jueves, 18 de junio de 2020

"Nacimiento; vida; pasión de Mayakovski" - Vladimir Mayakovski

Nacimiento de Mayakovski

Que aprendan los contemporáneos a escribir
y también los historiadores imbéciles.
"Un notable poeta vivió una vida mezquina y
sin interés."

Yo sé,
no pronunciarán mi nombre los pecadores
asfixiándose en el infierno.
Mi telón en el Gólgota
no se bajará con el aplauso de los popes.
Mejor
me beberé mi café por la mañana
en este espléndido parque de verano.

En el día de mi llegada
en el cielo de Belén,
no encenderán ninguna señal.
Nadie molestó las tumbas
donde duermen los magos de pelo rizado.

El día de mi llegada
fue como todos los días,
absolutamente igual,
igual hasta las náuseas.

Y nadie intentó señalar
a la lejana estrella inoportuna.
Estrella,
¿no le da pereza brillar en vano?
¿Si no es
en el día del nacimiento de un hombre,
para qué diablos debo adorar a esa estrella?

Juzguen ustedes mismos:
pescaremos el pez hablador
con los hilos de la fantasía
y cantaremos,
cantaremos,
la suerte dorada de los pescadores.
Cómo no he de cantarme a mí mismo
si yo,
todo entero,
soy un absoluto prodigio,
si cada uno de mis movimientos
es un inmenso e inexplicable milagro.

¡Mírenme de ambos costados,
asómbrense!
Estas estrellas de cinco puntas
se llaman "manos".
Un par de espléndidas manos.
Observen:
puedo elegir el mejor cuello
y rodearlo con una sola mano.

Abran el cofre del cráneo
y saldrán chispas de su inteligencia.
¿Hay acaso algo que yo no pueda hacer?
¿Quieren?
Puedo inventar un nuevo animal
que camine con tres patas y dos colas.
¿Quieren?
Me pueden besar.
El que me ha besado
dirá si hay jugo más dulce que mi saliva.
Y envuelta en ella se encuentra
mi espléndida lengua roja.

"¡Oh - oh - oh!"
Puedo alzar la voz muy alto.
"¡Ah - ah - ah!"
Puedo bajar blandamente la voz.
No puedo calcularlo todo.
Pero por último,
puedo cambiar el invierno en verano
y el agua en vino.
Si alguien me tocara el pecho,
bajo la lana de mi chaleco
palpita un puño extraordinario.
Si golpea a la derecha,
es un casamiento.
Si golpea a la izquierda,
se estremecen los espejismos.
¿Qué prodigios podría hacer con mi amor?
¿Quién se acostará ebrio en las noches festivas?

Una lavandería.
Las lavanderías.

Todo mojado.
Podría alegrarme de ver tantas pompas de jabón.
Miren
cómo desaparecen tornasoladas.
¿Quiénes son
las hijas del cielo y de la aurora?

Una panadería.
El panadero.
Hizo el pan.
¿Quién es el panadero?
Con harina dibuja un círculo y resulta una rosca.
Y de pronto
los panes
arquean sus lomos crocantes.
Él juega con los panes.
Todo en él es amor.

Una zapatería.
El zapatero.
Entra un mendigo y un canalla.
Les hace falta algún remiendo.
Miro
y a los guelles de las botas les hace falta un detalle.
Ya está coronado.
Es un príncipe,
alegre y hábil.

Soy yo que despliego el corazón como una bandera
y hago milagros en el increíble siglo XX.
Los peregrinos abandonaron su camino a la tumba del Señor.
Quedó desierta la antigua Meca de los fieles.

La vida de Mayakovski

Inquietos por el llanto de banqueros,
señores y señoras en su cubil
salieron,
haciendo sonar el oro.

