Tiempo del mar
El mar se mueve en mí, incesante, tranquilo.
El mar avanza al borde de los ojos desiertos
sin las cosas que amaban. Adonde vuelvo, vuelve
entre olas de azul quemado, como el alba
de mis desastres. Tuvo su imperioso color
la espada que subió del filo de una puerta,
y oblicuamente firme su brillo dividía
el corazón sin mengua, en la ignorancia entero.
Diez años y diez años después la espada sube
en azul de tormenta. Adonde vuelvo, vuelve
y la punta del día con ella me acaricia. .
Aunque mis sueños trenzan sus coronas de abetos
para las fiestas de los que duermen,
no las puedo alcanzar ni me llegan sonidos,
voces ni letanías de brasas y de fuentes. ..
Con otros ojos sigo las huellas de mi ausencia
y el color de la llama en chamuscados bosques
donde los ojos míos ya no quieren mirar.
Sin sueños el desvelo y desvelado el sueño,
adonde llego, sólo llega el mar que no duerme,
y su fría embriaguez vela por la apagada
lengua de fuego ardiente en pasados otoños.
La demente
La precisión de mis males
se extiende a las cosas vagas
por noches agotadoras
he jugado con las máscaras
y he buscado la fatiga
como si buscara el agua
ni siquiera alguna muerta
acedía me llegaba.
Entre mi sombra y yo misma
crece tenebrosa planta
doy vida a lo intolerable
en mi visión prolongada
la noche prosigue idéntica
sobre el reverso del alba.
La demente canturrea
dicen que no tengo nada
sin los vapores del vino
de las olas apagadas
acaso el baile del humo
en las hogueras ya lánguidas
de los pastos otoñales.
Repiten ella divaga
yo digo que hay una línea
por los puntos generada
y hay un punto entre los puntos.
La demente canturrea
dicen que no tengo nada
sin los vapores del vino
de las olas apagadas
acaso el baile del humo
en las hogueras ya lánguidas
de los pastos otoñales.
Repiten ella divaga
yo digo que hay una línea
por los puntos generada
y hay un punto entre los puntos.
La demente ya no canta
canturrea canturrea
dicen que no tengo nada
son aspectos de las nubes
que largamente miraba.
Tres horas para una nube.
Bocas cegadas
de los pozos en mi voz
repentinamente callan
cosas iguales se vuelven
para mí las nubes altas
y el muro bajo.
Todos dicen: anda y anda
digo que estoy detenida
aunque confíe a la acacia
lo que dije al abedul,
aunque al almendro contara
lo que no sabe el abeto
y despacio me quejaba
a la melancolía del campo
y a la de secreta lana
que es flor de tapicería.
La demente ya no canta
ni siquiera canturrea
aunque aquí nadie descansa
y es desconocido el sueño,
sueño que estoy transformada
en alguien que apenas vive.
Huyo de las asonancias
del péndulo y de la fuente
que a lo lejos me desgarran
cinco veces cada noche.
Años y años escuchaba,
cristal antiguo del péndulo
y sus dientes me señalan
un tiempo que recomienza.
La demente ahora calla
mira un punto mira un punto
y luego un clavo que avanza
simple y rotundo con furias
diversas y forma exacta,
es clavo de sordidez
que una noble mano planta.
Tiempo de la resina
Hay un sendero corto, hay un sendero corto
entre la mirra oculta de los pinos
la que en el aire nuevamente bebo
y el perfume caído en la memoria mía
y nunca derramado, hay un sendero corto.
No lo puede cruzar, no lo puede cruzar
este presente sueño tocado por mis manos
que cien sueños de ausencia modelaran…
Aquí la unión del labio y su lejana hierba,
de la resina viva y mi deseo último
de sentirla de nuevo, el que apenas cabía
en la encogida noche, la noche sin espacio
para el aire, las caras y las hojas…
Ya sigo a la resina transverberada y ágil
donde un sol escondido irradia y quema
su inagotable vino y por él se confunden
el olor del follaje fresco y su propia llama,
como si caminaran juntos en la raíz
de un pino adolescente, se hacen imo y siguen.
Avanza la resina en el viento del mar.
Por la más lenta apresurado el viento,
ligeramente sigue y se transforma en ella
como el aire del labio en el aire del labio
el uno por el otro una vez nada más.
Busco el sabor antiguo que cien veces gustado
en las hojas de nuevo sorprendía
y tibio como el ámbar rodeaba el joven cuello…
Ahora a la arboleda detenida ya vuelvo
y el perfume camina en lugar mío
y la transporta V la abandona entera
cada vez más secreto. Quizá a la medianoche
entre las piedras vuelva a encender el silencio
y hasta el oscuro aroma yo pudiera llegar
si estrechara mi sombra los veranos no vistos
hacia los cuales vino a tientas y sin mi.
Alguien me dejó sola delante de las hojas
como delante de una muerte que no fue mía
y empecé a caminar buscando nuevos nombres
para las mismas hojas.
En ellas respiré la entera vida
en ellas desde lejos la muerte respiraba.
¡Si yo pudiera ir hasta el oscuro aroma
y respirar en ellas otra vez
la inocencia del gozo y la melancolía,
de una violenta vida, anticipada muerte!
Sólo me acercaría a la resina viva
si pudiera cruzar en medio de la noche
este sendero corto atravesado
por un tronco marchito como una vieja seda.
Rosa de todos
Soy el que duerme lejos sin figuras
soy el que apenas sueña que no sueña
y en el declive de las olas vagas
de una niebla que ignoran los caminos
de la memoria, espera
hasta encontrar una segura rosa
hija y madre del día
corona para la paciencia antigua
del que dormía en las abiertas rocas
por donde se despeñan incesantes
iguales formas sin llegar al sueño.
Rosa excesiva la del sueño
arde arde su piel de flor crepuscular
arde como la infancia de la rosa
y la primera rosa de mi infancia
la rosa de alto pie
entre tapias por ella defendidas
se mueve a la distancia como el agua.
Flor sostenida en una mano, vino
como si caminara paso a paso.
Busco la rosa en medio de las rosas
y la mano en mi mano.
Soy el que duerme lejos sin figuras
el que no mira y sin embargo ve
súbitamente la imprevista rosa
del color de sí misma, nada más
rosa de todos que es la rosa mía.
Entre la orilla clara de sus pétalos
y las moradas islas,
empiezan lentos ríos de colores.
Fulge la aguda la amarilla rosa,
la de clavadas puntas en el humo
que nubla los colores de la llama,
la que retiene el oro en la ceniza.
La grave y roja sale de la noche
aligerada en lilas: lentamente
precede a la mañana;
la moribunda viva rosa blanca
se inmoviliza en un jardín de escarcha
y para siempre duramente brilla.
En algún tiempo que los sueños miden
con más rigor que el tiempo de la rosa,
tocan rápidos labios
los encendidos y apagados días.
Ya vuelve la corola dispersada
vuelve a su planta y su raíz de niebla
y en las cenizas de su piel respiro
el aire y la violencia de una rosa
hace un instante abierta.
Salen del sueño apresurados labios
en busca de una flor
y entre la niebla niebla y ya sin aire,
siguen los pasos de una libre flor.

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