sábado, 3 de abril de 2021

"El sermón del fuego" - T.S. Eliot (La tierra baldía, 1922)

 III. EL SERMÓN DEL FUEGO [39]

 

El dosel del río se ha roto; los últimos dedos de follaje

tratan de agarrarse y se hunden en la orilla húmeda. El viento

atraviesa desoído la tierra parda. Las ninfas se han ido.

Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe[40].

El río ya no lleva botellas vacías, papel de bocadillo,

pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas

ni otros testigos de noches de verano. Las ninfas se han ido.

Y sus amigos, vagos herederos de ejecutivos de la City[41]

—se han ido y no han dejado señas.

En la orilla del Leman me senté y lloré[42]…

Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe,

fluye suave, dulce Támesis, pues no hablo alto ni extenso.

Pero a mi espalda en un golpe frío oigo[43]

un estallido de risa muda y la percusión de huesos.


Una rata se deslizó en la vegetación

fregando el vientre viscoso en la orilla

mientras estaba yo pescando en el canal sombrío

una tarde de invierno ahí tras la fábrica de gas

pensando en el naufragio de mi hermano el rey

y en la muerte de mi padre el rey antes de él[44].

Blancos cuerpos desnudos en el suelo bajo y húmedo

y huesos echados en un desván seco y exiguo

cada año revueltos por pasos de rata tan solo.

Pero a mi espalda de vez en cuando oigo[45]

el fragor de bocinas y motores, que en primavera[46]

llevarán a Sweeney[47] con Mrs. Porter.

Cómo brillaba la luna en Mrs. Porter[48]

y en su hija

los pies se lavaban con agua de soda

Et O ces voix d’enfants, chantant dans la coupole[49]!

 

Twit twit twit[50]

Yag yag yag yag yag yag

Tan brutalmente forzada.

Tereo

 

Ciudad irreal

bajo la neblina sepia de un mediodía de invierno

Mr. Eugenides, el mercader de Esmirna

sin afeitar, con un bolsillo lleno de pasas[51]

(C.i.f[52]. Londres: documentos a la vista),

me propuso en un francés demótico

comer en el Cannon Street Hotel

y pasar luego un fin de semana en el Metropole.

 

En la hora violeta, cuando los ojos y la espalda

se levantan de la mesa, cuando el motor humano aguarda

como un taxi resollando en espera,

yo, Tiresias, aunque ciego, resollando entre dos vidas[53],

viejo con arrugados pechos de mujer, puedo ver,

en la hora violeta, la hora del atardecer que se afana

hacia casa, y a casa devuelve del mar al marinero[54],

a casa la secretaria para el té, que prepara el desayuno, enciende

el fogón y saca comida enlatada.

En la ventana se tienden peligrosas

sus combinaciones, secándose con el último sol,

se apilan en el diván (cama, de noche)

medias, zapatillas, camisas y sujetadores.

Yo, Tiresias, viejo de arrugadas tetas,

contemplé la escena y predije el resto

—aguardaba también al huésped anunciado.

Él, joven forunculoso, llega,

empleado de una pequeña agencia, con mirada altiva,

uno de esos advenedizos tan arrogantes

como un sombrero de copa en un nuevo rico de Bradford.

El momento es ya propicio, imagina,

la cena terminada, ella aburrida y cansada,

intenta atraerla con caricias

que si bien no desea, aún no rechaza.

Sofocado y decidido, se abalanza de golpe;

las manos exploran sin obstáculo,

su vanidad no requiere respuesta

y acepta con gusto la indiferencia.

(Y yo Tiresias todo lo he sufrido de antemano,

todo lo ocurrido en esta cama o diván,

yo que me senté a los pies del muro de Tebas

y caminé entre los muertos más profundos).

Concede un último e indulgente beso,

busca a tientas la puerta, no hay luz en el rellano…

 

Ella se vuelve y se mira un momento en el espejo,

apenas consciente del amante que se aleja;

su mente consiente medio pensamiento:

«Bueno, ya está: me alegro de que haya pasado».

