El origen es pura simetría:
investigué volúmenes en vano
y no diferencié la dinámica de un sembradío o una tumba:
ambos derivan de la profundidad o de la madrugada
y brotan,
a pesar de la desigualdad de la semilla.
El origen es pura simetría:
investigué volúmenes en vano
y no diferencié la dinámica de un sembradío o una tumba:
ambos derivan de la profundidad o de la madrugada
y brotan,
a pesar de la desigualdad de la semilla.
Dos manos traman un mail en un apartamento de Miraflores,
el texto es breve como una vuelta del reloj,
habla de una coartada y una selva oscura.
El botón “enviar” lo transforma en impulsos eléctricos,
el lenguaje binario codifica un mensaje que es a su tiempo la codificación de un mensaje preexistente;
alguien deberá iniciar sesión para principiar un nuevo punto de partida,
un final que no encuentra nunca su principio,
el río que cree alimentar al océano ignora que en su fin está su origen,
la marea eterna cierra y abre un camino baldío de caminantes.
Tal vez imaginar:
imaginar que el tiempo sigue pasando aunque siempre son las nueve,
que el tiempo no es tiempo porque se mueve a cada palabra que busca definirlo y cada discurso evita su forma hasta ser devorado por el silencio;
pero ninguna palabra le dará forma,
digo que siempre existió
o que estará allí hasta el fin de todos los mundos incluso cuando el mismo tiempo se haya terminado, lo que fijará un nuevo principio y será tiempo presente incluso cuando no haya un punto inmóvil para nominar el inicio del nuevo final.
La misma letra con otra voz:
defiendo la verdadera suerte de las hojas que el viento barre hasta la muerte
hasta que despiertan, otra vez,
bajo el suelo.
Nunca la llamaré terrible.
Morir es nacer:
me nombra el desconocido que desconfía de la matriz,
reincido en mis raíces de suelo fecundo en invierno;
y esas raíces son indescifrables como el suelo que las complementa.
Retumbo, no contengo mis hojas.
Al contrario, celebro su empuje
cuando resplandecen con la entereza de la noche y también,
cuando caen al suelo, derrocadas por su propio peso marchito
y pasan a habitar el estrato más profundo del terreno,
el de algunos difuntos y los ríos subterráneos.
Es territorio vivo la profundidad, tiene hambre,
la tiniebla remojada no tiene más fortuna que germinar.
Así se crean mundos:
a
curva detenida,
a
travesía desplomada.
¡Hierve,
aire!
Mientras
canto como puedo
la
gracia de tu aérea maniobra,
menea
esas alas anchas,
quedándo
y yéndote
al
mismo tiempo.
Aquí,
en
penumbra de aurora
tuvimos
la ternura al alcance de las manos
y
los pies,
acortamos
a fuerza de pasos la distancia
y
espigamos mediodía a medianoche.
Sobró
silencio.
Callé
tanto tiempo
Callé
al aullido
que
despedazó la nada,
callé
los fuegos
que
consumaban el día
callé
vergüenzas
callé
espantos
callé
lo que detiene los pies de los pasos.
Aprendí
el idioma celeste
a
ver si me acercaba una centésima de decimal
a
tu lengua de pájaro nuevo,
a
tus palabras de pleamar sin cerrazón.
Sabiendo
que no se borra la sed con agua,
insistí
en el naufragio
y
celebré la hinchazón de mis pulmones
con
la fragilidad de la lluvia.
Anotaba,
descoyuntado,
cuanta
palabra caía a mi alcance
-
vocales violetas, como ánima Omega -
para
coserlas a un aroma desconsolado,
para
conjurar una ventana abierta de par en par al bautismo del viento.
Desperté,
sacudido
por un ángel eléctrico
recién
caído del cielo
caído
bajo el calor del verano.
¡Belleza
de caparazón!
Gloria
nativa de alcoba
febril
bermejo enredo.
Olores
predilectos
dopamínica
espalda
sin
fuego se enciende.
Mi
palabra se trastoca,
mi
boca besa otra boca
la
ilustre cavidad resbalosa
entre
juego y ajetreo
víctima
del delicado y despiadado
ardid,
primaveral como el nombre.
Año
luz recorrido
hormona
volátil
el
peso del minuto
visto
en el verso justo.
Aún
no encontré
placer
ni pena
que
oxigene los inmóviles rincones
de
la secuencia de tactos conexos,
sexíprocos,
radiantes, devastadores.
Miro
de afuera, ahora.
No
conté los sueños ni sus noches
y
robé y robé y robé,
creyendo
que me quedaba una moneda
y
corrí y corrí y corrí
hasta
donde no existía la muerte,
o
por lo menos donde tenía menos chances.
Hace
mucho no sé nada del sol
ni
de tu nombre.
gotas
centinelas del frío
estrellas
simplifican el deleite
cae
la lluvia como si fuera la última
cae
exhausta la mañana.
Me
convenzo mil veces
que
son fantasía tus cabellos en llamas
iluminando
la caverna
del
último Ciego.
Me
abrazo a la seguridad
de
que tu brillo es mentira,
que
no desquiciaste las puertas de mi casa
y
dejaste un sendero donde había un laberinto.
Buscaré
entonces
en
el vacío nuestro de cada día
otra
sombra que resuene
con
los decibeles de tus pasos.
Llegará
cuanto antes
con
pausa, sin prisa
con
viento a favor
o
en contra, como si me importara.
Ahora
es solo un descanso,
ya
tomaré mis cosas:
un
libro de Carver
y
un disco de los Doors para el camino.
