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martes, 23 de septiembre de 2025

Vuelo en tierra

Así se crean mundos:

a curva detenida,

a travesía desplomada.

¡Hierve, aire!

Mientras canto como puedo

la gracia de tu aérea maniobra,

menea esas alas anchas,

quedándo y yéndote

al mismo tiempo.

Aquí,

en penumbra de aurora

tuvimos la ternura al alcance de las manos

y los pies,

acortamos a fuerza de pasos la distancia

y espigamos mediodía a medianoche.

Sobró silencio.

Callé tanto tiempo

Callé al aullido

que despedazó la nada,

callé los fuegos

que consumaban el día

callé vergüenzas

callé espantos

callé lo que detiene los pies de los pasos.

Aprendí el idioma celeste

a ver si me acercaba una centésima de decimal

a tu lengua de pájaro nuevo,

a tus palabras de pleamar sin cerrazón.

Sabiendo que no se borra la sed con agua,

insistí en el naufragio

y celebré la hinchazón de mis pulmones

con la fragilidad de la lluvia.

Anotaba, descoyuntado,

cuanta palabra caía a mi alcance

- vocales violetas, como ánima Omega -

para coserlas a un aroma desconsolado,

para conjurar una ventana abierta de par en par al bautismo del viento.

Desperté,

sacudido por un ángel eléctrico

recién caído del cielo

caído bajo el calor del verano.

¡Belleza de caparazón!

Gloria nativa de alcoba

febril bermejo enredo.

Olores predilectos

dopamínica espalda

sin fuego se enciende.

Mi palabra se trastoca,

mi boca besa otra boca

la ilustre cavidad resbalosa

entre juego y ajetreo

víctima del delicado y despiadado

ardid, primaveral como el nombre.

Año luz recorrido

hormona volátil

el peso del minuto

visto en el verso justo.

Aún no encontré

placer ni pena

que oxigene los inmóviles rincones

de la secuencia de tactos conexos,

sexíprocos, radiantes, devastadores.

Miro de afuera, ahora.

No conté los sueños ni sus noches

y robé y robé y robé,

creyendo que me quedaba una moneda

y corrí y corrí y corrí

hasta donde no existía la muerte,

o por lo menos donde tenía menos chances.

Hace mucho no sé nada del sol

ni de tu nombre.

gotas centinelas del frío

estrellas simplifican el deleite

cae la lluvia como si fuera la última

cae exhausta la mañana.

Me convenzo mil veces

que son fantasía tus cabellos en llamas

iluminando la caverna

del último Ciego.

Me abrazo a la seguridad

de que tu brillo es mentira,

que no desquiciaste las puertas de mi casa

y dejaste un sendero donde había un laberinto.

Buscaré entonces

en el vacío nuestro de cada día

otra sombra que resuene

con los decibeles de tus pasos.

Llegará cuanto antes

con pausa, sin prisa

con viento a favor

o en contra, como si me importara.

Ahora es solo un descanso,

ya tomaré mis cosas:

un libro de Carver

y un disco de los Doors para el camino.

Como la luz de cada día

como las nueve de la mañana

como la muerte, amor, como la muerte

así de inevitable.

miércoles, 25 de junio de 2025

¿Hello?

Ella se va volando sobre trigales,

hablamos de clase A

boca de marfil acuoso.

Visiones azuladas como navajas,

torpe amanecer.

No sonríes, lunas después

y fumas sin parar.

pero... ¿cómo seguía?

Cambias una bocanada de vida

por un campo en llamas;

sensualmente vos, cambiaste el rojo por el gris,

semilla por guijarro

hora paraíso por hora Wall Street

resbalando en asperezas

-tan solo una cuestión de elección-

sigo tu sombra, sigo tu olor

entreno con espejos

pero estoy tan bien

así, tan sin sentido

mientras bailás la ilusa melodía

siempre tan en technicolor.

Estos sabuesos de lo prohibido

nunca lo lograrán

ellos corren en círculos

nosotros llevamos el sol en los bolsillos

hasta que cimbra el anclaje.

lunes, 10 de marzo de 2025

Evolución

Nadie recuerda

largas playas dormidas

donde se evita el tormento

del abrazo metálico urbano.


Ni las siluetas

elevadas por el canto

del grito del amanecer

hasta el cielo del pecado.


Ni el pasado que fuera

desconfiado, móvil, lúgubre, 

y que ya no desprecia

el arte de soñar.

martes, 4 de marzo de 2025

Arquitecto

No más noche

pasa todo de día.

Alejando llego

donde se juntan los ríos.

Veo sangre, fue profunda la herida,

vivir es fácil con los ojos cerrados.