Cuando bella mujer pierde la cabeza[55]

y pasea luego por su cuarto a solas,

se alisa el pelo sin darse cuenta

y pone un disco en la gramola.

 

«Me seguía esa música sobre las aguas[56]»

y a lo largo del Strand, Queen Victoria Street arriba.

Oh, ciudad, ciudad, oigo a veces

al lado de un pub en Lower Thames Street

el dulce lamento de una mandolina

y el ruido y la cháchara adentro

donde los pescaderos se distraen a mediodía: donde los muros

de Magnus Martyr albergan[57]

un misterioso esplendor de jónicos blanco y oro.

 

                        El río suda[58]

                        aceite y brea

                        las barcas derivan

                        con el cambio de marea

                        velas rojas

                        grandes

                        a sotavento, ríen en el mástil.

                        Las barcas barren

                        troncos flotantes

                        Greenwich Reach abajo

                        la Isle of Dogs pasada.

                                     Weialala leia

                                     Wallala leialala

 

                        Elizabeth y Leicester[59]

                        batiendo remos

                        la popa formaba

                        una concha dorada

                        rojo y oro

                        el agua picada

                        en las ribas olea

                        viento del sudoeste

                        corriente abajo engolfaba

                        el repique de campanas

                        torres blancas

                        Weialala leia

                        Wallala leialala

 

«Tranvías y sucias ramas.

Highbury me alumbró. Richmond and Kew[60]

me deshizo. En Richmond me alcé de rodillas

supina en el fondo de una estrecha canoa».

 

«Tengo los pies en Moorgate y el corazón

bajo los pies. Tras el suceso

él lloró y prometió “un nuevo comienzo”.

No hice ningún comentario. ¿A qué reprochárselo?»

«En Margate Sands.

No puedo conectar

nada con nada.

Las uñas rotas de manos sucias.

Mi gente sencilla gente que no espera

nada».

la la

 

Vine entonces a Cartago[61]

 

Ardiendo ardiendo ardiendo ardiendo[62]

Oh Señor tú me arrancas[63]

Oh Señor tú arrancas

 

ardiendo


(Traducción de Agustí Bartra i Lleonart, 1977)


NOTAS

[39] El título, como indica Eliot en su nota al verso 308, procede de un sermón de Buda con el mismo título.

[40] Véase Spenser, «Prothalamion». (N. del A.)

Eliot concreta el origen de este verso en el «Prothalamion» (1596) del poeta isabelino Edmund Spenser (1552-1599), un epitalamio —un canto nupcial— donde se reitera «Sweet Themmes run softly, till I end my Song» («Dulce Támesis, fluye suave, hasta que mi canción acabe.»).

[41] La City es el distrito financiero de Londres, de ahí que deje la denominación original.

[42] Probablemente un eco del Salmo 137:

junto a los ríos de Babel

estábamos sentados y llorando, recordando a Sión.

[43] Según indica Eliot en su nota al verso 196, esta imagen procede del poema «To His Coy Mistress» («A su recatada amante») del poeta metafísico Andrew Marvell:

But at my back I always hear

Time’s winged charriot hurrying near.

 

Que puede traducirse como:

Tero a mi espalda no dejo de oír

cómo el alado carro del tiempo acecha.

[44] Compárese con La tempestad, I, ii. (N. del A.)

Eliot señala de nuevo La tempestad, ahora el momento en que Fernando (I, ii, 388-393) oye por primera vez las canciones de Ariel y piensa en el naufragio de su padre Alonso, rey de Nápoles:

Where should this music be? I’ the’air or th’ earth?

It sounds no more; and sure it waits upon

Some god o’ th’ island. Sitting on a bank,

Weeping again the King my father’s wrack

This music crept by me upon the waters,

Allaying both their fury and my passion

With its sweet air.

