viernes, 19 de junio de 2026

Realidad aumentada

Desayuno viendo el teléfono,

como cada mañana.

Veo reels de animales de otras latitudes,

cocineros hindúes, 

reseñas de aspiradoras, 

pócimas que eliminan la grasa abdominal, 

elegías de mascotas,

ahogados nudistas, 

la revancha de los Persas.

drones surcando el cielo de Chernobyl.

Entre hashtags y tuits en tiempo real,

las noticias, al unísono,

me informan de un derrumbe,

un desplome de reflejos,

manantial de cifras en caída libre, 

descenso involuntario a cinco mil pies del suelo.

Los medios concuerdan: 

comienza arriba y termina abajo.

¡Es hora del espectáculo!

Veo las rocas que se incorporan a más rocas

en declive constante y obstinado aplomo

desplome

desplome

desplome.

Arrastra los pinos a su paso,

los cauces secos que fueron ríos

y la madriguera del gato montés.

Socavón de lodo de abrazo intrépido,

rigor nefasto 

marea marrón de madera.

La colina, distanciada para siempre del sueño,

es arrullada por una nefasta canción de cuna.

Trueno distante, ruge una bestia desatada,

la sangre del volcán robusto une para sí

tierra con más tierra

hojas muertas, hojas sagaces,

osamenta y arena.

El mapa se borra,

se desarman los márgenes 

terremoto del territorio.

Desde mi pantalla de bolsillo

veo la imagen HD del derrumbe.

No reconocí el escenario

hasta que el primer guijarro

rebotó contra mi puerta.

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