Igual que vos sin llovizna en los oídos

sin abismo inminente

ni recuerdos de Ícaro

ya ves

pero no lo repito una y otra

pero no lo repito una y otra.

jueves, 27 de febrero de 2025

Lejana

Tarde,

hasta el espejo retrovisor miente

y se asume lo inevitable.

Cuando abruma la farsa

a la certeza la desbarata el aliento.


Ya no bastaron un par de alas escarchadas

ni cuatro pitadas de olvido artificial.

Mis inmunes pupilas insómnicas develaron

el olor del cemento mojado,

el tirón imbancable del tifón

de la madrugada inevitable.


La nunca visible presencia

de su sombra resplandeciente

(reconocible por su renombrado olor a perla)

reclama eternizar tiernas imprecisiones

y una ilusión dinamital

solo para poder dormir de noche.


Aún habiendo conocido el amor por ecos,

y sus secretos en espirales hipnóticos,

el alma murmura desconsolada

pero inmóvil ante el silencio del mundo.

Contraportada de "Mellon Collie and the infinite sadness" (The Smashing Pumpkins, 1995)

lunes, 17 de febrero de 2025

Canto Ajeno - XIX

En Montevideo

el aire no lastima.

Nos guiaron los carteles de cama y comida

y una vez encontrados

los canjeamos por vasos menguantes

que a la mañana siguiente

rellenamos de ropa sucia

para que desde el fondo de la valija

el viento no hiciera su parte.

Aquí vimos.

Aquí escribimos.

Aquí comprendimos:

Babel es un mito,

nada se escapa, nada se pierde.

Acortamos las distancias con presencias,

fuimos iguales ante el miedo,

neutralizamos el veneno

con salivas, lenguas y labios.

El viento solo sopló

porque nunca dejamos el barro del todo,

la voz fue nuestra por fin

Cuando cantamos los sucesos

de octubre del cero cinco,

magia que nos reconoció

nos presentó a la pena del espejo,

la misma historia contada cien veces…

¿Lejanía?

¿Distancia?

Tierra partida:

agua unida.

viernes, 1 de julio de 2022

Si callé es porque preferí el silencio

Sobré silencio.
Callé tanto tiempo
que el olvido se adueñó de mi mente
y de mi memoria,
en parte.
Aprendí el idioma celeste
a ver si me acercaba al menos una centésima de decimal
a tu lengua de pájaro nuevo,
a tus palabras de pleamar sin cerrazón.
Sabiendo que no se borra la sed con agua,
insistí en el naufragio
y celebré la hinchazón de mis pulmones
con la fragilidad de la lluvia.
Anotaba, descoyuntado,
cuanta palabra caía a mi alcance
- o vocales violetas, como ánima Omega -
para coserlas a un aroma de nacimiento desconsolado,
conjurar una ventana abierta de par en par al bautismo del viento,
forjar el verbo a martillazos de ola insistente

malear complicidad de sangre con aureola de almanaque.

miércoles, 29 de junio de 2022

Vuelo en tierra

Así se crean mundos:
a curva inmóvil,
a travesía desplomada.
¡Hierve el aire!
Canta
la gracia de tu aérea maniobra,
menea esas alas anchas,
quedándote y yéndote
al mismo tiempo.
Aquí,
en penumbra de aurora
teníamos al amor al alcance de las manos
y los pies,
acortamos a fuerza de pasos la distancia
y espigar el mediodía a medianoche.

miércoles, 22 de enero de 2020

Los callos de Cenicienta

Hasta las doce
ni un minuto más
olvidate
vine parada en el bondi
ni un asiento libre
efectivo no saqué
y el Uber cobraba un huevo:
sábado a la noche, toda el reino al mismo castillo.
Olvidate
metí como burra todo el día
limpié
hice las compras
¿sabés lo que comen en casa esos ladillas?
¿y lo que se lava de ropa?
¿y el perro negro adentro del pecho
que no te deja respirar?
Olvidate, olvidate,
los zapatos los saqué en doce cuotas
el vestido lo hice yo
como si cada hilo costara un peso;
me hice una cola en el pelo
viendo un video en Youtube
y el perro negro ladraba
y un poco de base en la jeta para tapar los granos
un poco de rimmel de mi hermana
negro como el perro.
Olvidate
vine para irme cuando quiera
y bailar mientras pueda.
olvidate
no tenés idea
como apretan estos zapatos de mierda
otra de tantas
decisiones mal tomadas:
el alquiler de un mes
un pasaje a Floripa, fuera de temporada.
Olvidate,
o mejor dejá, me olvido yo
encima me quedan chicos
no hay magia, siempre me olvido
y dejo que el perro me muerda
no ladra siempre
pero yo lo siento
como al hambre cada día
un hacha afilada
un jornal mal liquidado
el perro sin su hueso
el dedo sangra
la ampolla estalla como una fruta podrida
los talones
las pantorrillas
mejor me olvido
mañana los limpiaré
para borrarles la huella de la noche
y mañana los vendo en Mercadolibre.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Testimonio

Un tiempo. Un lugar.
Un sopor, una cicatriz.
Varias disputas, el consistente elogio.
Alguna inatacable deflagración.