 

Doy la versión de Marcelo Cohen y Graciela Speranza en Shakespeare, Obra completa IV, Romances, Debolsillo, Barcelona, 2012, p. 621:

¿De dónde viene esta música? ¿De la tierra

o el aire? No se oye más; y seguramente sirve

a un dios de la isla. Sentado en un ribazo,

llorando el naufragio de mi padre, el rey,

esta música onduló por las olas hasta mí,

mitigando a un tiempo con dulzura

su furia y mi pasión.

[45] Compárese con Marvell, «Το His Coy Mistress». (N. del A.)

[46] Compárese con Day, Parliament of Bees:

Cuando atento escuches de pronto

un ruido de cuernos y caza, que traerá

a Acteon con Diana en primavera,

cuando todos verán su piel desnuda…(N. del A.)

En su nota a este verso, Eliot nos remite al poema The Parliament of Bees (El parlamento de las abejas, 1641) del poeta isabelino John Day (1574-1640).

[47] Sweeney es uno de los personajes cómico-sórdidos, habitual de los prostíbulos, de la poesía anterior de Eliot, en concreto aparece en «Sweeney Erect» y «Sweeney Among the Nightingales» (Poems, 1920, un libro intermedio entre Prufrock y La tierra baldía). Aquí la relación de Sweeney con Mrs. Porter, probablemente dueña de un prostíbulo, parece una actualización irónica del mito de Diana y Acteón, aludido en el poema de Day. Acteón espió a Diana cuando se bañaba desnuda en un bosque y, como castigo, la diosa lo convirtió en ciervo y lo persiguió con una jauría de perros hasta despedazarlo. Lo cuenta Ovidio en las Metamorfosis (III, 198-252).

[48] No conozco el origen de la balada de la que proceden estos versos: me la refirieron como procedente de Sidney, Australia. (N. del A.)

[49] Véase Verlaine, Parsifal (N. del A.)

Como indica Eliot, se trata del último verso del soneto de Paul Verlaine titulado «Parsifal» (1886) y se puede traducir como: «Ah y esas voces de niños cantando bajo la cúpula».

El poema hace referencia a Parsifal (1882), la ópera de Richard Wagner basada en el poema épico de Wolfram von Eschenbach sobre el mito artúrico del caballero Perceval y el Rey Pescador. Véase al respecto la nota sobre el título del poema.

[50] Eliot vuelve a recordar el canto del ruiseñor y la violación de Filomela. El término inglés twit, que se refiere al piar o al gorjeo de un ave, está suficientemente extendido en nuestra época como para tener que traducirlo por un embarazoso «pío pío» o «chui chui».

[51] El precio de las pasas incluía «coste, seguro y transporte hasta Londres»; y el conocimiento de embarque, etcétera, se daba al comprador después del pago de un giro a la vista. (N. del A.)

[52] C.i.f. es el acrónimo inglés de «cost, insurance and freight» (coste, seguro y cargamento), utilizado para el transporte de bienes.

[53] Tiresias, aunque es un mero espectador y no propiamente un protagonista, es no obstante el personaje más importante del poema y el que vertebra a todos los demás. Del mismo modo que el mercader tuerto, vendedor de pasas, se confunde con el marinero fenicio, y éste no se diferencia del todo de Fernando, príncipe de Nápoles, todas las mujeres son una sola mujer y ambos sexos se reúnen en Tiresias. Lo que ve Tiresias es, de hecho, la sustancia del poema. El pasaje entero de Ovidio tiene un gran interés antropológico:

… Cum lunone iocos et «maior vestra prefecto est

Quarn quae contingit maribus», dixisse, «voluptas».

Illa negat; placuit quae sit sententia docti

Quarere Tiresiae: Venus huic erat utraque nota.

Nam dúo magnorum viridi coeuntia silva

Corpora serpentum baculi violaverat ictu

Deque viro factus, mirabile, femina septem

Egerat autumnos; octavo rursus eosdem

Vidit et «est vestrae si tanta potentia plagae»,

Dixit «ut auctoris sortem in contraria mutet,

Nunc quoque vos feriam!» percussis anguibus isdem

Forma prior rediit genetivaque venit imago.

