha bautizado
una mágica voz muy armoniosa
y del aire un espíritu en su trampa
te ha forzado a caer; hay en el viento
una voz que gozar ha de impedirte,
y la noche también ha de negarte
la quietud de su bóveda estrellada;
ha de cegarte el sol hasta tal punto
que ansiarás las sombras del crepúsculo.

V
Destilé de tus lágrimas mentirosas
una esencia letal muy poderosa;
te exprimí el corazón y sangre negra
obtuve de su fuente más oscura.
Luego arranqué también esa serpiente
que había en el helecho de tu risa;
de tus labios sorbí el encantamiento
que prodigó su mal más importante,
y al probar los venenos conocidos
vi que el más destructor es el que exhalas.

VI
Por ese corazón tuyo tan frío,
por la sierpe que vive en tu sonrisa
y el abismo insondable de tu astucia,
por esa hipocresía en que te encierras,
la rara perfección con que consigues
que tu mal corazón pase por bueno,
por disfrutar al ver que otros padecen,
tu hermandad de Caín, te condenamos
a que lleves en ti tu propio infierno.  

VII
En tu frente la pócima derramo:
ella te forzará a ponerte a prueba,
morir jamás podrás ni hallar descanso;
tu destino cruel será en lo sucesivo:
ansiar la muerte al tiempo que la observas 
con íntimo terror. ¡Mira en tu entorno!:
ya ejerce el maleficio sus efectos
y te sujetan firmes sus cadenas; 
cerebro y corazón, conjuntamente,
oyeron tu sentencia. Ahora, Manfredo, 
marchítate también como esas hojas.

John Martin, "Manfredo y la bruja de los Alpes", 1837


domingo, 11 de diciembre de 2016

"Oda a Los Angeles, pensando en Brian Jones muerto" - Jim Morrison (1969)

(Poema de Jim Morrison distribuido entre el público de los conciertos de The Doors, en Estados Unidos, poco después de la muerte de Brian Jones, de los Rolling Stones, ahogado en una piscina el 3 de Julio de 1969).



Soy un habitante de una ciudad.
Acaban de darme el papel
del Príncipe de Dinamarca.

Pobre Ofelia.

Los fantasmas que él nunca vio
vagando hacia su funesto destino
en un candelabro.

Vuelve, guerrero valiente
sumérgete
en otro canal.

Una cálida piscina resbaladiza
dónde está Marrakech
bajo las caídas
el vendaval
dónde han ido a parar los salvajes
al atardecer
monstruos del ritmo.

Has dejado tu
nada
para enfrentarte
al Silencio.

Espero que te hayas ido
con una Sonrisa
como un niño
en la plácida frontera
de un sueño.

El hombre ángel
se enfrenta a las Serpientes
con manos
y dedos.

Y ha acabado por reivindicar
esta alma
benévola.

Ofelia.

Se va, empapada
en seda.

Sueño
de cloro
testigo
loco ahogado
el salto, el trampolín
la piscina.

Eras un luchador
una musa adamascada y almizclada.

Eras el sol
desteñido
por la t.v. de la tarde.

Sapos cornudos
francotirador de pupila amarilla.

Mira a qué te ha conducido.

Al paraíso de la comida
con los caníbales
y los judíos.

El jardinero
descubrió
el cuerpo, inerte, Flotante.

Rígido y feliz
de qué verdusca materia
estabas hecho.

Agujeread la piel
de la diosa.

¿Apestará
cuando ascienda a los cielos
a través de las salas
de música?

Ninguna posibilidad.

Réquiem por un grande.

Esa sonrisa
esa mirada de sátiro
porcino
se ha elevado saltando


al barro.




sábado, 10 de diciembre de 2016

Me preguntan si he leído lo último editado por Visor

Me preguntan si he leído
lo último editado por Visor.
Poesía moderna –me recomiendan.-
De nombre envisonado, lujoso
                                           para la emisión.
La está rompiendo en Escandinavia –me recalcan.
La versión Amazon de la literatura
      como vender cien mil ejemplares
      y una campaña de hashtags hartos del bit
      la versión ORT de la metáfora.
EL VERSO SIN PREMIO SE COBRA EN REVERSO.