Cien astutos emblemas.
Cualquier bestial intensidad.
Los inexactos contornos
de fragancia injusta.

Más de dos deserciones
y breves transgresiones a la regla.
Eterna bifurcación
insólitos carriles paralelos
pero sólo
paralelos.

domingo, 29 de julio de 2018

Uno sesenta y cinco

Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza. (*)

Uno sesenta y cinco
crispó el puente
pies diminutos, presente estado
cabello gira, costa próxima
de la nada, ¿no?
todavía besa con saliva
enjambre crispación,
las suaves olas frías
cálculo desatado:
¿pensará en quedarse
o en salir?
evitable comparación, rotunda
y métrica, hasta tiene rima
diapasonado
como supuesta secreta pulsación
es el rastro y despista
bordea alucine
pero preferible
a dormir buscando en el sueño
cadera combustión, ojos oscuros
dos orbitales inquietudes
intrascendente trastoca la tristeza
infranqueable disipación
por eso mismo plácida
amplificada enmudece colapso
permite urdir
aunque sea en dos palabras
testimonio digresión
inmoviliza el caudal
celebrando lo inútil, pero fundamental
del reflejo
sin pena ni gloria.

(*) Charles Baudelaire, A una transeúnte.

domingo, 22 de julio de 2018

Mi genio amor

fabuloso alfabeto flamea
conflicto alveolar, lírico
por todo obvio olvido
renace, ruge y remonta
escape del escape
nublado en mente
ciencia cierta, ciega ciudad
incluye distancia incipiente
al atravesar anula aparte.

jueves, 21 de junio de 2018

"Fuegos" (fragmentos) - Marguerite Yourcenar (1974)