"Si el corazón es todo en la vida,
para qué,
para qué se junta el dinero."
¿Cómo se atreven a cantar?
¿Quién les ha dado el derecho?
¿Quién les ordenó intimar con los días?
¡Encierren el cielo en cañerías!
¡Tuerzan la tierra en sinuosas calles!
Yo me vanagloriaba,
tengo manos.
Debería tomar el fusil
y no perder el tiempo con las caricias del verano.
¡Entonces no tiene remedio!
Así quedaré brusco y tajante como un erizo.
¡Lengua, escupe los chismes!
Acorralado en un rincón terrestre
arrastro mi yugo cotidiano
y en el cerebro suena implacable:
"la ley",
y en el corazón otra cadena:
"la religión".

La mitad de mi vida ya ha pasado y ahora no me libraré
de los mil ojos de la vigilancia del carcelero,
linternas, linternas, linternas...

Estoy prisionero.
¡No tengo salvación!
Prisionero de la tierra maldita.
A todos los bañaría con mi amor.
Y mi casa sería un Océano.

Grito...
y nada.
Suena el llavero.
Aparece la mueca del carcelero.
Arroja por la mirilla
un pedazo de carne podrida.

Lanzo una exclamación y luego una carcajada.
Delirio con delirio febril.
Suena encadenado a mis pies
el peso del globo terrestre.

Cerraron mis ojos,
con llave de oro.
No les hace falta un ciego.
Para siempre
estoy encerrado
en la oscuridad de esta novela sin sentido.

¡Abajo la carga pesada,
de las falsas invenciones!
¡Viva la rebelión de las musas condenadas!

Los que creen en los pavos reales,
si no son más que un invento de Brehem.
Los que creen en las rosas,
si son inventadas por ociosos botánicos,
transmitan de generación en generación
mi descripción impecable de la tierra.

Rompiendo el arco de los meridianos,
y de las latitudes del atlas,
cruzan espumantes
los francos
los rublos
los dólares
los yenes
y los marcos,
sonando su oro cambiante.

Se hunden los genios, los caballos, las gallinas,
se hunden los elefantes, los violines.
Las cosas pequeñas y grandes.
Y oigo el sonido pegajoso
en el oído,
en la garganta,
en la nariz, en todas partes:
"¡Socorro!"
Nadie oye este gemido inaccesible.

En el centro
de una alfombra rodeada de un fleco impasible,
cual una isla de flores,
está él,
el Vencedor Todopoderoso,
mi rival,
mi enemigo invencible.
De elegante pantalón rayado de seda,
con lunares delicados en sus finas medias,
la corbata de colores,
y el chaleco cruzado
por una cadena.

Todos se rinden a su alrededor.
Pero como en el cielo,
en honor de su raza claman:
¡Bra-a-vo!
¡Vi-i-va-a!
¡Urra-ah!
¡Ban-Zey!
¡Hoj!
¡Hip-hip!
¡Vive!
¡Osanna!

A los profetas los acusan de un poder atronador.
Son imbéciles.
Es que él lee a Locke.
Le gusta.
Sacude la barriga a fuerza de carcajadas,
y echan luces los dijes de su cadena de oro.
Quedamos mudos
escuchando de pie
la historia de Grecia.
Pensamos,
¿será posible,
dónde,
cuándo?
Pero al finado Fidias le ordenaron:
-¡Quiero,
mujeres corpulentas de mármol!
Son las cuatro,
es un buen pretexto:
-"Esclavos,
quiero almorzar de nuevo."
Y Dios, su fiel cocinero,
inventa faisanes de arcilla.
Se estira
y continúa la labor.
Modela una hembra hecha para el amor.
-"¿Quieres conseguir la estrella
más valiosa del firmamento?"
Y he aquí, para él,
una legión de Galileos asciende
a las estrellas por los ojos de los telescopios.
Se estremece el cuerpo de las revoluciones,
cambian los arrieros de nuevas tropillas humanas,
pero a ti dueño de corazones sin coronar,
no te arrasa ningún motín.