Como
la luz de cada día
como
las nueve de la mañana
como
la muerte, amor, como la muerte
así
de inevitable.
El
amor muerto golpea esta aldea:
No
mato por hambre, no mato por hambre:
renace
en mí una furia que no me habitaba desde hacía siglos.
Embato,
embisto
con refucilo de antílope
y
moldeo carne con dentadura.
Maté
por
la más casta de las hambres,
destallo
sin pudor
rasgo
vestido y piel
inserto
piel en más piel
sorbo
a chorros esos gajos de fruta madura
bebo
también
bebo
y engatuso
y
creo mi propio
rojo
aullido.
No
los maté por hambre;
esculpo
sus órbitas horrorizadas
con
uñas por cinceles
la
bahía del cráneo vacante
la
pradera del músculo desnudo,
no
los maté por hambre;
los
cubro de venas amarillas
rasgo
el cielo
al
mismo tiempo rasgo el abdomen
llueve
linfa trayecto mutilado,
no
los maté por hambre, no los maté por hambre,
pero
así mismo, mastico.
La
sangre corre
sin
tumulto en mis venas
lenta,
segura
desborda
los tejidos,
revienta
con lujuria cavernosa.
Solo,
si tan solo no tuviera que ganarme la vida en pequeños bocados.
Los
límites de las avenidas
me
reciben de boca en celo
carnaje
celestial
diurno
cielo rojo.
Me
olvido del poema sin tema
de
la novela sin argumento
y
me anticipo a un celo interminable,
a
detonar una nube negra que esparcirá
el
pánico por las redes inalámbricas
hasta
hacer saltar de gozo la ola
que
ha empezado a formarse
en
el corazón de la playa negra
pariendo
un orgasmo de agua.
No
los maté por hambre...
¡Sí! ¡Que digo!
Sí, los maté por hambre.
Soy
un esqueleto eléctrico luminoso
me
lleva la deriva aguas arriba
soy
rey, soy soberano
tengo
agua,
tengo
aire,
combato
tormentas con guijarros
asisto,
navaja en una mano
a
los seres que no sueñan
y
diez mil dedos en la otra
para
disecar los volcanes del cielo
y
el paso del tiempo que no es condena.
Mar
parásito
custodio
de cinco edades,
desborda,
voluptuoso,
fondo
perpetuo, perfume de anzuelo
frío
peregrino
ariete
trastornado rajando roca
poeta
anfibio,
de
ojos prójimos al agua,
sin
horizonte cercano:
pura
vista.
Soy
peatón en un siglo mecánico
no
insisto:
la ola quieta es inservible
la
ola quieta es inservible...
Despite all my rage...inservible.
Despite all my rage...inservible...
Sobra indumentaria
si el sistema para tasar la libertad
sigue siendo sacar la cara desde un auto en movimiento,
los retiros espirituales reinan un fin de semana,
para flamear hay que andar liviano de equipaje,
desencarnar las raíces, apostar la vida,
canibalizar la roca,
destrozar el pan sin los dientes,
andar en círculos,
no levantarme mañana,
ahogarme de risa,
cortar los cables del teléfono,
fundar una isla con linaje,
transcribir el murmullo de un arroyo,
rugir cada quebranto en los pretiles
como si recién me hubieran parido al mundo.
La misma voz con otra letra,
la misma sangre, las mismas rejas corriendo por las venas
poemas que hablan de poemas
el rito del verso del otro,
la colosal hermandad del agua.
Yo me arriesgo y cruzo la calle
sumerjo los pies en la vereda y silbo solo, una osamenta me sostiene
vuelvo a la imagen del pan sin intentarlo, cargo con una especie de hijo horrible,
pregunto de nuevo con la misma voz:
¿Por quién daré la vida?
¿Cómo terminan mis manos cada día?
¿Los dedos lloviznados en tinta distraída,
o sitiados en tierra y sangre?
¿Perdimos tanto cuando perdimos la guerra?
¿Y el miedo?
¿Y qué hay sobre la guerra, y los hijos de los soldados,
y los hijos de sus hijos?
¿Qué pasó cuando olvidé que pasaba el tiempo?
¿Valió anteponer el tema al ritmo?
Se secarán los ríos y no sabré
-elegiré no saber-
como cierra un poema interminable.
Mi conquista será perpetua:
no como la de dios, que será edilicia.
Pasarán las provincias y sus dialectos
las fases de la luna y sus utilidades,
pero mi zafra alimentará mitos
y a los hombres que creen imaginar esos mitos
y a los hombres que se alimentarán de esos mitos imaginados,
no alcanzará con la mentira de la primavera,
no se repetirá la sombra
no se repetirá la sombra.
Ella se va volando sobre trigales,
hablamos de clase A
boca de marfil acuoso.
Visiones azuladas como navajas,
torpe amanecer.
No sonríes, lunas después
y fumas sin parar.
pero... ¿cómo seguía?
Cambias una bocanada de vida
por un campo en llamas;
sensualmente vos, cambiaste el rojo por el gris,
semilla por guijarro
hora paraíso por hora Wall Street
resbalando en asperezas
-tan solo una cuestión de elección-
sigo tu sombra, sigo tu olor
entreno con espejos
pero estoy tan bien
así, tan sin sentido
mientras bailás la ilusa melodía
siempre tan en technicolor.
Estos sabuesos de lo prohibido
nunca lo lograrán
ellos corren en círculos
nosotros llevamos el sol en los bolsillos