Considerado así,
                       en el segmento de mercado al que pretende integrarse
al de la letra escrita,
a la misma altura de anaquel
de los relatos de viajes por Oriente
Y TODA LA HISTORIA COMPLETA Y SIN MÁS SECRETOS
de un futbolista de veintiún años
entonces entenderé, solo dada esa condición
-que el trabajo resultante sea un fin en sí mismo-
y no demostrar su eficiencia
                                        de un modo novedoso
                                        y escribir con la tribuna como musa.


No, no los he leído
por más que se haya hecho público el anuncio
durante dos semanas en la portada del periódico de mayor tirada.
Aunque se colara entre los anuncios de fungicida
y una pronta entrega desbaratada a destiempo
y no es una cuestión de orgullo mal entendido,
sino de puro y bruto ABURRIMIENTO.

No los leeré
a los convencidos de que el mundo morirá antes que ellos
a los príncipes de Dinamarca
a los cuerpos muertos muertos muertos
                                                         flotando en piscinas
                                                         convencidos de que es aire el cloro
                                                                     que les estalla
                                                                     los pulmones.

Saltaré del barco
antes de compartir cubierta
                                        bocado caníbal
            la mordedura de rata, portadora de enfermedades               sin nombre todavía.

No los leeré
sería firmar mi capitulación
y aceptar que el mando de mi ejército
cayó en manos de un imbécil.
Me enloquecerá la fiebre
antes de aceptar la dosis salvadora de penicilina
que me permita agregar a mi currículum
un libro con una banda que resuma su argumento
en una vitrina en la esquina de Bulevar Artigas y Abbey Road.

No los leeré/no los pienso leer
perros policías del hiperrealismo
profesores pelilargos afiliados a la literatura de protesta
-pagan puntualmente la cuota mensual, exigen recibo oficial y descuentan IVA.
a los que se les escapa la metáfora
                                                  como el agua

                                                                    de un cesto de mimbre.




domingo, 27 de noviembre de 2016

"Aceguá trip" + "Tus orgasmos perdidos" - ELECTRÓN ROSA & MONDONGO SPEL

Textos rescatados del olvido por Gustavo Espinosa y publicados en "Todo termina aquí" (editorial HUM, 2016).

ACEGUÁ TRIP

Es larga la carretera
que termina en Aceguá.
Uh, es larga la ruta 8, nena
que termina en Aceguá,
llevo una sirena enferma
en el asiento de atrás.

Mi nena se quedó sola
en el mundo del dolor,
qué sola está mi nena
en el mundo del dolor,
donde termina el camino
hay un santo o un doctor.

Como un pez en el desierto
ya no puede respirar.
Ella es un pez plateado en el desierto,
ya no puede respirar.
Yo la llevo a la frontera
que es como llevarla al mar.

No hace mucho que pasamos
por la entrada del Convoy.
No, no hace cinco minutos que pasamos
por el maldito Convoy.
Escuchamos el aullido
y hubo que parar el Ford.

Mi nena se está quemando
sale humo de su piel,
mi nena se está incendiando,
huelo el humo de su piel,
voy a ponerle la aguja
en las venas de los pies.

Hay dos ángeles azules
sobre el tablero del Ford,
hay treinta y siete ángeles brillantes
sentados sobre el capó,
esos ángeles no existen, linda,
son cosas de la inyección.

Mi nena se quedó dormida
paramos para fumar.
Sí, en el viejo pueblo de Arbolito
paramos para llorar,
y mi amigo Gus me dijo
tenemos que continuar.

Ella se quedó dormida
y yo la miro soñar.
Ella se quedó dormida
y yo la miro soñar, 
sintiéndome como un perro
solo a la orilla del mar.

Se posó una mariposa
encima de mi sombrero,
se posó una mariposa verde, nena
encima de mi sombrero,
el cielo se está nublando
estamos llegando a Melo.