La pasión de Mayakovski

¿Escuchan?
¿Oyen el relincho de los caballos?
¿Oyen?
¿Oyen las bocinas de los automóviles?
Son los ciudadanos
que van de compras en el reinado de la abundancia.
Hay un desborde de gente
y yo voy perdido entre la multitud,
afligido y sollozante,
trato de mantener los frenos.
Pero me prendo de faldas y polleras.
¿Qué es eso?
¿Eres tú?
mientes fingiéndote una santulona.
Siento mi ojo enrojecido
como un farol rosado de una casa pública.
-¿Para qué te hago falta?
¡Espera!
Yo conozco alegrías más dulces.
Bajas con orgullo el bosque de tus pestañas.
¡Espera!
Te fuiste...
Allá, por encima de las cabezas está Él.
Le brilla el cráneo.
Tiene la calvicie lustrosa.
Brilla con resplandor.
En el dedo meñique
lleva en la última falange
un brillante sobre el dedo velludo.
Son tres pelos.
Ella se acercó,
se inclinó sobre su mano,
besándola con los labios,
murmurando:
"A un pelito lo llamaron "la flautita",
a otro le decían "la nubecita",
y al tercero, con resplandor increíble,
le bautizaron con otro nombre
recién inventado por mí."

(Traducción de Lila Guerrero).


martes, 16 de junio de 2020

"La cruz de piedra" - George Mackay Brown

En la madrugada, Havard avistó una colina en el Ulster.
"Un grado al oeste", dijo el timonel. "Allí está la colmena.
Allí está el árido reino de los zumbidos".

Navegamos dejando atrás cuevas, coromanes y barquillas.
Anclamos a mediodía bajo una cruz de piedra.

Bajaron criaturas a saludarnos
con cabezas curtidas, voces de insectos, manos levantadas.

Murmuraron "Madre", "Santa María", "Nuestra Señora"
pero esa anfitriona no se hizo presente.

El hermano Simón me llevó del mar a la roca.
Trazó una cruz de aire gris entre nosotros.

Se trataba de una casa solo para hombres.
Un niño se ofreció a secarnos la sal de nuestras frentes.

"Havard, es tiempo de comenzar".
Havard exhibió su hacha en la cara de un hermano.

Luego mujeres comenzaron a gruñir desde un peñasco más elevado.
Maldiciones y lamentos fúnebres gaélicos.

Una docena de eunucos cayeron junto al pórtico.
El niño hizo una gaviota con ambas manos.

Ingresamos en una cueva de cera y perfumes.
Mund tomó una copa de plata de un nicho.

Fríos campanilleos como de clavos,
no nos llevaron a nada - una costra, un charco escarlata.

Pronto esa colmena fue solo humo y viscosidad.

Trasladamos un buen botín hacia Skua.
El abate había llamado a ese tesoro "raciones para polillas".

Ocaso. Repartición de los bienes. La nota de un arpa.
De inmediato vagué hacia la piedra del sueño.


domingo, 14 de junio de 2020

Corazón de sábado por la noche

No queda tiempo
en la costa del barrio al sur
ni trueno sobrio:
bolsillo vacío,
baila el perro negro
baila
aceita las cadenas.
Apenas resistir
contener el aliento
perdido
perdido
pálido,
como el perro negro,
otro pésimo hielo
sacude el vaso
lámpara hueca,.
¿Para qué tanta luz?
K.O. técnico,
fuego raso
el océano no me quiere de regreso.
Me quedo hasta escuchar
el fin del relato
de la ropa en el suelo
y las nueve de la mañana,
lavando las lagañas en la pileta del patio
corrigiendo el error del espejismo.
Además, le dije,
soy un autor inédito
publico mis poemas en un blog gratuito
no tengo dinero,
el poco que tengo lo gasto en cerveza
y paraguas.
Cóntala de nuevo, dale
la mesa está muy quieta
falta risa, sobran vasos,
dale
no puede ser peor que esto,
peor es abusar del relato
contándolo tres veces
cuatro.
No puedo escapar
del sábado a la noche
de la mosca en el vaso
el sostén no se abre
el azúcar del café
la guiñada no vista
rastro perdido
dale
cóntala otra vez, estoy escuchando
no la voy a escribir, tranquilo
no es una historia tan buena
y además,
no estaba prestando atención.
Una fiebre golpea
igual al verano sin sombra
y la carretera sin límite de velocidad.
Y vos cómo lo sabés,
si esa parte no la leíste,
el voltaje de la audiencia es bajo
una ruta sin luz ni descanso
despatarrada en un escritorio de bar;
no conduzcas si estás muerto,
no conduzcas si estás muerto
ni tramoyes para impresionar a un ebrio en un bar.
Sacarme de esta mesa
es lo que dictamina el rayo
antes que caiga la noche
como un hacha ensangrentada.

