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martes, 23 de septiembre de 2025

Vuelo en tierra

Así se crean mundos:

a curva detenida,

a travesía desplomada.

¡Hierve, aire!

Mientras canto como puedo

la gracia de tu aérea maniobra,

menea esas alas anchas,

quedándo y yéndote

al mismo tiempo.

Aquí,

en penumbra de aurora

tuvimos la ternura al alcance de las manos

y los pies,

acortamos a fuerza de pasos la distancia

y espigamos mediodía a medianoche.

Sobró silencio.

Callé tanto tiempo

Callé al aullido

que despedazó la nada,

callé los fuegos

que consumaban el día

callé vergüenzas

callé espantos

callé lo que detiene los pies de los pasos.

Aprendí el idioma celeste

a ver si me acercaba una centésima de decimal

a tu lengua de pájaro nuevo,

a tus palabras de pleamar sin cerrazón.

Sabiendo que no se borra la sed con agua,

insistí en el naufragio

y celebré la hinchazón de mis pulmones

con la fragilidad de la lluvia.

Anotaba, descoyuntado,

cuanta palabra caía a mi alcance

- vocales violetas, como ánima Omega -

para coserlas a un aroma desconsolado,

para conjurar una ventana abierta de par en par al bautismo del viento.

Desperté,

sacudido por un ángel eléctrico

recién caído del cielo

caído bajo el calor del verano.

¡Belleza de caparazón!

Gloria nativa de alcoba

febril bermejo enredo.

Olores predilectos

dopamínica espalda

sin fuego se enciende.

Mi palabra se trastoca,

mi boca besa otra boca

la ilustre cavidad resbalosa

entre juego y ajetreo

víctima del delicado y despiadado

ardid, primaveral como el nombre.

Año luz recorrido

hormona volátil

el peso del minuto

visto en el verso justo.

Aún no encontré

placer ni pena

que oxigene los inmóviles rincones

de la secuencia de tactos conexos,

sexíprocos, radiantes, devastadores.

Miro de afuera, ahora.

No conté los sueños ni sus noches

y robé y robé y robé,

creyendo que me quedaba una moneda

y corrí y corrí y corrí

hasta donde no existía la muerte,

o por lo menos donde tenía menos chances.

Hace mucho no sé nada del sol

ni de tu nombre.

gotas centinelas del frío

estrellas simplifican el deleite

cae la lluvia como si fuera la última

cae exhausta la mañana.

Me convenzo mil veces

que son fantasía tus cabellos en llamas

iluminando la caverna

del último Ciego.

Me abrazo a la seguridad

de que tu brillo es mentira,

que no desquiciaste las puertas de mi casa

y dejaste un sendero donde había un laberinto.

Buscaré entonces

en el vacío nuestro de cada día

otra sombra que resuene

con los decibeles de tus pasos.

Llegará cuanto antes

con pausa, sin prisa

con viento a favor

o en contra, como si me importara.

Ahora es solo un descanso,

ya tomaré mis cosas:

un libro de Carver

y un disco de los Doors para el camino.

Como la luz de cada día

como las nueve de la mañana

como la muerte, amor, como la muerte

así de inevitable.

viernes, 4 de septiembre de 2020

¿Así que esto es todo?

¿Sabes que acaso te está hablando un muerto? (*)

¿Así que esto es todo?
¿Así que esto es la muerte?
El corto viaje del acero
clausuró la lluvia sin fundamento,
la doble primavera
cada vez más escasa,
una piel que huele todavía,
última influencia corporal,
unión atroz del día y de la noche
carne que no es carne
ni partida
ni llegada
solo este calor,
el único lenguaje que conozco
y la sabiduría del abismo.

(*) Eduardo González Lanuza, Poema para ser grabado en un disco de fonógrafo.


Versión de Eduardo Darnauchans, álbum "Sansueña" (1978)

POEMA PARA SER GRABADO EN UN DISCO DE FONÓGRAFO

¿Sabes que acaso te está hablando un muerto?

