sábado, 16 de noviembre de 2024

Cementerio inicial (1)

Nunca descansé,

tampoco dormí.

Algunos llamarán sueño a este pensamiento prolongado,

incesante, indomable.

Cerré los ojos del primer martillazo

hasta el último crujido de la madera,

campanada fértil

que vino a demostrar

el fin del tiempo

de esta eternidad.

No temí durante el sosiego,

mi nombre recorría de oriente a occidente

como un veneno robando la risa de niños y ancianos;

pero un emblema del olvido coronó mi tumba

cada uno de los días.

Di la última mirada hacia los días memorables

inmóvil bajo la cumbre de una piedra solitaria,

en pie hasta el ascenso del día.

Cuántas jornadas llevé allí, no las conté,

a salvo como estaba de las tormentas y el deleite.

No fui un hombre,

fui carne quieta.

¡Qué placer esta muerte!


***


Llega un nuevo enterrado vivo,

mientras los demás cuerpos estáticos

velan los despojos del continente,

una sombra

arremete con cerrazón de plomo

y anticipa la única noche eterna.

En vilo entre dos abismos,

me topé con la fosa

antes de la sepultura.

Los cuerpos orientados al oeste,

los tejidos disueltos en paralelo.

Toco mis ojos cautivos,

prensados bajo las tablas

-insistentes exactas sosegadas-

los protejo de una luz que no está allí,

una astilla nunca abandonó mis pupilas.

Me toco la cara, la boca,

la frente de nuevo,

escucho al mar palpitando a mi espalda.

En el hemisferio vecino, y en este,

remontan murallas flamantes

en millas a nuestra redonda;

reducen a lotes lo que eran praderas

y son las mismas murallas

desde antes de ser edificadas;

los agrimensores miden los campos linderos

amplifican el santo campo:

aún inmune,

todavía no creo que la muerte haya deshecho a tantos.


***


No se detienen los visitantes nocturnos,

entablados al nervio indolente

de los clavos de acero.

No se detienen:

están armados con palas

y uñas de metal.

Rajan la piedra silvestre,

atraviesan los mantos de granito,

destazan la corteza áspera,

alumbran los cráneos con linternas,

-por primera vez se reúnen con la luz-

desfloran su reposo de calcio,

los pulverizan a marronazos,

arrebatan los dientes de oro,

cercenan falanges,

liberan los anillos muertos,

reanudan el desfile de insignias humilladas,

y huyen:

temen más al hambre

que al saqueo del tiempo quieto.


***


Habito el hueco,

reino la clausura;

aquí no hay infinito

aquí se revive el infinito a cada instante

aquí el infinito es cada instante.

Respiro mi propio aire,

navego mi propio río.

No pienso

ni escribo

sobre mi propio sosiego:

defiendo con entusiasmo un conjuro secreto,

para burlarme del peso del mármol

(el maestro escultor que lo trabajó,

padre primigenio de la piedra,

era un artesano asiático

delicado cribador de arena

e ilusionista de caprichos occidentales,

escoltaba la forma a puñetazos,

y fue dueño de cuantos ojos se posaron en su obra).

Igual

el mármol se pulveriza,

es obra de hombres,

no de eternidad.

Es humana la forma,

vean al otro,

al de al lado,

aprieten la mano,

prémiense con el reflejo,

vean.

viernes, 26 de enero de 2024

Eminem

Siete am

sin fracción

ni sistema operativo

no pude escapar

me escondí

en un último grito

una vez mas

juego terminado, demente otra vez

círculo cerrado de nuevo

fuera de juego y de radares

suficiente daño multi platino

es turno del corredor ahora

diciembre deja el paso a enero

y en serie también 

lo que hacía falta era una canción en la radio

para recaer la recaída

y revolver la ruta de regreso

cortar camino por la ida

y alcanzar la cura 

antes del diagnóstico

no puedo respirar

respirar

y no vuelvo hasta estar mejor

hasta que se haya quemado hasta el suelo

y mi color vuelva a ser el rojo

la semana próxima 

kamikaze, a medio camino

entre Gandhi y Ozzy

perdiendo el sponsor

ganando al rival

bajo fuego enemigo, se forja el carácter

retirado también apunta

aunque no acierte

dispara, dispara, dispara

no consigo levantarme en hora

aullando al ridículo

porque todo es ridículo

desde el menor hasta el mayor

sin descanso

¿pero cómo me llamaba?