Portada de "The heart of saturday night", Tom Waits (1975)


sábado, 13 de junio de 2020

Canto ajeno XIV

Ese verano, como un imbécil, me harté,

y senté a la belleza en mis rodillas:
es mejor que lo sepas por mí – le dije:
cada día,
cada noche contradigo el abrazo muscular de la placenta
(lo repito en cada vientre, en cada océano);
no sabrás nunca de los días ofrecidos a la tierra yerma
de las noches ofrecidas a la niebla
ni si hay días o noches o niebla o tierra yerma.
La herencia de mis ancianos, y de los ancianos antes de ellos,
es la receta de un engaño,
presenté mis respetos a un saber inservible,
Maquiné un plan perfecto hacia una muerte por agua
(la senda también se repetía).
La vela deslazada cae a cubierta sin vendaval,
el aire también se repite,
cada muelle desvencija un poco más la quilla.
Pero como ahora sé que la poesía es una broma,
sólo pienso encender una bengala en el fondo del Río de la Plata.
Frente al muro, desfiló el siglo completo:
no importa si éste o el anterior, no existe ni el tiempo ni sus inútiles apodos.
Y no proyectó sombra:
nada,
ni la guerra las cenas para microondas
la televisión García Márquez la canción del verano
Fra Angelico el primer Banco de Inglaterra el fútbol el porno
la tinta de mi impresora los Césares el humo que cubre el cielo
las tres carabelas Lou Reed cantándole a la heroína la cocaína
el Vaticano trescientos veinte gigabytes Guevara en mi remera de Dior
el éxodo del pueblo oriental el mayo francés y todos los mayos idénticos que le siguieron, no sirvieron de nada:
el reloj volvió sobre sí mismo y restauró el principio,
fue como no saber qué hice todo el día y que siempre
siempre
den las nueve.

miércoles, 15 de abril de 2020

Señales

Desde el eco
es suficiente.

Nada de faros
ni de luz que anuncia el cielo.
Razonable mente, da mala espina
la aguja en la hora.
Basta con la nube antes de la tormenta
o el convincente norte del abismo.

Sueño que arrastra
a tomar la noche por las riendas
donde una luna echa el diente
a la santa ley natural
de escuchar y repetir
otra voz de la magia
siempre en movimiento,
simple testimonio del vientre.

miércoles, 22 de enero de 2020

Los callos de Cenicienta

Hasta las doce
ni un minuto más
olvidate
vine parada en el bondi
ni un asiento libre
efectivo no saqué
y el Uber cobraba un huevo:
sábado a la noche, toda el reino al mismo castillo.
Olvidate
metí como burra todo el día
limpié
hice las compras
¿sabés lo que comen en casa esos ladillas?
¿y lo que se lava de ropa?
¿y el perro negro adentro del pecho
que no te deja respirar?
Olvidate, olvidate,
los zapatos los saqué en doce cuotas
el vestido lo hice yo
como si cada hilo costara un peso;
me hice una cola en el pelo
viendo un video en Youtube
y el perro negro ladraba
y un poco de base en la jeta para tapar los granos
un poco de rimmel de mi hermana
negro como el perro.
Olvidate
vine para irme cuando quiera
y bailar mientras pueda.
olvidate
no tenés idea
como apretan estos zapatos de mierda
otra de tantas
decisiones mal tomadas:
el alquiler de un mes
un pasaje a Floripa, fuera de temporada.
Olvidate,
o mejor dejá, me olvido yo
encima me quedan chicos
no hay magia, siempre me olvido
y dejo que el perro me muerda
no ladra siempre
pero yo lo siento
como al hambre cada día
un hacha afilada
un jornal mal liquidado
el perro sin su hueso
el dedo sangra
la ampolla estalla como una fruta podrida
los talones
las pantorrillas
mejor me olvido
mañana los limpiaré
para borrarles la huella de la noche
y mañana los vendo en Mercadolibre.