Cuando llegamos a Melo
te rozó una mariposa.
Cuando llegamos a Melo, mama,
te tocó una mariposa.
Esa mariposa verde
no ha nacido de la droga.

Se posó una mariposa
en la punta de tus dedos,
se posó una gran mariposa
en la punta de tu dedo.
Creo que esa mariposa
es un ángel verdadero.

Ya pasamos por Noblía
veo diez nubes oscuras,
ya pasamos por Noblía
veo doce nubes duras,
esta vez hay que ponerte, nena
en el párpado la aguja.

Oí la voz de mi nena
poco después de las nueve.
Oí la voz de mi nena
a la sombra de la muerte.
Me pidió que le comprara
un dulce alfajor de nieve.

En las calles de Aceguá
venden pollos y sandías,
entre el polvo de Aceguá
venden pollos y sandías.
Ojalá pueda comprar
el elixir de la vida.

El astrólogo o doctor
vive en una casa extraña
el astrólogo o doctor
vive en una casa alta.
Si mi nena no se muere, doc,
le doy mi auto y mi alma.

Fue larga la carretera
para llegar hasta acá,
es larga la ruta 8, sí,
y volvimos de Aceguá
con una sirena enferma
en el asiento de atrás.




TUS ORGASMOS PERDIDOS

Tu traición, nena,
me ha roto la cabeza
como un piano caído
del piso dieciséis.

Y yo estoy, Culo,
buscando tu reflejo
en el espejo mágico
de un charco del andén.

Y no están, nena,
tus ojos despertados
en el neón quemado
del anuncio del bar.

No guardó, baby,
el alma de tus tetas
la triste camiseta
que quedó en el sofá.

No encontré, mama,
las muecas de tu llanto
en las caras de santos
de plástico del templo.

Escuché, nena,
buscando tus gemidos
pero eran los ladridos
de los perros del alba.

Sin tu luz, nena,
a mí solo me llega
el chorro de luz ciega
del ojo de la luna.

Me esperás, baby,
en cada pesadilla
tras de la ventanilla
más triste de algún tren.

No encontré, lordie,
el alma de tus tetas
en el neón quemado
del ojo de la luna.

Escuché, Ana,
las muecas de tu llanto
adentro del reflejo
de los perros del alba.

Y yo busco, nena,
tus orgasmos perdidos
adentro de los ruidos
y las luces del alma.

a la memoria de Ana Cecilia Armendáriz Cruz, o Ana Culo de Buje, o Anita Culo, o Princesa Culito.

domingo, 6 de noviembre de 2016

"Conversación con el inspector fiscal sobre poesía" - Vladimir Mayakovski (1893-1930)

Ciudadano inspector, perdone la molestia.
Gracias, no se preocupe, me quedaré de pie.
Quiero tratar un asunto bastante delicado:
qué sitio ha de ocupar el poeta en las filas obreras.
Igual que los que tienen tiendas y terrenos
también yo debo pagar impuestos.
Usted me pide quinientos al semestre
más veinticinco por no declarar a tiempo.
Mi trabajo es igual a cualquier otro.
Mire cuántas pérdidas, cuántos gastos
invierto en materiales.
Usted sabe naturalmente eso que llaman rima.
Si la primera línea termina en "ajo"
entonces, la tercera, repitiendo las sílabas
debe poner algo así como "cascajo".
Si utilizo su lenguaje, la rima es un cheque,
hay que cobrarlo alternando los versos
y buscas con detalle sufijos y prefijos
en el cofre vacío de las declinaciones, de las conjugaciones.
Tomas una palabra y quieres meterla en la estrofa
pero si no entra y aprietas,
se rompe.
Ciudadano inspector: le juro
que el poeta paga caras las palabras.
Hablando mi lenguaje, la rima es un barril de dinamita,
y la estrofa es la mecha.
La estrofa se consume, y estalla la rima,
y por el aire y la ciudad la estrofa vuela.


