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miércoles, 9 de agosto de 2017

"Heliogábalo o el anarquista coronado" - Antonin Artaud (1934)

PARTE III: LA ANARQUÍA

(...) Así pues, mientras lo utilizan como títere, un títere vaciado de rey, mientras lo manipulan como un miembro –y las exhibiciones diarias en el templo forman parte de esas manipulaciones-, mientras todo el mundo trabaja para él, todo el mundo, es decir Julia Mesa, su abuela, Julia Semia, su madre, y los dos eunucos de ésta, de Julia Semia- mira: Gannys el previsor, el sagaz, Eutiquio el grotesco; y, muy cerca de Julia Semia, Julia Mamea, la hermana de esta última, que al tiempo que finge trabar para él en realidad trabaja para su hijo, el pequeño Alejandro Severo (para poner en lugar de Heliogábalo a un joven emperador, con una verga pura y una cabeza de cordero rizado); mientras todo el mundo trabaja para él, también Heliogábalo trabaja para sí mismo, pero de una manera que habría asombrado mucho a los historiadores de la época, si se hubiesen arriesgado a mirar más de cerca. Pueden llevarlo todos los días al templo; y cubierto por la tiara solar que lleva un cuerno de carnero, hacerlo evolucionar según los ritos como una estatua que no dice una palabra; Heliogábalo, ayudado por Gannys, ha puesto en claro toda la intriga, y se propone aprovecharla.
Pero aprovecharla como un rey. Con grandeza y magnificencia, con una conciencia verdaderamente real de os poderes que le corresponden al rey que él extrae detrás de los ritos.
Y en esos ritos está su nombre:
EL – GABAL
Y toda la innumerable serie de los aspectos escritos de su nombre que corresponden a pronunciaciones graduadas, a ráfagas fulgurantes, a formas en abanicos, a las figuras negras, blancas, amarillas, rojas de la Alta persona de Dios.
Y a su vez esas figuras responden a colores y a razas de estrellas ordenadas por grupos en el Zodíaco de Ram.
Y las cuatro grandes razas humanas responden como ecos orgánicos a las divisiones del Zodíaco de Ram inspirado por Dios.
Y todos esos estados divergentes, todas esas formas furtivas, todos esos nombres surgen a su vez en cascadas en el nombre contraído de
HELIOGABALUS
ELAGABALUS
EL – GABAL
Treinta pueblos soñaron, dieron vueltas en torno de la riqueza de este nombre, cuya pronunciación engendra en todos los sentidos, como una rosa de los vientos, las imágenes de treinta fuerzas.
Gannys, su preceptor, que se mueve a la sombra de las piedras vivas y los esmaltes, le ha enseñado el sentido de los ritos, la fuerza eruptiva de los nombres.
Los nombres no se pronuncian desde lo alto de la cabeza; se forman en los pulmones y así suben a la cabeza. Pero la orden que proviene de la cabeza sólo en los pulmones es un nombre.
Y se forma con
GABAL
cosa plástica y formadora. Palabra que adquiere forma y da la forma.
Y en
EL – GABAL
está
GABAL
que forma el nombre.
Pero en
GABAL
está
GIBIL (en antiguo dialecto acadio).
Gibil, el fuego que destruye y deforma, pero prepara el renacimiento del Fénix rojo, surgido del fuego y que es el emblema de la mujer, de la mujer por las menstruaciones-rojo-fuego.
Y en
EL – GABALUS
está
EL
que quiere decir dios y que se escribe con H o sin ella; pero que fundido con Gabal da
HELAH – GABAL.
Y la tierra de Elam a corta distancia de la bactriana, es la tierra de Dios.
Pero en
GABAL
también está
BAAL
o
BEL
o
BEL – GI
Dios caldeo, dios del fuego que pronunciado, escrito y silabado en sentido inverso, da
GIBIL
(Kibil) el fuego, en antiguo dilecto arameo.
Y también,
GABAL
que significa la Montaña, en dialecto arameo-caldeo.
Pero sobre todo está,
BEL
dios supremo, dios reductor, por el cual todo se reduce al principio, dios unitario, eliminador.
Heliogábalo reúne en sí mismo la potencia de todos esos nombres, en los que puede verse que una sola cosa, la que primero acude a nuestro entendimiento, el sol, no interviene.
Fueron los griegos quienes introdujeron Helios en el nombre de Heliogábalo y lo confundieron con
EL,
dios supremo, dios de las alturas. Ya que si el Sol interviene en su nombre, es a la manera de un sitio elevado, que se identifica con un cono, cosa en punta, porque en principio, toda montaña puede figurarse por medio de un cono o una punta, y el sol, por su luz, está en la punta del mundo creado.
El mundo de arriba y el Mundo de abajo se reúnen en la estrella de seis puntas, sello mágico de Salomón, y ambos terminan en punta, lo visible como lo invisible, lo creado como lo increado.
Ese dios formador y deformador que contiene todos los nombres de los dioses, todas las formas que han adoptado.
Desde
SATURNO ISWARA,
el sol, principio ígneo, principio macho,
hasta
RHEA, PRACRITI,