me olvido

no recuerdo

del fondo de la mente

el concepto más complejo

lo escribo y me olvido al segundo siguiente

pero lo recuerdo en el sueño

de la mano, 

del mazo,

dale

me pagan por hacer esto

aunque no rime,

concuerda

por lo menos concuerdo conmigo mismo

más de lo que cualquiera

me recuesto, me relamo

recorro el camino de vuelta

a veces cuenta como pesadilla, pero

se rompe la fiesta

se rompe la mente

sale un tiro, endereza o tuerce

dame el volumen

que digo qué en este mundo se tuerce también

lo decía en mi cuarto

en silencio

cuántos hay ahora oyendo

y cuántos días digo lo mismo

lo mismo

lo mismo

nada más que problemas

solo ojos marrones

y llamadas en cobro revertido

por cable,

tan fácil

me vuelvo sobre mí mismo

a leer esto en mi cuarto

a punto de romperlo todo

pero ya lo dije

no lo puedo romper

ni cultivar:

fingir sí

en mi cuarto y al micrófono

y decir más de lo que no dije

menos quizás

vamos a tener un problema 

antes de empezar,

y ya le digo adiós a Montevideo

adiós a Bella Unión

y a Los Angeles

en cadenas o sin ellas

nadie las ve

nadie ve las ciudades

nadie ve la cadenas

o la ofensa

o la referencia

el gasto superlativo

cada centavo bien gastado.

Marshall Mathers

jueves, 25 de enero de 2024

Nick Cave and the Bad Seeds

 Uno


¿En cuántas piezas

se parte una sonrisa?

Agujeros de polilla

en mi ropa de fiesta.

Ojos empañados,

mentiras regadas,

listas para florecer.


Dos


Supliqué ¡No!

Por favor ¡No!

A través de la noche,

¡no!


Tres


Respondo a mi nombre completo.

Tuve esposa.

Tuve dios.

Resguardé con danza

el manantial de espuma

de mi boca.


Cuatro


El Hijo bajó al suelo,

esperó y nunca subió.

Cruz y paredón: iguales.

Ante el agua

la mentira se alza elegante.


Cinco


Hijo,

¿en qué me has defraudado?

Si en ti llevaste la voz del cielo,

el testimonio del principio y los finales,

bajaste con la eternidad en un cáliz

con la antología de la salvación,

y sellaste toda culpa con una promesa.


Padre,

¿por qué lloran las mujeres

si no hay mañana?

¿por qué lloran los niños

si no hay fantasmas?

¿por qué lloran los hombres

si no hay naufragio?

¿por qué lloras tú

si no hay sepulcro?

Nick Cave con Warren Ellis

miércoles, 24 de enero de 2024

Nine Inch Nails

No llegaré vivo

a conocer la cura.

Roñoso recordatorio estar despierto:

rompecabezas

de piezas

que no encajan;

mejor modo offline.

Veo la que viene:

traspié de torero,

distracción de cirujano,

como si fuera real esta vereda

y no la otra.

Ya oí

todo cuanto necesitaba ignorar

y salí corriendo

de cuánto lugar

de cuánto lugar al que luché para entrar.

Cierra la puerta de la pista

vienen por más

vienen por todo

y durará para siempre.

Vieron que no todo estaba bien

y se quedaron,

cada vez más para siempre

Una más para el camino

y definir de una vez

el camino de vuelta.

No entiendo

prefiero no entender,

pierdo el foco,

veo a través,

desconecto,

soy la mitad de cuanto necesito

y sigo

cortando hueso y piel

desgarrando, mejor dicho;

no corta bien quién no se sabe lo que hace.

Esparce la infección

espanta la cura,

lejos de aquí ese remedio

cerca de aquí ese veneno.

No recuerdo cuando entré

el lugar no es el mismo,

y pensé que tenía más tiempo

creí en horas dobles

pero este martes es de celofán,

asfixia tanto plástico.

Mi juego es ser sincero,

el truco es mentir

una de las últimas chances

de permanecer offline

correo basura

llena casilla

papelera llena también,

extravié la cabeza en el camino.

¿Qué sabe el periodista anémico

del amor en la cárcel?

