lunes, 5 de octubre de 2026

Susana Soca - cinco poemas

La lámpara


Más tarde cuando nada deseaba

pasión de ausencia he conocido

en la memoria de mi deseo

del albedrío que nunca obtuve.


Ahora que no tengo sed y todo gesto

ya se reduce a no hacer ruido en las tinieblas

esta nostalgia del albedrío de alguno, vuelve.

Despacio oscila alrededor como una lámpara

y todavía por ella sé que el fuego existe.


Amanecer


Sé que ella avanza

adonde nadie sabe de olas ni praderas

para los juegos

de la impaciente luz. 


Sigue en secreto, sola y sin ser precedida 

hasta el final de corredores 

interminables y repetidos, 

a través de hendiduras 


de puertas ya cerradas por la sombra en el día, 

sin rumor, sin espacio 

ella se estira hasta llegar 

adonde apenas encuentra muros. 


Sola, sin pájaros ahora, sé 

que rectamente avanza 

en la alegría, el mudo canto 

es canto de alborada. 


Avanza sin error en busca del espejo 

ya sin figuras oscurecido 

antes de las tinieblas 

y en los biseles estrechos, últimos, 

un filo breve la acoge y brilla. 


Voz del canto


Tú, la arbitraria y la primera

orden y fuego de la palabra

en la fatiga embriaguez última

desde el principio yo te escuchaba. . .

Y con mi sola voz yo te digo:

en lo violento siempre esperada,

fue tu violencia violencia mía

para estar sola, sin esperanza


hube de ir al aire inmóvil

adonde sé que nadie llama

adonde sé que no me llevas

a laberintos de la palabra. . .

En la memoria y en el olvido,

tú, la primera y la arbitraria.


En otro tiempo iba y venía

tu juego semejante a los juegos del mar.

Al borde de tu ausencia soñaba que volvías

y para retenerte con el habla

había que andar y andar de nuevo

hacia el opuesto lado de una sombra más larga

que mi estirada sombra.


Viví los años de la memoria

retirada de mí,

empecinada en unir algo

que estaba dividido,

buscando alguien que no era el mismo

y ya nada sabía de mi vieja ansiedad.


Sin descansar iba y venía

yo despertaba en una y soñaba con otra

a través de ciudades simultáneas y opuestas.

En la primera mitad de la noche

un hilo de frescura, un hilo de fulgor

bastaba a la alegría de buscar las figuras

agazapadas detrás de mis ojos.


Desdoblamiento


Desde los manantiales 

de las tinieblas la angustia mía desborda y sube, 

hasta entregarme al nuevo día 

como a la punta de nueva espada. 


Triste es lo cómico, eficaz el demonio ingenuo. 

Vuelve la reina de pie de cabra bajo la púrpura 

a los viejos tinglados. 


Soy la que sigue en la gramilla 

los pasos de Analisa 

soy la que gira sobre sí misma. 


Si la más diestra se entorpeciera 

si la más rápida se rezagara 

aunque lo atroz tome el lugar del aire en mí, 

sabría respirar. 

Pero ya sigo hasta el final de la jornada 

sin poder elegir.


Otoño mi jardín


Otoño mi jardín

blanco es el hongo como el jazmín

otoño mi señor

busco tu cara en el color

busco en lo blanco tu nueva cara,

quieta con las lagunas

amenazadas, ardiente y clara

se anula y alza entre las dunas.

Es la cara violenta

del aire apresurado

en la rápida menta,

del aire demorado

en la resina lenta.


Otoño mi señor

ya busco el fuego en tu color

o es solamente color del fuego.

Soñoliento andariego

de bosque en bosque de mar en mar

busco tus nuevos modos

de aparecer y cabalgar

con los otoños todos

sobre las alas de las gaviotas

cercanas y remotas.


Detengo el paso junto a la ría

para que un pájaro beba la fría

lengua del agua y aún no salga

de todos los otoños

en este último si cabalga

aparta el ala de la blancura

y elige el ala oscura.

Color de cuervo el ala aciaga.

Y todos los otoños

en éste que me embriaga

y me defiende de los otoños.

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