la luna, principio húmedo y femenino, que se hallan entre los dos polos opuestos de la manifestación formal: lo masculino y lo femenino.
Ya no tiene por qué sorprendernos que Saturno sea el sol, como Apolo es el sol, cuando sabemos que dios que desciende, varía sus formas y sus potencias, con las formas de su acción.
Y sabemos que
RA
el sol
para los egipcios es un gavilán, pero también un becerro o un hombre, y el becerro colocado antes que el hombre, según el uso que de él se hace.
Pero ese
RA   
se convierte en
BEL – SCHAMASCH
en Caldea.
Y es el “juez” que desempata las costumbres de los caldeos.
Y
APOLO
fuerza en acción del sol, sin perder su nombre, se duplica con una sombra, con una especie de apodo, que siempre se le queda pegado.
Así es como han podido llamarlo
APOLO LOXIAS
APOLO LIBISTINOS
APOLO DELIOS
APOLO FEBUS
APOLO FANES, y Apolo Fanes, es Apolo contragolpe, doble
 golpe, o doble simiente.
APOLO LICIAS
APOLO LICOFAS, y Apolo Licofas, es Apolo el lobo, que devora todo,
hasta las tinieblas.
Y Apolo que, formado de substancia, se mueve en la órbita de la substancia, también se llama:
APOLO ARGIROTONUS
Y a veces Apolo se llama
APOLO SMINTEUS, y señala el exceso, lo extremo, el punto
fulminante, el absceso maduro.
Finalmente está
APOLO PITIO, que, macho, ignora a la pitia hembra; y no tiene nada
que ver con los oráculos. Este es el Apolo que asfixia, que   domina a la Serpiente Pitón.
El vaho del Caos despide brumas que serpentean alrededor de la tierra, formando la figura de un dragón.
Y Apolo, el principio ígneo, se alza de un salto y llega a las esferas, desde donde atraviesa con sus flechas los anillos de la Serpiente Pitón.
Heliogábalo extrae de estas altas ideas y de estos nombres, que le pertenecen, la conciencia y el orgullo de un rey; pero su organismo de niño extrae de ellos una confusión y una angustia que no se detendrán.
Heliogábalo llegó al período anárquico de la alta religión solar, e históricamente llegó en un período de anarquía.
Esto no impidió su identificación ritual, su esfuerzo de identificación con dios. Esto no impidió que en su ataque a fondo contra la anarquía politeísta romana, se comportase como el verdadero sacerdote de un culto unitario, como la personificación de un dios único: el sol.
Ya que si para Julia Mesa, Elagabalus no es más que un miembro, una especie de estatua pintada que sirve para alucinar soldados, para Heliogábalo, Elagabalus es el miembro eréctil, humano y divino a la vez. El miembro eréctil y el miembro fuerte. El miembro-fuerza que se reparte y que uno comparte, que sólo compartido se utiliza.
El miembro eréctil es el sol, el cono de la reproducción sobre la tierra, como Elagabalus, el sol de la tierra, es el cono de la reproducción en el cielo.
Luego es preciso convertirse en sol, meterse dentro del mismo Elagabalus, cambiar de manera de existir.
En lo que concierne a esta identificación de Heliogábalo con su dios, a veces los arqueólogos nos informan que Heliogábalo se toma por su dios, otras que se oculta detrás de su dios y se distingue de él.
Pero un hombre no es un dios, y si Cristo es un dios hecho hombre, fue como hombre, según se dice, que murió, y no como dios. Y ¿por qué no se creería Elagabalus un dios hecho hombre, y por qué se le impediría al emperador Heliogábalo que ponga al dios delante del hombre y que aplaste al hombre bajo el Dios?
Durante toda su vida, Heliogábalo es víctima de esta imantación de los contrarios, de ese doble descuartizamiento.
De un lado,
EL DIOS,
Del otro lado,
EL HOMBRE,
Y en el hombre, el rey humano y el rey solar.
Y en el rey humano, el hombre coronado y descoronado.
Si Heliogábalo introduce la anarquía en Roma, si se muestra como el fermento que precipita un estado latente de anarquía, la primera anarquía está en él , y le destroza el organismo, arroja a su espíritu en una especie de locura precoz que tiene un nombre en la terminología médica de hoy.
Heliogábalo es el hombre y la mujer.
Y la religión del sol es la religión del hombre, pero que nada puede sin la mujer, su doble, en que él se refleja.
La religión del UNO que se corta en DOS para actuar.
Para SER.
La religión de la separación inicial del UNO.
UNO y DOS reunidos en el primer andrógino.
Que es EL, el hombre.
Y EL, la mujer.
Al mismo tiempo.
Reunidos en UNO.
En Heliogábalo existe el doble combate:
1.     Del UNO que se divide permaneciendo UNO. Del hombre que se vuelve
mujer y permanece hombre eternamente.
2° Del Rey Solar cuyo hombre acepta de mala gana ser el yo humano. Que escupe sobre el hombre y termina por arrojarlo a la cloaca.
Porque un hombre no es un rey, y para él y como rey, rey solitario, dios encarnado, vivir en este mundo es una caída y una extraña destitución.