Marco estado “offline”

el círculo azul desaparece

estoy sin estar,

resguardo identidad restante

entre nombre de usuario

y contraseña.

Portada de "Ghosts"

martes, 23 de enero de 2024

The Doors

 UNO


¿Olvidaste las lecciones

de la antigua guerra?

Hablo de las fieras

desalojadas de sus jaulas

abandonadas al hambre y al frío,

despojadas del amor a la reja

y la caricia diurna del guardia.

El último nacimiento

es el sueño del liberto.


DOS


Te despediste

(nos despedimos)

y te fotografiaste

(nos fotografiamos)

con ímpetu de instante;

un albergue sin ladrillos

y galope de carcajada.


TRES


Empujaba la borrachera

hasta el desmayo,

cada noche.

Al final,

avistaba uno

de los nombres

del reino.


CUATRO


Día de cloro,

tarde de ceniza,

noche.


CINCO


La cara ciega

del anciano terrible

incapaz de fingir piedad.

The Doors en el show de Ed Sullivan

lunes, 22 de enero de 2024

The Who

I can see for miles


A la altura de la cara

tan cerca como los ojos,

cerca

tanto que contemplamos

en primer, en segundo

y en los planos que se te ocurran

la semilla

que ató las raíces en el ramaje.

Apostamos con el mazo a la vista,

reconocimos con cuidado cada surco

cada señal, cada marca en el cemento.

Las gotas estallando en la ventana

fue lo primero que vimos

cuando emparedamos los párpados

entrevimos vistazos observamos

castigamos con la vigilia

los lomos de los libros

de papel, piedra o arena.

Pupílea presencia permaneció,

las pieles dinamitando

resguardando los espías encubiertos

que divisan la absoluta imperfección.

Sin que me veas,

veo hasta el reverso de tus arterias,

la inmensidad de los cimientos en el aire

la lujuria lastimada por el silencio

tierra firme orbitando la guerra.

Así diviso resguardo seguro

de las manos en vela

y sigo, no puedo detener

las monedas del teatro de los días

cayendo desde el infierno a la ciudad

incendiando la llanura,

comprando hasta las galas.

Intentamos olvidar el descaro de los espejos

y no pudimos, no se puede

borrar como por descuido

la médula del fuego

lo sagrado de la niebla

la risa de la ropa en el suelo

los consejos que llegan desde otra orilla

resonando, saturando de ojos los oídos.

En vivo en Leeds

viernes, 10 de noviembre de 2023

"Barrow-on-furness" - Álvaro de Campos

Carta astral de Álvaro de Campos


V
¿Hace cuánto tiempo, Portugal, hace cuánto
vivimos separados? Pero el alma,
esta alma incierta, nunca fuerte o calma,
jamás te descuida, ni bien ni tanto.

Sueño, histérico oculto, un escondite vano...
¿Tánto? Sí, tanto relativamente,
Acabemos con esto y con todo lo demás:
el río Furness, que es el que aquí baña,
sólo irónicamente me acompaña,
que estoy parado y él corriendo tanto.

¡Vamos!, acabemos con las distinciones,
la sutileza, el intersticio, el entre,
la metafísica de las sensaciones:

¡Ah, qué ansia humana de ser río o muelle!


(¿1913?)


(Foto: Archivo de viajes)

domingo, 1 de octubre de 2023

"Los muertos" (finale); James Joyce (Dublineses, 1914)

