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jueves, 5 de febrero de 2026

Canto Ajeno - XXVII

Por sencilla inercia

el rezo se volvió aullido.

Ni demonios ni falsos consuelos:

no hermanan la copa

o tanto abrazo sin manos.

¿Suenan voces después de la medianoche del primero?

¿Importa

si lloran a rabiar por un oído?

Mucho silencio por callar

tanto ruido hermoso

toda la noche para volverse día.

Ya huí, ya negué,

acepté, regresé:

no hay destino mejor que el inventado.

domingo, 2 de julio de 2017

"Balada del ausente" - Juan Carlos Onetti

Entonces no me des un motivo por favor
no le des conciencia a la nostalgia,
la desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
sufrir en ti y no alzar mi grito
rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
en lo único que puede ser
enteramente pensado
llamar sin voz porque Dios dispuso
que si Él tiene compromisos
si Dios mismo le impide contestar
con dos dedos el saludo
cotidiano, nocturno, inevitable
es necesario aceptar la soledad,
confortarse hermanado
con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
en cualquier regreso
en cualquier hora cambiable del crepúsculo
tu silencio
y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
que no responde al sombrero enlutado golpeando
las rodillas
que teme a Dios y se preocupa
por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
hacia la claridad dolorosa del mundo,
desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
tropiezo y avanzo
me acerco tal vez a una frontera
a un odio inútil, a su creciente miseria
y tampoco es consuelo
esa dulce ilusión de paz y de combate
porque la lejanía
no es ya, se disuelve en la espera
graciosa, incomprensible, de ayudarme
a vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
eternidad, infierno, aventura, estupidez
pero soy mayor
ya ni siquiera creo,
en romper espejos
en la noche
y lamerme la sangre de los dedos
como si la hubiera traído desde allí
como si la salobre mentira se espesara
como si la sangre, pequeño dolor filoso,
me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
a cambio de vejeces y ambiciones ajenas
cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas,
no me inflará las mejillas
ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

domingo, 17 de julio de 2016

"Y el pan nuestro" - Juan Carlos Onetti (1974)

Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda con labios separados
el misterio
mi terca obsesión de desvelarlo
y avanzar porfiado y sorprendido
tanteando tu pasado.
Sólo conozco la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar nuestro.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Festejo

A "Junta" Larsen 

Por sencilla inercia
El rezo se volvió aullido.

Ni demonios ni falsos consuelos:
No hermanan la copa
O tanto abrazo sin manos.

¿Suenan voces después de la medianoche del primero?
¿Importa
Si lloran a rabiar por un oído?

Mucho silencio por callar
Tanto ruido hermoso
Toda la noche para volverse día.

Ya huimos, ya negamos
Ya aceptamos, ya regresamos.
No hay destino mejor que el inventado.