Heliogábalo absorbe a su dios; se come a su dios como el cristiano se come al suyo; y en su organismo separa sus principios; en las dobles cavidades de su carne despliega ese combate de principios (...).



domingo, 16 de julio de 2017

"Para acabar con el juicio de Dios" (fragmentos) - Antonin Artaud (1947)

"Para acabar con el juicio de dios" fue escrito por Antonin Artaud a pedido de Fernand Pouey para ser transmitido por la radio nacional francesa junto a otros textos de distintos poetas a modo de conmemorar la todavía reciente finalización de la segunda guerra mundial. El propio Artaud, María Casares, Roger Blin y Paule Thévenin lo grabaron el 28 de noviembre de 1947, pero la emisión, programada para el 2 de febrero de 1948 fue prohibida por el director de la radio, Wladimir Porche, escandalizado por la violencia del texto. Fernand Pouey logró que se formara una especie de tribunal (integrado, entre otras personalidades, por Jean Cocteau, Pául Eluard, René Char entre otros) encargado de dar su parecer sobre el poema. El fallo fue totalmente favorable pero aún así, el director de la radio mantuvo su veto). 

PARA ACABAR CON EL JUICIO DE DIOS

Ayer me enteré,
(se puede creer, o tal vez sólo
es un rumor falso, que me detengo en uno de
esos sucios chismes que circulan entre
fregaderos y letrinas cuando se tiran las
comidas que una vez más han sido engullidas),
ayer me enteré
de una de las prácticas oficiales más impresionantes de las escuelas
públicas americanas y que sin duda hacen que ese
país se crea a la cabeza del progreso.
Parece que entre los exámenes o pruebas que debe soportar
un niño que entra por primera vez a una escuela
pública, se verifica la llamada prueba del líquido seminal
o del esperma
que consistiría en pedirle al pequeño recién llegado un poco
de su esperma para introducirlo en un frasco
y conservarlo así preparado para cualquier tentativa de fecundación
artificial que pudiera llevarse a cabo en el futuro.
Pues los americanos descubren día a día
que carecen de brazos y de niños
es decir no de obreros
sino de soldados
y quieren a toda costa y por todos los
medios posibles hacer y fabricar soldados
con vistas a las guerras planetarias
que ulteriormente pudieran acaecer
y que estarían destinadas a mostrar por las
virtudes aplastantes de la fuerza
la excelencia de los productos americanos y
de los frutos del sudor americano en todos
los campos de la actividad y del dinamismo
posible de la fuerza.
Porque hay que producir, hay que, por todos
los medios de la actividad viable, reemplazar
la naturaleza dondequiera que pueda ser reemplazada,
hay que encontrar un campo mayor para
la inercia humana,
es preciso que el obrero tenga de qué ocuparse,
es preciso que se creen nuevos campos de actividad
donde se alzará por fin el reino de todos
los falsos productos fabricados,
de todos los innobles sucedáneos sintéticos,
donde la hermosa, la legítima naturaleza no tendrá
nada qué hacer,
y deberá ceder su lugar de una vez por todas y vergonzosamente
a los triunfales productos de la sustitución,
allí, el esperma de todas las usinas de fecundación artificial
hará maravillas para producir armadas y acorazados.
No más frutas, no más árboles, no más plantas