     Gabriel se sintió humillado por el fracaso de su ironía y ante la evocación de esta figura de entre los muertos: un muchacho que trabajaba en el gas. Mientras él había estado lleno de recuerdos de su vida secreta en común, lleno de ternura y deseo, ella lo comparaba mentalmente con el otro. Lo asaltó una vergonzante conciencia de sí mismo. Se vio como una figura ridícula, actuando como recadero de sus tías, un nervioso y bienintencionado sentimental, alardeando de orador con los humildes, idealizando hasta su visible lujuria: el lamentable tipo fatuo que había visto momentáneamente en el espejo. Instintivamente dio la espalda a la luz, no fuera que ella pudiera ver la vergüenza que le quemaba el rostro.
       Trató de mantener su tono frío, de interrogatorio, pero cuando habló su voz era indiferente y humilde.
       -Supongo que estarías enamorada de este Michael Furey, Gretta -dijo.
       -Me sentía muy bien con él entonces -dijo ella.
       Su voz sonaba velada y triste. Gabriel, sintiendo ahora lo vano que sería tratar de llevarla más lejos de lo que se propuso, acarició una de sus manos y dijo, él también triste:
       -¿Y de qué murió tan joven, Gretta? Tuberculoso, supongo.
       -Creo que murió por mí -respondió ella.
       Un terror vago se apoderó de Gabriel ante su respuesta, como si, en el momento en que confiaba triunfar, algún ser impalpable y vengativo se abalanzara sobre él, reuniendo las fuerzas de su mundo tenue para echársele encima. Pero se sacudió libre con un esfuerzo de su raciocinio y continuó acariciándole a ella la mano. No la interrogó más porque sentía que se lo contaría ella todo por sí misma. Su mano estaba húmeda y cálida: no respondía a su caricia, pero él continuaba acariciándola tal como había acariciado su primera carta aquella mañana de primavera.
       -Era en invierno -dijo ella-, como al comienzo del invierno en que yo iba a dejar a mi abuela para venir acá al convento. Y él estaba enfermo siempre en su hospedaje de Galway y no lo dejaban salir y ya le habían escrito a su gente en Oughterard. Estaba decaído, decían, o cosa así. Nunca supe a derechas.
       Hizo una pausa para suspirar.
       -El pobre -dijo-. Me tenía mucho cariño y era tan gentil. Salíamos a caminar, tú sabes, Gabriel, como hacen en el campo. Hubiera estudiado canto de no haber sido por su salud.   Tenía muy buena voz, el pobre Michael Furey.
       -Bien, ¿y entonces? -preguntó Gabriel.
       -Y entonces, cuando vino la hora de dejar yo Galway y venir acá para el convento, él estaba mucho peor y no me dejaban ni ir a verlo, por lo que le escribí una carta diciéndole que me iba a Dublín y regresaba en el verano y que esperaba que estuviera mejor para entonces.
       Hizo una pausa para controlar su voz y luego siguió: -Entonces, la noche antes de irme, yo estaba en la casa de mi abuela en la Isla de las Monjas, haciendo las maletas, cuando oí que tiraban guijarros a la ventana. El cristal estaba tan anegado que no podía ver, por lo que corrí abajo así como estaba y salí al patio y allí estaba el pobre al final del jardín, tiritando.
       -¿Y no le dijiste que se fuera para su casa? -preguntó Gabriel.
       -Le rogué que regresara enseguida y le dije que se iba a morir con tanta lluvia. Pero él me dijo que no quería seguir viviendo. ¡Puedo ver sus ojos ahí mismo, ahí mismo! Estaba parado al final del jardín donde había un árbol.
       -¿Y se fue? -preguntó Gabriel.
       -Sí, se fue. Y cuando yo no llevaba más que una semana en el convento se murió y lo enterraron en Oughterard, de donde era su familia. ¡Ay, el día que supe que, que se había muerto!
       Se detuvo, ahogada en llanto, y, sobrecogida por la emoción, se tiró en la cama bocabajo, a sollozar sobre la colcha. Gabriel sostuvo su mano durante un rato, sin saber qué hacer, y luego, temeroso de entrometerse en su pena, la dejó caer gentilmente y se fue, quedo, a la ventana.
       Ella dormía profundamente.
       Gabriel, apoyado en un codo, miró por un rato y sin resentimiento su pelo revuelto y su boca entreabierta, oyendo su respiración profunda. De manera que ella tuvo un amor así en la vida: un hombre había muerto por su causa. Apenas le dolía ahora pensar en la pobre parte que él, su marido, había jugado en su vida. La miró mientras dormía como si ella y él nunca hubieran sido marido y mujer. Sus ojos curiosos se posaron un gran rato en su cara y su pelo: y, mientras pensaba cómo habría sido ella entonces, por el tiempo de su primera belleza lozana, una extraña y amistosa lástima por ella penetró en su alma. No quería decirse a sí mismo que ya no era bella, pero sabía que su cara no era la cara por la que Michael Furey desafió la muerte.
       Quizás ella no le hizo a él todo el cuento. Sus ojos se movieron a la silla sobre la que ella había tirado algunas de sus ropas. Un cordón del corpiño colgaba hasta el piso. Una bota se mantenía en pie, su caña fláccida caída; su compañera yacía recostada a su lado. Se extrañó ante sus emociones en tropel de una hora atrás. ¿De dónde provenían? De la cena de su tía, de su misma arenga idiota, del vino y del baile, de aquella alegría fabricada al dar las buenas noches en el pasillo, del placer de caminar junto al río bajo la nieve. ¡Pobre tía Julia! Ella, también, sería muy pronto una sombra junto a la sombra de Patrick Morkan y su caballo. Había atrapado al vuelo aquel aspecto abotargado de su rostro mientras cantaba Ataviada para el casorio. Pronto, quizá, se sentaría en aquella misma sala, vestido de luto, el negro sombrero de seda sobre las rodillas, las cortinas bajas y la tía Kate sentada a su lado, llorando y soplándose la nariz mientras le contaba de qué manera había muerto Julia. Buscaría él en su cabeza algunas palabras de consuelo, pero no encontraría más que las usuales, inútiles y torpes. Sí, sí: ocurrirá muy pronto.
       El aire del cuarto le helaba la espalda. Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida. Pensó cómo la mujer que descansaba a su lado había evocado en su corazón, durante años, la imagen de los ojos de su amante el día que él le dijo que no quería seguir viviendo.
       Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor. A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.

       Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Duda razonable

Puede ser
que la gravedad sea mentira,
la física nos mantuvo engañados,
tantos años de cabeza entre las nubes
de ojos vueltos a la niebla
que heredamos la ceguera en la sangre;
tanto que levantamos la frente
mientras alabamos la desgracia.
“Es soberbia una roca sepultada

Y la poesía suena igual al silencio”.
Tal vez
la manzana de Newton
se detuvo a la altura de la rama
el mono desciende del hombre
el mundo se creó en un mes
el sol, durante un año(o mil)
se desplaza soberbio desamparado
en torno a un planeta ridículo
que no Galilei, NO se mueve.

Hielo a cien centígrados,
la madera descorre al diamante
cuando la llama la abandona,
todo florece en invierno,
el verano desvanece la vida
la tierra, las alas, los espejos.



 

martes, 12 de septiembre de 2023

Vertical

La canasta básica debería incluir un paracaídas:
un anticipo para el día del desplome.
Hace falta,
por lo menos aplazar el cimbronazo inevitable.

Es lo mismo si son diez metros
o cuatro mil pies,
la caída sigue siendo vertical,
y de arriba hacia abajo.

El miedo jurásico al impacto
no desaparece con el último aliento al ras del piso.
Propongo demorar la caída libre
del abrazo incondicional del suelo;
a una distancia adecuada de la tierra,
sobrevivir equivale a cero.

Ni las nubes duran tanto en las alturas,
El agua que hoy es nube
Mañana es río de verano

Al barrilete, su pariente cercano, lo enlaza un hilo inflexible,
engaña cuando se mueve por el viento,
no es libre, ni un símbolo),

El albatros baja en picada a pescar
Su descenso es voluntario,
Un ejemplo majestuoso
para los que tiemblan frente al precipicio
y buscan el motivo para inclinarse ante el aire.

Aconsejo entonces una tregua ante la ley de gravedad,
que sea asunto del lastre del cuerpo
multiplicándose a cada centímetro 
y que la tela decida que todavía es ilusión
el salvaje último sueño
del abrazo de cemento.