Eco callado soy que resucita
única voz que se atigró en cien soles.

No bronce o mármol: frágil cera aguarda
esta inmortalidad que estás oyendo.

Voz que ya nadie dice:
luz de un sol extinguido que aún galopa en el tiempo.

Bajo mis alas, trémulos,
se acurrucan minutos de otros días:
tu atención ya la he visto y he de verla
abierta en otros;
sois reflejos míos.
Yo soy la realidad, sombras vosotros
que con ser sólo un aire estremecido,
yo he de vivir aún más que quien me dijo.

Soy el claro prodigio sin misterio,
voz que se dice sola y para siempre.
En vano sobre mí pondrán los hombres
leve silencio o densidad de olvido.
Vendrá una mano y volaré de nuevo:
diré otra vez lo que te estoy diciendo.

Eduardo González Lanuza (Argentina)

(1900-1984)

martes, 16 de junio de 2020

"La cruz de piedra" - George Mackay Brown

En la madrugada, Havard avistó una colina en el Ulster.
"Un grado al oeste", dijo el timonel. "Allí está la colmena.
Allí está el árido reino de los zumbidos".

Navegamos dejando atrás cuevas, coromanes y barquillas.
Anclamos a mediodía bajo una cruz de piedra.

Bajaron criaturas a saludarnos
con cabezas curtidas, voces de insectos, manos levantadas.

Murmuraron "Madre", "Santa María", "Nuestra Señora"
pero esa anfitriona no se hizo presente.

El hermano Simón me llevó del mar a la roca.
Trazó una cruz de aire gris entre nosotros.

Se trataba de una casa solo para hombres.
Un niño se ofreció a secarnos la sal de nuestras frentes.

"Havard, es tiempo de comenzar".
Havard exhibió su hacha en la cara de un hermano.

Luego mujeres comenzaron a gruñir desde un peñasco más elevado.
Maldiciones y lamentos fúnebres gaélicos.

Una docena de eunucos cayeron junto al pórtico.
El niño hizo una gaviota con ambas manos.

Ingresamos en una cueva de cera y perfumes.
Mund tomó una copa de plata de un nicho.

Fríos campanilleos como de clavos,
no nos llevaron a nada - una costra, un charco escarlata.

Pronto esa colmena fue solo humo y viscosidad.

Trasladamos un buen botín hacia Skua.
El abate había llamado a ese tesoro "raciones para polillas".

Ocaso. Repartición de los bienes. La nota de un arpa.
De inmediato vagué hacia la piedra del sueño.


miércoles, 15 de abril de 2020

Señales

Desde el eco
es suficiente.

Nada de faros
ni de luz que anuncia el cielo.
Razonable mente, da mala espina
la aguja en la hora.
Basta con la nube antes de la tormenta
o el convincente norte del abismo.

Sueño que arrastra
a tomar la noche por las riendas
donde una luna echa el diente
a la santa ley natural
de escuchar y repetir
otra voz de la magia
siempre en movimiento,
simple testimonio del vientre.

