La lámpara
Más tarde cuando nada deseaba
pasión de ausencia he conocido
en la memoria de mi deseo
del albedrío que nunca obtuve.
Ahora que no tengo sed y todo gesto
ya se reduce a no hacer ruido en las tinieblas
esta nostalgia del albedrío de alguno, vuelve.
Despacio oscila alrededor como una lámpara
y todavía por ella sé que el fuego existe.
Amanecer
Sé que ella avanza
adonde nadie sabe de olas ni praderas
para los juegos
de la impaciente luz.
Sigue en secreto, sola y sin ser precedida
hasta el final de corredores
interminables y repetidos,
a través de hendiduras
de puertas ya cerradas por la sombra en el día,
sin rumor, sin espacio
ella se estira hasta llegar
adonde apenas encuentra muros.
Sola, sin pájaros ahora, sé
que rectamente avanza
en la alegría, el mudo canto
es canto de alborada.
Avanza sin error en busca del espejo
ya sin figuras oscurecido
antes de las tinieblas
y en los biseles estrechos, últimos,
un filo breve la acoge y brilla.
Voz del canto
Tú, la arbitraria y la primera
orden y fuego de la palabra
en la fatiga embriaguez última
desde el principio yo te escuchaba. . .
Y con mi sola voz yo te digo:
en lo violento siempre esperada,
fue tu violencia violencia mía
para estar sola, sin esperanza
hube de ir al aire inmóvil
adonde sé que nadie llama
adonde sé que no me llevas
a laberintos de la palabra. . .
En la memoria y en el olvido,
tú, la primera y la arbitraria.
En otro tiempo iba y venía
tu juego semejante a los juegos del mar.
Al borde de tu ausencia soñaba que volvías
y para retenerte con el habla
había que andar y andar de nuevo
hacia el opuesto lado de una sombra más larga
que mi estirada sombra.
Viví los años de la memoria
retirada de mí,
empecinada en unir algo
que estaba dividido,
buscando alguien que no era el mismo
y ya nada sabía de mi vieja ansiedad.
Sin descansar iba y venía
yo despertaba en una y soñaba con otra
a través de ciudades simultáneas y opuestas.
En la primera mitad de la noche
un hilo de frescura, un hilo de fulgor
bastaba a la alegría de buscar las figuras
agazapadas detrás de mis ojos.
Desdoblamiento
Desde los manantiales
de las tinieblas la angustia mía desborda y sube,
hasta entregarme al nuevo día
como a la punta de nueva espada.
Triste es lo cómico, eficaz el demonio ingenuo.
Vuelve la reina de pie de cabra bajo la púrpura
a los viejos tinglados.
Soy la que sigue en la gramilla
los pasos de Analisa
soy la que gira sobre sí misma.
Si la más diestra se entorpeciera
si la más rápida se rezagara
aunque lo atroz tome el lugar del aire en mí,
sabría respirar.
Pero ya sigo hasta el final de la jornada
sin poder elegir.
Otoño mi jardín
Otoño mi jardín
blanco es el hongo como el jazmín
otoño mi señor
busco tu cara en el color
busco en lo blanco tu nueva cara,
quieta con las lagunas
amenazadas, ardiente y clara
se anula y alza entre las dunas.
Es la cara violenta
del aire apresurado
en la rápida menta,
del aire demorado
en la resina lenta.
Otoño mi señor
ya busco el fuego en tu color
o es solamente color del fuego.
Soñoliento andariego
de bosque en bosque de mar en mar
busco tus nuevos modos
de aparecer y cabalgar
con los otoños todos
sobre las alas de las gaviotas
cercanas y remotas.
Detengo el paso junto a la ría
para que un pájaro beba la fría
lengua del agua y aún no salga
de todos los otoños
en este último si cabalga
aparta el ala de la blancura
y elige el ala oscura.
Color de cuervo el ala aciaga.
Y todos los otoños
en éste que me embriaga
y me defiende de los otoños.

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