Arbiter hic igitur sumptus de lite iocosa

Dicta lovis firmat; gravius Saturnia iusto

Nec pro materia fertur doluisse suique

ludicis aeterna damnavit lumina nocte,

At pater omnipotens (neque enim licet imita cuiquam

Facta deifecisse deo) pro lumine adempto

Scire futura dedit poenamque levavit honore. (N. del A.)

Según quiere la leyenda, un día Tiresias vio a unas serpientes apareándose, las golpeó para apartarlas y de pronto se convirtió en mujer. Siete años más tarde hizo lo mismo con otras serpientes y volvió a ser un varón. Al haber encarnado los dos sexos, fue solicitado para mediar en una discusión entre Hera y Zeus —Juno y Jove en Roma— acerca de quién gozaba más, si el hombre o la mujer. Tiresias contestó que la mujer sentía mucho más placer. Hera, indignada, le dejó ciego, pero Zeus le compensó otorgándole el don de la profecía. Desde entonces, Tiresias es un mediador entre los sexos, entre dioses y hombres y entre muertos y vivos.

En su nota, Eliot da la versión de Ovidio en las Metamorfosis (III, 316-338), que podemos traducir así:

… divirtiéndose con juno: «Vuestro placer es mayor

que el que sentimos nosotros los varones», le dijo.

Ella lo niega y acuerdan pedir el juicio al docto

Tiresias, conocedor de una y otra Venus.

Pues había visto a dos grandes serpientes acopladas

en el bosque y con el bastón las golpeó

y, oh maravilla, de hombre se hizo mujer

durante siete otoños, al octavo las volvió a ver

y dijo: «Si es tanta la fuerza de vuestro poder

como para revertir la suerte del ejecutor,

ahora también os hiero». Golpeadas las serpientes,

recuperó la forma primera y cobró la imagen nativa.

Elegido pues como árbitro de la lid jocosa,

aprueba lo dicho por Jove; demasiado se dolió Saturnia

y fuera de medida condenó al juez a una noche eterna.

El padre omnipotente (no siendo lícito que los hechos

de un dios los deshaga otro) por la luz perdida

le da la visión del futuro y con la gloria alivia la pena.

[54] Quizás esto no corresponda exactamente a los versos de Safo, pero yo tenía en mente al pescador de bajura o de bote que regresa al anochecer. (N. del A.)

En su nota, Elíot se refiere a un fragmento (104.a L-P) de Safo. Doy la versión de Joan Ferraté en Líricos griegos arcaicos, Barcelona, Seix Barral, 1968:

Estrella de la tarde, que a casa

llevas cuanto dispersó la Aurora clara:

llevas a casa a la oveja,

llevas a casa a la cabra,

y de la madre a la hija separas.

Puestos a encontrar asociaciones, hay también en esos versos algo que recuerda al final del poema «Requiem» (1887) de Robert Louis Stevenson:

Here he lies where he longed to be;

Home is the sailor, home from the sea,

And the hunter home from the hill.

Yace aquí donde quería estar;

vuelve a casa el marinero, a casa del mar

y a casa vuelve el cazador de la colina.

[55] Véase Goldsmith, la canción en El vicario de Wakefield. (N. del A.) Eliot nos remite a una canción que sale en El vicario de Wakefield (1762), la novela de Oliver Goldsmith (1730-1774):

When lovely woman stoops to folly,

And finds too late that men betray,

What charm can soothe her melancholy

What art can wash her guilt away?


[Cuando bella mujer pierde la cabeza

y tarde sabe que los hombres traicionan,

¿qué magia puede calmar su tristeza,

qué arte puede lavar su culpa?]

En la traducción, he intentado mantener ese giro irónico hacia la canción que el oído detecta en el original inglés.

[56] Véanse las notas a los versos 191-192.