farmacéuticas o no y en consecuencia
no más alimentos,
sino productos de la síntesis a saciedad...
sino productos de síntesis, a saciedad,
en los vapores,
en los humores especiales de la atmósfera,
en los ejes particulares de las atmósferas
arrebatadas a la potencia de una naturaleza
que de la guerra sólo conoció el miedo.
Y viva la guerra, ¿no es cierto?
Porque, fue así, ¿verdad?, que los americanos prepararon
y preparan la guerra paso a paso.
Para defender esta fabricación
insensata de las competencias que
surgirían de inmediato en todas partes,
se necesitan soldados, armadas, aviones,
acorazados.

Parecería
que por esta razón los gobiernos
de América tuvieron el desparpajo de pensar en ese esperma.
Puesto que, nosotros, los nacidos
capitalistas, tenemos más de un enemigo
que nos vigila, hijo mío,
y entre esos enemigos,
la Rusia de Stalin
que tampoco carece de brazos armados.

Todo eso está muy bien,
pero yo no sabía que los americanos fueran un pueblo
tan guerrero.
Cuando se combate se reciben heridas
vi a muchos americanos en
la guerra pero siempre tenían delante de
ellos inconmensurables armadas de tanques,
de aviones, de acorazados que les servían como
escudo.
Vi pelear a las máquinas
y sólo divisé muy atrás, en el infinito, a los
hombres que las conducían.

Frente al pueblo que hace comer a sus
caballos, a sus bueyes y a sus asnos las últimas toneladas
de morfina legítima que poseen
para reemplazarla por sucedáneos de humo,
prefiero al pueblo que come a ras de la tierra
el delirio de donde nació,
hablo de los Tarahumaras que comen el Peyote
a ras del suelo mientras nace
y que mata al sol para instalar el reino
de la noche negra,
que desintegra la cruz para que los espacios
del espacio no puedan encontrarse y cruzarse
nunca más.
Van a escuchar ahora la danza
del TUTUGURI.

TUTUGURI
El rito del sol negro.

Y abajo, al pie del declive amargo,
cruelmente desesperado del corazón,
se abre el círculo de las seis cruces,
muy abajo
como encastrado en la tierra madre,
desencastrado del abrazo inmundo de la madre
que babea,

la tierra de carbón negro
es el único lugar húmedo
en esta grieta de roca.
El rito consiste en que el nuevo sol pase por siete puntos
antes de estallar en el orificio de la tierra.
Hay seis hombres,
uno por cada sol
y un séptimo hombre
vestido de negro y de carne roja
que es el sol
violento.

Este séptimo hombre
es un caballo,
un caballo con un hombre que lo acompaña.

Pero el caballo
es el sol
no el hombre.

Al ritmo desgarrante de un tambor y de una trompeta larga,
extraña,
los seis hombres
que estaban acostados,
enroscados a ras de la tierra
brotan sucesivamente como
girasoles
no soles
sino suelos que giran,
lotos de agua,
y cada brote
se corresponde con el gong cada vez más sombrío
y contenido
del tambor
hasta que de pronto se ve llegar a todo galope,
con una velocidad de vértigo,
al último sol,
al primer hombre,
al caballo negro y sobre él
un hombre desnudo
absolutamente desnudo
y casto.
(sobre su lomo)

Después de saltar, avanzan describiendo
recodos circulares
y el caballo de carne sangrante se enloquece
y caracolea sin cesar
en la cima de su risco
hasta que los seis hombres
terminan de rodear
las seis cruces.