Agosto 2012

lunes, 4 de septiembre de 2023

La bronca de Carolina - Toma 2

- ¿Y entonces?
- Cuando Carolina me dijo estúpido me borré. Tenía mis razones para haberle dicho lo que le dije, pero ella no para decirme estúpido. No es, por supuesto, el insulto que de por sí es una boludez, pero la manera en que lo dijo, entonando cada letra, como llenándose la boca con la palabra. Estoy seguro que fue su manera de escupirme, metafóricamente o no tanto, si me quedaba un minuto más ya veía venir el escupitajo o el vaso de cerveza en la cara. Una de las furias, pero vestida y con medias de encaje, después a la calle, solo, hasta me olvidé de la campera en la ropería, tengo que volver el martes de 18 a 20 para buscarla. Estaba como Clint cuando quería salir de Alcatraz; volví caminando hasta casa y como me quedaba el vinito empezado de la previa no me molestó demasiado el bajón. Adentro de la copa estaba la primera noche que pasamos juntos en casa. Fue a buscar el libro de Levrero que le secuestré con la intención de obligarla a ir a buscarlo algún día, tenía una etiqueta fina en la heladera desde la tarde. Le hablé del libro, puse el Desintegration, serví dos vasos, prendí velas, surtí aceitunas y piqué unos quesos como diciendo “vos seguís “, apagué la tele. Brindamos y la voz de Smith hizo el resto. Me cagué en la espontaneidad, pero ante las ganas de ponerla prima el resultado, máxime si estamos hablando de Carolina, ese sexo con método científico… pero volviendo al tema de anoche, habíamos hablado temprano y quedamos en vernos la semana que viene. Pues de golpe y sin avisar va y se aparece en el boliche, a medio tanque y con la Colombes y la Amsterdam por hemisferios cerebrales. Si era uno de esos días, no puedo asegurarlo, con Carolina todos los días son esos días; es como servir un vaso en la oscuridad, nunca se sabe cuándo es poco y cuándo es demasiado. De entrada enojo porque había salido y no había avisado. Aclaremos que la relación hasta este momento excedía a lo que Sistercio llama histeriqueus sin iusta causa. El planteo del célebre Latino es que cuando una relación alcanza cierto punto, cualquier bronca y/o arranque es justificable y en ocasiones comprensible aunque se deba a una bobada. Novius bancam, garches cierrat ortum, no recuerdo el hexámetro con certeza. En días de resaca no se grita ni se cita textualmente. Por ahora no la voy a llamar, tengo muy claro que no se intenta hacer un asado donde hace menos de doce horas hubo un incendio, no; además, según la escala de las peleas del primo de Richter, el de ayer fue un sismo medianamente fuerte, ponele un tres. Para darte referencias de la escala, son diez, siendo la menor no haberte querido ir de una fiesta cuando ella quería. Un diez es cuando te encuentra enfiestado con dos travestis en la cama matrimonial el día de su cumpleaños. Ojo, está claro como el cielo un día de verano que algunas peleas fortalecen la relación (como hay otras que las liquidan). Espero, deseo, aguardo que este incidente pasajero comparado con el dilema resuelto exalte el bienestar compartido. Es decir, el blanco no existe sin el negro, el universo está fundado en dualidades, oh mi amigo. De no ser por estas hermosas paradojas andaríamos desnudos por el cosmos, ¿acaso es concebible que exista el asado y no el tinto? Hay que desconfiar de un universo sin borrachos que putean a la iglesia un domingo a la mañana o sin niños que se esconden para hojear una Playboy. Mi choque con Carolina ayer tuvo un poco de necesidad de entender el conjunto a través de la separación de las partes; le intenté explicar que a veces las relaciones de pareja son como París, que hay como cuarenta puentes que te llevan al mismo lugar pero creo que no me entendió. Por eso me dijo estúpido.

                         "Lady Macbeth con los puñales"; Johann Heinrich Füssli; 1812. Tate Gallery, Londres.