domingo, 6 de octubre de 2019

Respirá, además

Ida y vuelta en hoja,
revés del lado curvo,
pintura sin color, solo volumen,
recurso limitado y multiplicable por mil,
solo hace falta el aire.
Respirando,
del agua al viento
y de vuelta.
De pie veo la luz, me descolla
y estiro la mano sin mover las piernas
y se escapa,
no hay nombre para tanto vacío
hace falta inventarle uno
solo para acercarlo.
Se escapa,
es abrir la boca
y olvidarme de lo que iba a decir.
Hablá de una vez,
inventá palabras,
decí algo, mové el músculo húmedo,
negá el parentesco vegetal
dala vuelta, revolvé el nudo de piel,
reventá el silencio contra los dientes,
ingresá al panteón de los conversadores
sin suelo, ni maceta, ni vueltas hacia el sol,
devastá sin freno la nada inapresable de las rocas
volá de nuevo a la estratósfera embotellada de la palabra pronunciada por enésima vez.
Amontoná decibeles encubiertos,
transformá proteína en movimiento,
masticá la voz,
degustá el efecto.
Hincá la lengua en los dientes
no solo para hincar la lengua en los dientes
Saboreá como la primera vez que mordiste sandía
no te limpies la comisura, comé como demente
volcando baba sin esconder la bilis
o el suave ardor de la dulzura.
¿Te miraste en el espejo mientras hablabas?
¿Oíste tu propia voz leyendo tu propio poema?
¿Lo oíste leído por alguien más?
Vení, pero envuelto en llamas,
enroscado, balbuceante, trastocado
encontrando a cada grito el voltaje que no corre por los cables,
hay uno que se pudre en las antenas.
Volcá el vaso.
Rompé el vidrio antes que suenen las alarmas,
que cierto fuego arde mejor bajo el agua.



domingo, 7 de octubre de 2018

"Reflexiones sobre el verso libre" (fragmento) - Thomas Stearns Eliot

Artículo publicando en la revista "New Statesman" el 3 de marzo de 1917.

(...)
No menosprecio la importancia de los servicios que han prestado los poetas modernos al explotar las posibilidades del verso sin rima. Demuestran la fuerza de un movimiento, la utilidad de una teoría. Lo que ni Blake ni Arnold pudieron realizar por sí mismos, se está haciendo en nuestra época. El "verso blanco" es la única versificación sin rima aceptada en inglés, con el inevitable pentámetro yámbico. El oído inglés es -o era- más sensible que ningún otro a la música del verso, y dependía menos de ese metro de la repetición de sonidos idénticos. No hay una campaña contra la rima. Pero es posible que el apego excesivo a la rima haya embotado el oído moderno. Prescindir de la rima no es un salto hacia la facilidad; por el contrario, impone una tensión mucho más severa. Al eliminar el eco reconfortante de la rima, queda de manifiesto de modo más inmediato el éxito o el fracaso en la elección de las palabras, en la estructura de la frase, en el orden. Suprimida la rima, el poeta se ve inmediatamente ante la barrera de las reglas de la prosa. Eliminada la rima, fluye de la palabra mucha música etérea que hasta entonces había crepitado inadvertida en los dilatados espacios de la prosa. Proscrita toda rima, muchos poetastros perderían su peluca.
Y esta liberación frente a la rima podría resultar también en una liberación de la rima. Liberada de la fatigosa tarea de completar un verso cojo, la rima podría aplicarse con mayor efecto allí donde más se necesita. Suele haber en un poema en verso blanco pasajes en que se precisa la rima para conseguir algún efecto especial, para producir una tensión repentina, para una insistencia acumulativa, para un cierto cambio de estado anímico. Pero lo cierto es que en cualquier caso el verso rimado en estrofas no perderá su puesto. Solo necesitamos el advenimiento de un escritor satírico -ningún hombre de genio escasea más para demostrar que el pareado heroico no ha perdido nada de su filo desde que lo crearon Dryden y Pope. En lo que atañe al soneto, ya no estoy tan seguro. Pero la decadencia de las estrofas intrincadas nada tiene que ver con la aparición del vers libre. Se había iniciado mucho antes. Solo en una sociedad bien trabada y homogénea, donde hay muchos que trabajan en los mismos problemas, solo en una sociedad como las que produjeron el coro griego, la lírica isabelina y las canciones del trovador, podría llegarse a la perfección en el desarrollo de esas estrofas. Y en cuanto al vers libre, llegamos a la conclusión de que no se define por la ausencia de estructura formal o de rima, porque hay otras composiciones poéticas que carecen de ellas, ni por la ausencia de metros, puesto que incluso el verso peor puede medirse; y llegamos a la conclusión de que no existe una división entre verso conservador y vers libre, porque solo hay versos buenos, versos malos y el caos. 

viernes, 27 de julio de 2018

Territorio


La forma de los mapas
barajan los elementos,
absolutos, ni un lugar ni otro,
aquí y mañana,
nunca de noche ni aislado,
no la salvación que esperamos.
El centro de atención en cada barrio del mundo
es la risa del siguiente;
la debilidad de seguir de largo,
la franqueza magnética de la deuda.