martes, 21 de enero de 2020

Estadio Centenario

No venía para acá
y estoy
en el silencio rectangular
curvado
por la correntada gargantual.
Amarilla:
falta en el borde del área es gol
pero no estoy.
Bolea noventa
no mira al costado.
Estoy,
pero me frenó el escudo
¿y si grito el gol de Rampla?
Imagino
si uno de esos veintidós
estuviera en mi lugar,
lapicera en mano
se vería mudo, página en silencio,
hormigón armado por encima de la voz
el nudo de plomo inmóvil del punto penal,
la laguna, una lágrima derramada frente al talud
y yo estoy
¿y si estuviera en el lugar
de uno de esos veintidós?
La tribuna que se silencia
en algún momento
como a veces lo imaginé
o no se calla nunca
se extiende
catarata cansada
de voces como arroyos
sumadas
incesantes
estallando con estrépito de polillas
una contra otra a favor del viento
trepando de café en café
recortando el trayecto de la pelota.
Estaría,
estoy viendo el partido
y escribo
escribo como otros juegan
es decir, también estoy jugando
y también el juego termina
se hunde en la fosa
la laguna
la lágrima derramada frente al talud
la pelota también se hunde en la fosa,
vuela de bolea
y al final
encuentra su red.


viernes, 1 de noviembre de 2019

Ciudad Vieja

El marco no permite
que la acuarela se derrame
y le frena el paso
entre cuatro míseros lingotes.
Luna diurna
cielo blanco recortado
nube recta recobrada.
¿Siempre es así?
¿De arriba hacia abajo?
El horizonte amparado en cruces
como un cementerio de acero.
¿Quién conocerá los sueños
de las cúpulas de las catedrales?
Las palomas son santos alados
que se cagan en los transeúntes.
El palacio Salvo
siempre guarda para sí una porción de la noche
durante el día,
y las ventanas de la torre del puerto
reflejan el mismo atardecer cada día.
La cuerda de tambores,
única melodía percutiente
se repite a sí misma
sin que se repitan los intérpretes,
quienes aguardan
que cambie la luz del semáforo
para avanzar en vanguardia desmembrada
a un sueño
que no será susurro.

domingo, 27 de octubre de 2019

Realidad aumentada

Fisuras en la realidad,
la copia se escurre por las grietas
la hora del espectáculo
es el tiempo del derrumbe.
Vemos las rocas
desplome
desplome
desplome.
Arrastran los pinos a su paso
y las madrigueras de las langostas;
se unen entre sí
más tierra
hojas muertas
osamenta y arena.
El mapa se borra,
terremoto del territorio.
Desde nuestra pantalla de bolsillo
la imagen HD del derrumbe.
no reconocimos el escenario
hasta que el primero de los guijarros
rebotó contra nuestra puerta.

lunes, 21 de octubre de 2019

Cut piece (Yoko Ono)

I
La mirada también muda
no solo la voz
se queda sin voz.
Sonriente,
se acerca al vestido negro
que rueda escenario abajo.
el único par de tijeras,
las múltiples manos.

II
Quieto, primero:
la quietud es piedra fundamental,
quien se mueve
no ve,
quien mira
no se mueve.
Girar la cabeza, máximo.
arriba del escenario o debajo,
desnudo o vestido:
encierra con el ojo la mirada,
revela el cuerpo la tijera
rasga el tejido la mano.