La tensión mayor del rito es precisamente

LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ.

Cuando terminan de girar
arrancan
las cruces de la tierra
y el hombre desnudo
sobre el caballo
enarbola
una inmensa herradura

empapada en la sangre de una cuchillada.

(...)

CONCLUSIÓN

—Señor Artaud, ¿para qué le sirvió esta radiodifusión?

—En principio para denunciar cierto número de porquerías sociales oficialmente consagradas y reconocidas:

 1º la explotación del esperma infantil, cedido benévolamente por niños, con vistas a una fecundación artificial de fetos que aún no han nacido y que nacerán dentro de un siglo o más.

 2° denunciar en ese mismo pueblo americano que ocupa toda la superficie del antiguo continente Indio, una resurrección del imperialismo guerrero de la antigua América que hizo que el pueblo indígena anterior a Colón fuera vilipendiado por toda la humanidad precedente.

—Señor Artaud, usted está diciendo cosas muy insólitas.

—Sí, digo algo insólito, digo que los Indios anteriores a Colón eran, contra todo lo que se pueda creer, un pueblo extrañamente civilizado, que conoció una forma de civilización basada en el principio exclusivo de la crueldad.  ¿Sabe usted qué es con exactitud la crueldad? 

—De ese modo no, no lo sé.

—La crueldad consiste en extirpar por la sangre y hasta la sangre a dios, al azar bestial de la inconsciente animalidad humana en cualquier parte donde se lo pueda encontrar. El hombre, cuando no se lo reprime,  es un animal erótico, lleva adentro un temblor inspirado, una especie de pulsación productora de bichos innumerables que constituyen la forma que los antiguos pueblos terrestres atribuían universalmente a Dios. Ello representaba lo que se denomina un espíritu. Ese espíritu procedente de los indios de América prevalece, en la actualidad, bajo aspectos científicos que revelan una infecciosa influencia mórbida, un estado acusado de vicio, pero de un vicio que abunda en enfermedades porque, pueden reírse todo lo que quieran, lo que se dio en llamar microbios es Dios: ¿saben ustedes con qué hacen sus átomos los rusos y los americanos? Los hacen con los microbios de Dios.

—Usted delira, señor Artaud, usted está loco.

—No deliro, no estoy loco. Afirmo que se reinventaron los microbios para imponer una nueva idea de dios, encontraron un nuevo recurso para destacar a dios y atraparlo justo en su nocividad microbiana: se trata de clavarlo en el corazón, donde los hombres más lo aman,  bajo la forma de la sexualidad enfermiza, en esa siniestra apariencia de crueldad mórbida que reviste cuando, como ahora, se complace en convulsionar  y enloquecer a la humanidad. Utiliza el espíritu de pureza de una conciencia que permaneció cándida como la mía para asfixiarla con todas las falsas apariencias que derrama universalmente en los espacios, de esta manera Artaud el momo puede representar el papel de alucinado.

—¿Qué quiere decir, señor Artaud?

—Quiero decir que encontré la forma de terminar de una vez por todas con ese impostor y también que si nadie cree ya en dios todo el mundo cree cada vez más en el hombre. Ahora es preciso castrar al hombre.

—¿Qué? ¿Cómo? Lo mire por donde lo mire, usted está loco, loco de remate.

—Llevándolo por última vez a la mesa de autopsias para rehacerle su anatomía. El hombre está enfermo porque está mal construido.  Átenme si quieren, pero tenemos que desnudar al hombre para rasparle ese microbio que lo pica mortalmente dios y con dios sus órganos porque no hay nada más inútil que un órgano. Cuando ustedes le hayan hecho un cuerpo sin órganos lo habrán liberado  de todos sus automatismos y lo habrán devuelto a su verdadera libertad. Entonces podrán enseñarle a danzar al revés como en el delirio de los bailes populares y ese revés será su verdadero lugar.