(2006)



martes, 20 de marzo de 2018

En tránsito

Llegar cuanto antes,
atravesar, recorrer, transitar,
con pausa, sin prisa,
con viento a favor
o en contra, como si me importara.

Ahora es solo un descanso, 
ya tomaré mis cosas:
un libro de Cortázar
y un disco de los Doors para el camino.

Como la luz de cada día
como las nueve de la mañana
como la muerte, como la muerte
así de inevitable.


domingo, 24 de septiembre de 2017

Ilíada - Canto XVIII (fragmento): La fragua de Hefesto

(...)
"Así habló; y, dejando a la diosa, encaminóse a los fuelles, los volvió hacia la llama y les mandó que trabajasen. Estos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego y era de varias clases: unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, según Hefesto lo deseaba y la obra lo requería. El dios puso al fuego duro bronce, estaño, oro precioso y plata; colocó en el tajo el gran yunque, y cogió con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.


 Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. Los hombres estaban reunidos en el ágora, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pagarse por un homicidio: el uno, declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha; el otro negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos, que aplaudían sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.

La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes: los del primero deseaban arruinar la plaza, y los otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la agradable población. Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, niños y ancianos subidos en la muralla la defendían. Los sitiados marchaban llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños con dos pastores que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro y al punto se apoderaban de los rebaños de bueyes y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba en torno de los bueyes, y, montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa a orillas del río una batalla en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas. Allí se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un guerrero vivo y recientemente herido y a otro ileso, y arrastraba, asiéndolo de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que ya había muerto; y el ropaje que cubría su espalda estaba teñido de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.

Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera vez: acá y acullá muchos labradores guiaban las yuntas, y, al llegar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada, siendo toda de oro; lo cual constituía una singular maravilla.

Grabó asimismo un campo real donde los jóvenes segaban las mieses con hoces afiladas: muchos manojos caían al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavilla: los atadores. Tres eran éstos, y unos rapaces cogían los manojos y se los llevaban abrazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el corazón alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores, haciendo abundantes puches de blanca harina.

También entalló una hermosa viña de oro, cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos, pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho tañía suavemente la harmoniosa cítara y entonaba con tenue voz un hermoso lino, y todos le acompañaban cantando, profiriendo voces de júbilo y golpeando con los pies el suelo.

Puso luego un rebaño de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y estaño, y salían del establo, mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro río, junto a un flexible cañaveral. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los seguían. Entre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mugidos. Perseguíanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del corpulento toro y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque inútilmente, estorbario, y azuzaban a los ágiles canes: éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca y rehuían el encuentro de las fieras.

Hizo también el ilustre cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pacían las cándidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.

El ilustre cojo de ambos pies puso luego una danza como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos y doncellas de rico dote, cogidos de las manos, se divertían bailando: éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aquéllos, túnicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de argénteos tahalíes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero, sentándose, aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gentío inmenso rodeaba el baile y se holgaba en contemplarlo. Entre ellos un divino aedo cantaba, acompañándose con la cítara; y así que se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre.

En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano.

Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquiles una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, y que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.