viernes, 1 de septiembre de 2023

La bronca de Carolina - Toma 1

- Cuando Carolina me dijo estúpido me borré. Tenía mis razones para haberle dicho lo que le dije, pero ella no para decirme estúpido. No es, por supuesto, el insulto que de por sí es una boludez, pero la manera en que lo dijo, entonando cada letra, como llenándose la boca con la palabra. Estoy seguro que fue su manera de escupirme.
-Lo que de cierta manera hizo, metafóricamente hablando.
-No creas que tan metafóricamente, si me quedaba un minuto más ya veía venir el escupitajo o el vaso de cerveza en la cara. Una de las furias, pero vestida y con medias de encaje.
- Después lo perdí de vista, Licenciado.
-Hasta me olvidé de la campera en la ropería, tengo que volver el martes de 18 a 20 para buscarla. Estaba como Clint cuando quería salir de Alcatraz; volví caminando hasta casa y como me quedaba el vinito empezado de la previa no me molestó demasiado el bajón.
-¿Filosófico, como siempre?
-No, etílico esta vez. Ahora que lo pienso en sobrio, hasta cuando empezamos a salir estábamos tomados, es como un círculo que se cierra.
-Nunca contaste esa.
-Fue una noche en casa. Ella fue a buscar el libro de Levrero que le secuestré con la intención de obligarla a ir a buscarlo algún día.
-Sutil…
-Tenía una de etiqueta fina en la heladera desde la tarde. Le hablé del libro, puse el Desintegration, serví dos vasos, prendí velas, surtí aceitunas y piqué unos quesos como diciendo “vos seguís “, apagué la tele. Brindamos y la voz de Smith hizo el resto. Una velada ideal.
-Nada espontánea, pero ideal.
-Me cago en la espontaneidad si tengo ganas de ponerla. Máxime si estamos hablando de Carolina.
-Describí en tres palabras su lenguaje carnal.
-Inteligente, preciso, metódico. Sabio.
-Comprendo, Milord. Aunque por asociación también podría significar fríos, impasibles, reservados.
-Nada más lejos de la verdad; pero volviendo al tema de anoche, habíamos hablado temprano y quedamos en vernos la semana que viene. Pues de golpe y sin avisar va y se aparece en el boliche, a medio tanque y con la Colombes y la Amsterdam por hemisferios cerebrales.
-¿Era uno de esos días?
-Con Carolina todos los días son esos días; es como servir un vaso en la oscuridad, nunca se sabe cuándo es poco y cuándo es demasiado. De entrada enojo porque había salido y no había avisado.
-¿Pero cómo? ¿Acaso la seriedad de vuestra relación excede a lo que Sistercio llama histeriqueus sin iusta causa?
-No me es familiar el concepto…
-Lo que plantea el célebre Latino es que cuando una relación alcanza cierto punto, cualquier bronca y/o arranque es justificable y en ocasiones comprensible aunque se deba a una insignificancia. Novius bancam, garches cierrat ortum, no recuerdo el hexámetro con certeza. En días de resaca no se grita ni se cita textualmente.
-Lo nuestro estaba a medio camino de todo; ¿me prestás el libro?
-Es solo para iniciados. ¿La vas a llamar? Remember que no se intenta hacer un asado donde hubo un incendio.
-Seguramente que hoy no. Además, en la escala de las peleas del primo de Richter, el de ayer fue un sismo medianamente fuerte, un tres.
-No conozco la escala, dame referencias para ubicarme.
-Son diez, siendo la menor no haberte querido ir de una fiesta cuando ella quería. Un diez es cuando te encuentra enfiestado con dos travestis en la cama matrimonial el día de su cumpleaños.
-Clarísmo. Como el cielo un día de verano. Ojo que algunas peleas fortalecen la relación.
-Otras las liquidan. Me gusta pensar que la de ayer no fue el caso.
-En el caso que esto se solucione, este breve impass será recordado como un incidente pasajero que, comparado con el dilema resuelto realzará el bienestar compartido.
-Querés decir que el blanco no existe sin el negro.
-El universo está fundado en dualidades, amigo Antenor.
-Y complementos.
-De no ser por estas hermosas paradojas, estaríamos desprovistos de sentido, desnudos en el cosmos.
-Es como concebir un mundo sin asado con tinto.
-Sin Terminator y sin Duro de matar.
-Sin haber leído una Playboy a escondidas.
-Sin haberse mamado y puteado a la iglesia.
-O sin haber convertido un ceda el paso en un ceda el faso.
-Entonces, ¿por qué la pelea?
-Ahí estaba yo, meta sensatez y sentimientos tratando de transformar en fértil un encuentro destinado al combate y usó sin piedad un que soy yo para vos. Dudé un segundo en definir lo indefinible y fue suficiente para desatar la crisis.
-Una cuestión sin respuesta.
-Como existir…la cosa era formularla en tiempo y forma. Me cobró la indecisión con multas y recargos; es que mientras armaba un croquis de la relación lo tomó como un no sé que decir porque me chupa un huevo y la cosa explotó con ráfagas de más que una amistad y campos minados de (…). No es tan fácil ser un canalla en estos días en que cualquiera completa el círculo compadre, no se golpea y acaricia con la misma mano y menos cuando un segundo es demasiado tiempo, casos sobran y este fue uno ejemplar con poca luz y a las dos de la mañana…

      "Orestes acosado por las Erinias"; (William Adolphe Bouguereau, 1862)