domingo, 21 de junio de 2026

Sequía

Aquella noche fue todo un éxito.

lo vi y también me lo contaron,

y cada nuevo relato me resultaba un poco más gracioso.


Una mujer serena y desgarbada,

no sabíamos mucho sobre ella,

imaginamos que tenía un trabajo

al que odiaba;

y atravesaba un bloqueo creativo

hacía más de veinte años,

pero solo lo imaginamos.

Alta y liviana,

recorría esos diminutos hospicios

donde se juntan cada quince días

algunos poetas y sus amigos

a beber y fumar

y a limitarse a la pena

como único tema.

Su acto era el siguiente:

dejaba caer objetos cotidianos al suelo

(elementos ordinarios, baratos, multiformes)

y los pisoteaba.


Soltaba también algunas frases al aire,

lacónicas.

Casi no leía, lo hacía con el cuerpo

y avanzaba al cierre, siempre el mismo:

extraía de su bolso un frasco minúsculo

casi lleno de gotas de su sangre

que extraía de a poco,

con la cautela con que se manipulan los objetos escasos.

En la sangre mojaba una pluma

y con ella escribía una palabra, una sola,

sobre una hoja, en silencio,

lo exhibía

y ese era el fin de su acto

y el auditorio aserraba el silencio con aplausos, 

cada vez.


Nunca supimos cómo, ni por qué,

un día su acto cosechó fama.

Comenzamos a ver carteles con su cara

en las paredes de los bares que frecuentábamos,

en las avenidas después,

más tarde en contratapas de semanarios

y una breve entrevista al final del noticiero

donde explicó que aquello no era una sátira

sino un manifiesto.


Fue creciendo el auditorio,

y como es lógico,

creció el tamaño del lienzo del gran desenlace,

ya no alcanzaba con una hoja oficio

o A4.

Extendió la duración del acto

para justificar el precio de las entradas

sin modificar el desarrollo, 

ni el gran remate.

Debió aumentar el caudal de las extracciones,

muy de a poco.

Su manager propuso sustituir la sangre

por una mezcla de plasma de cerdo y tinta

pero ella jamás lo aceptó

porque traicionaba el concepto.


Aquella noche,

una de localidades agotadas,

dibujó una palabra sobre el lienzo,

de esas que se balbucean sólo una vez

en la vida.

Acto seguido

se derrumbó

de cara al público

seca

igual a su lienzo.

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