Cuando el ilustre cojo de ambos pies hubo fabricado todas las armas, entrególas a la madre de Aquiles. Y Tetis saltó, como un gavilán desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto había construido".


domingo, 27 de agosto de 2017

Piel

Pregunto al hombre
que sumó arrugas a la frente,
la piel sin diálogo
el baile crespo
de las estaciones en plena madrugada.
Tirita la sangre embotellada
cerrada en el grillete obsceno de la agenda.
Carcome antisepsis colectiva;
se llevó por delante todo tiempo
y desenredó los nudos que curten la piel de la cara.
Me sentaría a esperar su respuesta
si no fuera mi tren el próximo.

domingo, 11 de diciembre de 2016

"Oda a Los Angeles, pensando en Brian Jones muerto" - Jim Morrison (1969)

(Poema de Jim Morrison distribuido entre el público de los conciertos de The Doors, en Estados Unidos, poco después de la muerte de Brian Jones, de los Rolling Stones, ahogado en una piscina el 3 de Julio de 1969).



Soy un habitante de una ciudad.
Acaban de darme el papel
del Príncipe de Dinamarca.

Pobre Ofelia.

Los fantasmas que él nunca vio
vagando hacia su funesto destino
en un candelabro.

Vuelve, guerrero valiente
sumérgete
en otro canal.

Una cálida piscina resbaladiza
dónde está Marrakech
bajo las caídas
el vendaval
dónde han ido a parar los salvajes
al atardecer
monstruos del ritmo.

Has dejado tu
nada
para enfrentarte
al Silencio.

Espero que te hayas ido
con una Sonrisa
como un niño
en la plácida frontera
de un sueño.

El hombre ángel
se enfrenta a las Serpientes
con manos
y dedos.

Y ha acabado por reivindicar
esta alma
benévola.

Ofelia.

Se va, empapada
en seda.

Sueño
de cloro
testigo
loco ahogado
el salto, el trampolín
la piscina.

Eras un luchador
una musa adamascada y almizclada.

Eras el sol
desteñido
por la t.v. de la tarde.

Sapos cornudos
francotirador de pupila amarilla.

Mira a qué te ha conducido.

Al paraíso de la comida
con los caníbales
y los judíos.

El jardinero
descubrió
el cuerpo, inerte, Flotante.

Rígido y feliz
de qué verdusca materia
estabas hecho.

Agujeread la piel
de la diosa.

¿Apestará
cuando ascienda a los cielos
a través de las salas
de música?

Ninguna posibilidad.

Réquiem por un grande.

Esa sonrisa
esa mirada de sátiro
porcino
se ha elevado saltando


al barro.




domingo, 6 de noviembre de 2016

"Conversación con el inspector fiscal sobre poesía" - Vladimir Mayakovski (1893-1930)

Ciudadano inspector, perdone la molestia.
Gracias, no se preocupe, me quedaré de pie.
Quiero tratar un asunto bastante delicado:
qué sitio ha de ocupar el poeta en las filas obreras.
Igual que los que tienen tiendas y terrenos
también yo debo pagar impuestos.
Usted me pide quinientos al semestre
más veinticinco por no declarar a tiempo.
Mi trabajo es igual a cualquier otro.
Mire cuántas pérdidas, cuántos gastos
invierto en materiales.
Usted sabe naturalmente eso que llaman rima.
Si la primera línea termina en "ajo"
entonces, la tercera, repitiendo las sílabas
debe poner algo así como "cascajo".
Si utilizo su lenguaje, la rima es un cheque,
hay que cobrarlo alternando los versos
y buscas con detalle sufijos y prefijos
en el cofre vacío de las declinaciones, de las conjugaciones.
Tomas una palabra y quieres meterla en la estrofa
pero si no entra y aprietas,
se rompe.
Ciudadano inspector: le juro
que el poeta paga caras las palabras.
Hablando mi lenguaje, la rima es un barril de dinamita,
y la estrofa es la mecha.
La estrofa se consume, y estalla la rima,
y por el aire y la ciudad la estrofa vuela.