Audio original y subtítulos en español de la obra "Pour en finir avec le judgement de Dieu" (1946) de Antonin Artaud (1896-1948) realizados para la cátedra Lucero de Filosofía y Estética, Universidad Nacional de las Artes, Área Transdepartamental de Artes Multimediales.

Traducción y subtítulos: Agustin Genoud

domingo, 10 de julio de 2016

"Carta al señor legislador de la ley sobre estupefacientes" - Antonin Artaud (1925)


Señor legislador de la ley de 1916 aprobada por decreto de julio de 1917 sobre estupefacientes: usted es un castrado.
Su ley sólo sirve para fastidiar la farmacia del mundo sin beneficio alguno para el nivel toxicómano de la nación,
porque:
1º) La cantidad de toxicómanos que se proveen en las farmacias es insignificante;
2º) Los auténticos toxicómanos no se proveen en las farmacias;
3º) Los toxicómanos que se proveen en las farmacias son todos enfermos;
4º) La cantidad de toxicómanos enfermos es insignificante en comparación con la de los toxicómanos voluptuosos;
5º) Las reglamentaciones farmacéuticas de la droga jamás reprimirán a los toxicómanos voluptuosos y organizados;
6º) Nunca dejará de haber traficantes;
7º) Nunca dejará de haber toxicómanos por vicio, por pasión;
8º) Los toxicómanos enfermos tienen un derecho imprescriptible sobre la sociedad y es que los dejen en paz.
Es por sobre todas las cosas un asunto de conciencia.
La ley de estupefacientes deja en manos del inspector-usurpador de la salud pública el derecho de disponer del sufrimiento de los hombres; es una arrogancia peculiar de la medicina moderna pretender imponer sus reglas a la conciencia de cada uno. Todos los berridos oficiales de la ley no tienen poder para actuar frente a este hecho de conciencia: a saber que soy mucho más dueño de mi sufrimiento que de mi muerte. Todo hombre es juez, y único juez, del grado de sufrimiento físico, o también de vacuidad mental que pueda verdaderamente tolerar.
Lucidez o no, hay una lucidez que nunca ninguna enfermedad me podrá arrebatar, es la lucidez que me dicta el sentimiento de mi vida física. Y si yo he perdido mi lucidez la medicina no tiene nada más que hacer que darme las sustancias que me permitan recuperar el uso de esta lucidez.
Señores dictadores de la escuela farmacéutica de Francia ustedes son unos sucios pedantes y hay algo que debieran considerar mejor: el opio es esa imprescriptible y suprema sustancia que permite reenviar a la vida de su alma a aquellos que han tenido la desgracia de haberla perdido.
Hay un mal contra el cual el opio es irreemplazable y este mal se llama Angustia, en su variante mental, médica, psicológica, lógica o farmacéutica, como a ustedes les guste.
La Angustia que hace a los locos.
La Angustia que hace a los suicidas.
La Angustia que hace a los condenados.
La Angustia que la medicina desconoce.
La Angustia que su doctor no entiende.
La Angustia que arranca la vida.
La Angustia que corta el cordón umbilical de la vida.
Por su infame ustedes dejan en manos de gente en la que no tengo ninguna confianza, castrados en medicina, farmacéuticos de mierda, jueces fraudulentos, parteras, doctores, inspectores doctorales, el derecho a disponer de mi angustia, de una angustia que en mí es tan mortal como las agujas de todas las brújulas del infierno.
¡Convulsiones del cuerpo o del alma, no existe sismógrafo humano que permita a quien me mire, llegar a una evaluación de mi sufrimiento más exacta que aquella fulminante de mi espíritu!
Toda la incierta ciencia de los hombres no es superior al conocimiento inmediato que puedo tener de mi ser. Soy el único juez de lo que hay en mí.
Regresen a sus cuevas, médicos parásitos, y usted también señor Legislador Moutonnier que usted no delira por amor de los hombres sino por tradición de imbecilidad. Su ignorancia total de ese que es un hombre, sólo es equiparable a su idiotez pretendiendo limitarlo. Deseo que su ley caiga sobre su padre, su madre, su mujer y sus hijos y toda su posteridad. Mientras tanto yo aguanto su ley.
Suyo, A. Artaud.

Extraído de "El ombligo de los limbos", 1925.