Espero que este libro no sea leído jamás.
*
Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.
 *
Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón.
*
Soledad. . .yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman...moriré como ellos mueren.
*
El alcohol desembriaga. Después de beber unos sorbitos de coñac, ya no pienso en ti.
*
Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El otro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz: caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia una especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en este agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto.
*
Podrías hundirte de un solo golpe en la nada, adonde van los muertos: yo me consolaría si me dejaras tus manos en herencia. Sólo tus manos subsistirían, separadas de ti, inexplicables como las de los dioses de mármol convertidos en polvo y cal de su propia tumba. Sobrevivirían a tus actos, a los miserables cuerpos que han acariciado. Entre las cosas y tú no harían ya de intermediarios: ellas mismas se transformarían en cosas. Inocentes de nuevo, pues tú ya no estarías para hacer de ellas tus cómplices, tristes como galgos sin dueño, desconcertadas como arcángeles a quienes ningún dios da ya órdenes, tus inútiles manos reposarían sobre las rodillas de las tinieblas. Tus manos abiertas, incapaces de dar o de recibir ninguna alegría, me habrían dejado caer como una muñeca rota. Beso, a la altura de la muñeca, esas manos indiferentes que tu voluntad no aparta ya de las mías; acaricio la arteria azul, la columna de sangre que, antaño, incesante como el chorro de una fuente, surgía del suelo de tu corazón. Con sollozos pequeños y satisfechos reposo la cabeza como una niña entre esas palmas llenas de estrellas, de cruces, de precipicios de lo que fue mi destino. No tengo miedo de los espectros. Sólo son terribles los vivos, porque poseen un cuerpo.
*
No hay amores estériles. Y es inútil tomar precauciones. Cuando te dejo llevo dentro de mí el dolor, como una especie de hijo horrible.
*
Se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida. Tengo miedo de no saber cómo arreglármelas con mi dolor.
*
Un dios que quiere que yo viva te ha ordenado que dejes de amarme. No soporto bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.
*
Utilidad del amor. Los voluptuosos se las componen para realizar sin él la exploración del placer. No se sabe qué hacer con el deleite durante una serie de experiencias sobre la mezcla y combinación de los cuerpos. Después, se da uno cuenta de que aún quedan descubrimientos por hacer en tan oscuro hemisferio: Necesitábamos el amor para que nos enseñara el Dolor.
*
Ardiendo con más fuegos... Animal cansado, un látigo de llamas me azota con fuerza las espaldas. He hallado el verdadero sentido de las metáforas de los poetas. Me despierto cada noche envuelta en el incendio de mi propia sangre.
*
Nunca he conocido otra cosa que no fuera la adoración o el desenfreno... ¿Qué estoy diciendo? Nunca he conocido sino la adoración o la compasión.
*
Los cristianos rezan ante la cruz y la besan. Les basta ese trozo de madera, aun cuando de él no cuelgue ningún Salvador. El respeto debido a los ajusticiados acaba por ennoblecer el inmundo aparato del suplicio: no basta con amar a las criaturas; hay que adorar asimismo su miseria, su envilecimiento, su desdicha.
*
Se dice: loco de alegría. También podría decirse: cuerdo de dolor.
*
Poseer es lo mismo que conocer: las Escrituras siempre tienen razón. El amor es brujo: sabe los secretos; es un zahorí: conoce los manantiales. La indiferencia es tuerta; el odio es ciego; ambas tropiezan una al lado de la otra y caen a la fosa del desprecio. La indiferencia ignora; el amor sabe; deletrea la carne. Hay que gozar de un ser para tener ocasión de contemplarlo desnudo. Ha sido preciso que yo te ame para llegar a comprender que la más mediocre o la peor de las personas humanas es digna de inspirar allá arriba el sacrificio de Dios.
*
El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos.
*
Hay que amar mucho a una persona para arriesgarse a padecer. Tengo que amarte mucho para ser capaz de padecerte.
*
Me es imposible no ver en mi amor una forma refinada del libertinaje, una estratagema para pasar el tiempo, para prescindir del Tiempo. El placer efectúa en pleno cielo un aterrizaje forzoso, envuelto en el ruido de motor loco de los últimos estremecimientos del corazón. La oración se eleva en vuelo planeado; el alma arrastra al cuerpo en la asunción del amor. Para que una asunción sea posible hace falta un Dios. Tú posees precisamente la belleza justa, la ceguera y las exigencias convenientes para ocupar el lugar de un Todopoderoso. He hecho de ti, a falta de algo mejor, la piedra angular de mi universo
Tus cabellos, tus manos, tu sonrisa recuerdan desde lejos a alguien que yo adoro. ¿Y a quién? A ti.
 *
Las dos de la madrugada. Las ratas roen en los cubos de basura los restos de un día muerto: la ciudad pertenece a los fantasmas, a los asesinos, a los sonámbulos. ¿Dónde estás tú, en qué cama, en qué sueño? Si tropezara contigo, pasarías sin verme, pues no somos percibidos por nuestros sueños. No tengo hambre: no consigo digerir mi vida esta noche. Estoy cansada: anduve toda la noche para escapar de tu recuerdo. No tengo sueño: ni siquiera siento apetito de la muerte. Sentada en un banco, embrutecida a pesar mío por la llegada de la mañana, dejo de recordar que trato de olvidarte. Cierro los ojos... Los ladrones sólo desean nuestras sortijas; los amantes, la carne; los predicadores, nuestras almas; los asesinos, la vida. Pueden quitarme la mía: los desafío a que cambien algo en ella. Echo hacia atrás la cabeza para sentir por encima de mí el murmullo de las hojas... Estoy en el bosque, en un campo... Es la hora en que el Tiempo se disfraza de barrendero y Dios tal vez de trapero. El, el avaro, el testarudo; él, que no consiente ver perderse una perla entre el montón de conchas de ostras a las puertas de las tabernas. Padre nuestro que estás en los cielos...¿Veré yo venir alguna vez a un hombre viejo, con un abrigo pardo, con los pies llenos de barro por haber atravesado Dios sabe qué río para reunirse conmigo? Se dejaría caer en el banco, apretando en su puño cerrado un valioso regalo que bastaría para cambiarlo todo. Separaría los dedos lentamente, uno tras otro, con prudencia, pues el regalo podría echarse a volar... ¿Qué llevaría en su mano? ¿Un pájaro, una semilla, un cuchillo, una llave para abrir la lata de conserva del corazón?
*
¿Ingenio? ¿En el dolor? Puede ser, pues hay sal en las lágrimas...
*
¿Miedo de nada? Tengo miedo de ti.
*
Dejar de ser amada es convertirse en invisible. Tú ya no te das cuenta de que poseo un cuerpo.
*
Entre la muerte y nosotros no hay, en ocasiones, sino la densidad de un único ser. Una vez desaparecido ese ser, ya no queda más que la muerte.
*
¡Qué insípido hubiera sido ser feliz!
*
No me mataré. Se olvidan tan pronto de los muertos...
*
No puede construirse una felicidad sino sobre unos cimientos de desesperación. Creo que voy a poder ponerme a construir.
*
Que no se acuse a nadie de mi vida.
 *
No se trata de un suicidio. Sólo se trata de batir un record.



viernes, 1 de junio de 2018

"Salvo el crepúsculo" (selección) - Julio Cortázar (1984)

After such pleasures

Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas
ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

Si he de vivir
       
Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.

Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.

Encargo

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,       
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.       
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.       
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.       
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas       
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

Soneto gótico

Esta vernácula excepción nocturna,
este arquetipo de candente frío,
quién sino tú merece el desafío
que urde una dentadura taciturna.

Semen luna y posesión vulturna
el moho de tu aliento, escalofrío
cuando abra tu garganta el cortafrío
de una sed que te vuelve vino y urna,

Todo sucede en un silencio ucrónico,
ceremonia de araña y de falena
danzando su inmovilidad sin mácula,

su recurrente espacio catatónico
en un horror final de luna llena.
Siempre serás Ligeia. Yo soy Drácula.

Enter el recitante

 Un río que en sí mismo desemboca
 la noche circular.
 Un terciopelo de palabras
 para decir ese danzar curvado
                                                  voces
                                                  pestañas
                                                  muslos
las amigas
la noche
                         
                          sus juegos   su concilio
                          el tabaco     el coñac

Esto aquí, el exorcismo

Esto, tierna traición.

*

La noche circular,
un río que en sí mismo desemboca.

Aquí los juegos,
simulacro y liturgia,
 todo siendo y no siendo.

Topología: aquí. 
Cronología: ahora.
Tipología: esta manera
               de mirarlas.

             Sus juegos sus muñecas sus anillos
             sus besos sus poliédricos cristales
             sus dientes sus espaldas sus olores
             su inanidad y sus letales voces

                            Buenos Aires   París
                            Barcelona       La Habana


lunes, 7 de mayo de 2018

"Zúriák" (fragmento) - Nelson Traba & Willni Dávalos (2018)

32

Noche, tantos poetas llorones han escrito bajo tu cascada, tantos papeles manchados tañen los bosques de nostalgia y motosierra. Bajo tu tenue luz lamento mi pene y mi vicio minúsculo: un cuerpo, saliva, textil frutilla, el recuerdo de su lengua embadurnando de dulzura mis desagües, besando cada testigo del despilfarro, con ternura, juventud y placentera sonrisa, incrustada, hiriente, perturbadora. Ahora que ella está en aquel carnaval de vanidades elevando vítores a Lucifer y yo en esta cama llena de ácaros y hematófagos, recreo su voz pidiéndome que la llame puta y yo que la nombraba Diosa. “¡Puta, dime, puta!”. No puedo mentir, no pude, no le he pagado nada, tan sólo mi vida como obsequio (o lo que quedó de ella luego de la inundación) "¡Moechaputide, redde, redde, putidamoecha, codicillos!" cantaba Catulo y yo imitándole con mi lastimera pronunciación del latín frente al cerro Puquín lleno de sarna humana, úlceras urbanas al alba; los niños durmiendo, y yo pensando en ella, su celular apagado, mi posesión más amada siendo tocada por otro.
Noche, bajo tu cascada vuelvo a diluir su valor, a hacerla cosa y posesión, un tesoro más enmascarado por la tierra. Entre desiertos fémures, selvas coxis y aguas calaveras divido el cuerpo en territorios y ella es la nación donde planté mi bandera, donde pienso esparcir mis restos como el rastro inequívoco de que las cosas irán por el curso de la convención obvia del machismo. Hiervo agua en mis ojos y la derramo sobre el hielo, su distancia, sus oídos, los recuerdos ácidos de sus venenos y púas. Sufro porque me creo poseedor de la vida que habita en su cuerpo. Era ese nuestro juego, a eso nos dedicábamos cuando la cama era un lago congelado donde patinar. Sin embargo, ella está en Arequipa, en el carnaval de la vanidad, elevando vítores a Lucifer, su señor lleno de luz y belleza, descalza baila y la aclaman, la desean, la toman, es una cosa, es un tesoro y no es una cosa, es una persona pero yo lloro porque no supe jugar, porque me creí cada parte del guión de la hembra posesa y del hombre poseedor, ella estaba consciente, era su encanto, su glamour; fue mi ilusión y ahora mi nostalgia más clara y duradera; el ahmor idiota de los mamíferos.