¿Dónde hallar, y a qué precio,
rimas que estallen y de golpe maten?
Quizá sólo sean cinco las rimas increíbles
y sin estrenar, perdidas más allá de Venezuela.
Me voy a buscarlas, haga frío, haga calor,
atado por anticipos, préstamos y deudas.
Ciudadano, tenga en cuenta el pago de los viajes.
La poesía toda es un viaje a lo desconocido.
La poesía es como la extracción del radio
-Un año de trabajo para sacar un gramo.
Sacar una sola palabra entre miles de toneladas
de materia prima verbal.
Pero ¡qué ardiente el calor de estas palabras
comparado con la humeante palabra bruta!
Esas palabras mueven
millares de años, millares de corazones.
Claro que hay poetas de distinta calidad.
Muchos de hábil mano,
como prestidigitador, sueltan estrofas de la boca,
suyas y de otros.
Y para qué hablar de los castrados líricos.
Meten un verso ajeno y están felices.
Eso es robo y despilfarro
uno más entre los que azotan el país.
Esos versos y odas aplaudidos hasta la saciedad
entrarán en la historia como gastos accesorios
de lo hecho por dos o tres buenos versos de nosotros.
Muchos kilos de sal habrás de comer
como suele decirse, y fumar cien cigarrillos
hasta sacar la palabra preciosa
de las honduras artesianas de la humanidad.
Rebaje por eso los impuestos,
quítele una rueda a los ceros.
Uno noventa cuestan cien cigarrillos.
Uno sesenta la arroba de sal.
Demasiadas preguntas su formulario tiene:
¿Ha viajado o no ha viajado?
Y si le respondo que en estos quince años
he reventado decenas de Pegasos, ¿qué?
Póngase usted en mi sitio,
piense en el servicio y propiedades.
¿Qué ha de contestarme si le digo que soy caudillo popular
y al mismo tiempo trabajo a su servicio?
La clase obrera vibra en nuestras palabras,
somos proletarios motores de la pluma.
La máquina del alma se gasta con los años.
Dicen entonces: estás gastado, fuera.
Cada vez amas menos, te arriesgas menos
y mi frente desgastada por el tiempo no arremete.
Entonces llega el desgaste mayor,
el desgaste del alma, del corazón.
Y cuando este sol, grande y redondo
se alce en el futuro sin lisiados ni tullidos,
ya me habré podrido, muerto en una cuneta
junto a decenas de mis colegas.
Hago mi balance final.
Afirmo, y no miento:
entre los vividores y actuales fulleros
seré el único con deudas impagables.
Nuestra deuda es aullar como sirenas de bronce,
entre la niebla filistea y el fragor de la tormenta.
El poeta siempre adeuda al universo,
paga con su dolor las multas, los impuestos.
Adeudo las calles de Broadway,
los cielos de Bagdad, el ejército rojo,
los jardines de cerezos del Japón,
todo aquello sobre lo que aún no pude cantar.
Al fin y al cabo ¿para qué tanto jaleo?
¿Para disparar rimas y atronar con el ritmo?
La palabra del poeta es su resurrección,
su inmortalidad, ciudadano inspector.
Dentro de cien años, en un pliego de papel
cogerán una estrofa y resucitarán este tiempo
Y ese día surgirá
con fulgor de asombros, y olor a tinta
le envolverá en su vaho, señor inspector.
Usted, habitante convencido del día de hoy
saque en el Comisariado de Caminos
un pasaje para la eternidad,
calcule el efecto de mis versos,
divida mi salario en trescientos años.
Mas la fuerza del poeta no estriba
en que le recuerden a usted en el futuro y se asusten.
No.
Hoy la rima del poeta es caricia también,
consigna, látigo, bayoneta.
Ciudadano inspector, pagaré cinco
quitando los ceros que van detrás.
Por derecho, yo reclamo un hueco
entre las filas de los obreros y campesinos más pobres.
Y si usted piensa que todo consiste
en saber utilizar palabras ajenas,
entonces, camaradas, aquí tienen mi pluma,
y escriban ustedes cuanto quieran.