¿Dónde hallar, y a qué precio,
rimas que estallen y de golpe maten?
Quizá sólo sean cinco las rimas increíbles
y sin estrenar, perdidas más allá de Venezuela.
Me voy a buscarlas, haga frío, haga calor,
atado por anticipos, préstamos y deudas.
Ciudadano, tenga en cuenta el pago de los viajes.
La poesía toda es un viaje a lo desconocido.
La poesía es como la extracción del radio
-Un año de trabajo para sacar un gramo.
Sacar una sola palabra entre miles de toneladas
de materia prima verbal.
Pero ¡qué ardiente el calor de estas palabras
comparado con la humeante palabra bruta!
Esas palabras mueven
millares de años, millares de corazones.
Claro que hay poetas de distinta calidad.
Muchos de hábil mano,
como prestidigitador, sueltan estrofas de la boca,
suyas y de otros.
Y para qué hablar de los castrados líricos.
Meten un verso ajeno y están felices.
Eso es robo y despilfarro
uno más entre los que azotan el país.
Esos versos y odas aplaudidos hasta la saciedad
entrarán en la historia como gastos accesorios
de lo hecho por dos o tres buenos versos de nosotros.
Muchos kilos de sal habrás de comer
como suele decirse, y fumar cien cigarrillos
hasta sacar la palabra preciosa
de las honduras artesianas de la humanidad.
Rebaje por eso los impuestos,
quítele una rueda a los ceros.
Uno noventa cuestan cien cigarrillos.
Uno sesenta la arroba de sal.
Demasiadas preguntas su formulario tiene:
¿Ha viajado o no ha viajado?
Y si le respondo que en estos quince años
he reventado decenas de Pegasos, ¿qué?
Póngase usted en mi sitio,
piense en el servicio y propiedades.
¿Qué ha de contestarme si le digo que soy caudillo popular
y al mismo tiempo trabajo a su servicio?
La clase obrera vibra en nuestras palabras,
somos proletarios motores de la pluma.
La máquina del alma se gasta con los años.
Dicen entonces: estás gastado, fuera.
Cada vez amas menos, te arriesgas menos
y mi frente desgastada por el tiempo no arremete.
Entonces llega el desgaste mayor,
el desgaste del alma, del corazón.
Y cuando este sol, grande y redondo
se alce en el futuro sin lisiados ni tullidos,
ya me habré podrido, muerto en una cuneta
junto a decenas de mis colegas.
Hago mi balance final.
Afirmo, y no miento:
entre los vividores y actuales fulleros
seré el único con deudas impagables.
Nuestra deuda es aullar como sirenas de bronce,
entre la niebla filistea y el fragor de la tormenta.
El poeta siempre adeuda al universo,
paga con su dolor las multas, los impuestos.
Adeudo las calles de Broadway,
los cielos de Bagdad, el ejército rojo,
los jardines de cerezos del Japón,
todo aquello sobre lo que aún no pude cantar.
Al fin y al cabo ¿para qué tanto jaleo?
¿Para disparar rimas y atronar con el ritmo?
La palabra del poeta es su resurrección,
su inmortalidad, ciudadano inspector.
Dentro de cien años, en un pliego de papel
cogerán una estrofa y resucitarán este tiempo
Y ese día surgirá
con fulgor de asombros, y olor a tinta
le envolverá en su vaho, señor inspector.
Usted, habitante convencido del día de hoy
saque en el Comisariado de Caminos
un pasaje para la eternidad,
calcule el efecto de mis versos,
divida mi salario en trescientos años.
Mas la fuerza del poeta no estriba
en que le recuerden a usted en el futuro y se asusten.
No.
Hoy la rima del poeta es caricia también,
consigna, látigo, bayoneta.
Ciudadano inspector, pagaré cinco
quitando los ceros que van detrás.
Por derecho, yo reclamo un hueco
entre las filas de los obreros y campesinos más pobres.
Y si usted piensa que todo consiste
en saber utilizar palabras ajenas,
entonces, camaradas, aquí tienen mi pluma,
y escriban ustedes cuanto quieran.