domingo, 20 de octubre de 2019

Todo esclavo

Todo esclavo,
todo esclavo
las hojas se vuelan con el viento
lenguas lamen lenguas
gritos frotan palabras;
todo esclavo, banda ancha
cobra el bronce, también el oro
no viene dios, solo Duda
hay crédito sin efectivo
todo austero,
esclavo nada.
Todo esclavo,
y emborracharse se estima en quinientos pesos
drogarse en cuatrocientos
volver a casa en doscientos más
(según bajada de bandera al día)
y tipo de cambio según vendedor
del último día hábil del mes pasado.
Todo esclavo,
todo dueño.
Blinda el centro, raspa el contorno
pule el cardumen al depredador
envuelve el bosque al alambrado
todo esclavo
mutila la venda, no el disparo
de cabeza sueña el policía
de sotana coge el cardenal
todo cárcel,
todo esclavo
rotundo ciclo eterno
de saciar el hambre y esperar al abismo.
Comparece el canciller, firma el decreto
libera el cheque, cierra frontera
paga a tres meses, deja el surco
todo esclavo,
todo wi fi.
Navega el espacio el teléfono
racismo cabe en el bolsillo también
cubre el cielo el predicador
sube el volumen la tele
todo esclavo,
todo esclavo
Yo también quiero escupir desde el balcón,
bien educado y más compatible,
hágase mi voluntad,
diferida y cruzada.
¿Ya estamos en el aire?
Tres mil dólares el minuto,
la luna enciende el paso del peatón
(esclavo de la luz
y no lo sabe)
por cadena nacional
corriente alterna
inflama el ciudadano continuo,
mañana será el muerto
del titular de hoy
(esclavo del miedo
y lo sabe).
Todo esclavo,
todo grafiti oficialista.
Crece la pena, crece el delito
todo esclavo, todo delito
la pena violada también es pena.
dame tu muerto, sicario
dame tu precio, sicario
(esclavo del muerto
simula no saber).
Suena el timbre,
¿cuánto querés?
Me vendiste ayer, dame diez,
te pago cinco,
dos son para el juez
(esclavo del código penal).
Todo esclavo,
todo rock liberal.
La noche es noche hasta el día
el cambio es defensa
el credo preside el recinto,
ley encomienda la pena
tenemos la cara pintada y bailamos
hasta el cuello, esto es solo el principio.
¡Todo esclavo del final,
todo esclavo!
Pero al final yace el principio
lo sabías y no dijiste nada
y era ahora
y el relato es ley
(esclavo del ataque).
Todo esclavo.


APLAUSOS

lunes, 7 de octubre de 2019

Instrumento (I & II)

I
¿Suena la mano
a través del instrumento?
Es el dedo que suena
o la cuerda
o el tímpano
la sílaba en ida y vuelta.
Pájaro en derrota
ignora si su trino sonó
o se tragó el canto la noche.
¿Cómo terminan mis manos cada día?
¿Cómo son mis manos
al día siguiente?
O fueron cambiadas por las de alguien
quien no soy yo
quien no tocó las mismas hojas
sobre las que estoy escribiendo.
Leeré esto mañana
y será escrita por una garra distante,
lengua libre
ojo que no duerme
y veré otras palabras
en las mismas escritas.
No leeré esto mañana
y estará aquí también;
el tiempo no borra la tinta
pero mueve palabras por el aire.
Leerá otro mañana,
dará con el clavo en el siglo
el rayo de sol en la alfombra
la raya de sueño en la cara,
ve con lupa las letras
sin mi voz para leer
y será lo mismo
sin mí
sin nada de mí en las palabras.
Danza sin ritmo
de signos cambiados
paso de baile retruena el salón
la madera del piso no es muda
habla con eco de pisada
como el poema
sin manos
habló.


II
No leas, mejor
no veas en mí las palabras
no estoy allí.
un poco, sí
pero no solo allí.
Ensayo,
simulacro,
el paso previo del auténtico;
el primer canto
fue antes un grito
una deuda
fue antes una promesa
dios
fue primero una letra
el poema
es antes un nombre propio.

Me atrevo a releer
y leo otra cosa
también leo silencio
(otra palabra)
el día en la noche
ceniza, poco más que ceniza
vuela, se pierde, se cae
pero la cantidad de ceniza suficiente
ciega los ojos, los pasos y el aire.
Me atrevo a releer
para mí, para otro, para diez,
y leo otra cosa
leo diez cosas a la vez
y me creo más yo por un rato
enredo el silencio,
lo rompo un instante
hasta que vuelve
otra vez
a caer.