[57] El interior de Saint Magnus Martyr es a mi juicio uno de los mejores interiores de Wren. Véase The Proposed Demolition of Nineteen City Churches (P. S. King & Son Ltd.). (N. del A.)

Sir Christopher Wren (1632-1723) fue un arquitecto y científico inglés, recordado sobre todo por su trabajo de reconstrucción de muchas iglesias de Londres tras el gran incendio de 1666, entre ellas la de Saint Magnus Martyr.

[58] La canción de las (tres) hijas del Támesis empieza aquí. Desde el verso 292 hasta el 306 incluido hablan por turnos. Véase Götterdämmerung, III, i: las hijas del Rin. (N. del A.)

Según dice Eliot en su nota, éstas son las canciones de las tres hijas del Támesis, que no sabemos quiénes son y que el propio Eliot compara con las ondinas de El crepúsculo de los dioses (1876) de Richard Wagner, cuyo canto es ese «weialala leía» que se repite en estos versos.

[59] Véase Froude, Elizabeth, vol. I, cap. IV, carta de De Quadra al rey Felipe de España:

Por la tarde estábamos en un barca, mirando los juegos en el río. [La reina] estaba sola con lord Robert y conmigo en la popa, cuando empezaron a decir tonterías, hasta tal punto que lord Robert al fin dijo que, puesto que yo estaba ahí, no había ninguna razón para que no se casaran si a la reina le placía. (N. del A.)

La obra a la que hace referencia Eliot en su nota es History of England from the Fall of Wolsey to the Death of Elizabeth (Historia de Inglaterra desde la caída de Wolsey hasta la muerte de Isabel, 1856-1870) del historiador James Anthony Froude (1818-1894), en concreto al volumen titulado Reign of Elizabeth (Reinado de Isabel, 1863). Se trata de la reina Isabel I Tudor (1533-1603), llamada la reina virgen porque nunca se casó. Uno de sus muchos pretendientes fue Robert Dudley, primer conde de Leicester.

[60] Compárese con Purgatorio, v. 133:

Ricorditi di me, che son la Pia;

Siena mi fe’, disfecemi Maremma.(N. del A.)

Eliot nos remite de nuevo a Dante, al canto V del Purgatorio (vv. 130-136), a un célebre parlamento de una mujer llamada Pia dei Tolomei, a quien su marido, en el sur de la Toscana, encarceló, torturó y envenenó:

«Deh, quando tu sarai tornato al mondo,

e riposato della lunga via»,

seguitó il terzo spirito al secondo,

«ricorditi di me che son la Pia:

Siena mi fé; disfecemi Maremma:

salsi colui che ’nnanellata pria

disposando m’avea con la sua gemma».

 

Que podemos traducir como:

[«Cuando hayas vuelto al mundo

y descansado del largo viaje»,

siguió el tercer espíritu al segundo,

«acuérdate de mí que soy Pia:

Sienna me alumbró, me deshizo Maremma,

lo sabe aquel que me desposó

anillándome con su gema».]

[61] Véase san Agustín, Confesiones: «Vine entonces a Cartago, donde un hervidero de amores profanos me cantaba en los oídos». (N. del A.)

El pasaje de las Confesiones de san Agustín que cita aquí Eliot (III, i, I) trata básicamente sobre la satisfacción del deseo sexual.

[62] El texto completo del Sermón del Fuego de Buda (que equivale en importancia al Sermón de la Montaña) del que provienen estas palabras, está traducido en el libro del difunto Henry Clarke Warren Buddhism in Translation (Harvard Oriental Series). Mr. Warren fue uno de los grandes pioneros del estudio del budismo en Occidente. (N. del A.)

Eliot cita El Sermón del Fuego de Buda según la versión inglesa de Henry Clarke Warren (1854-1899) en Buddhism in Translation (Budismo en traducción, Cambridge, Harvard University Press, 1896).

[63] Otra vez de las Confesiones de san Agustín. La ubicación de estos dos representantes del ascetismo oriental y occidental, así como la culminación de esta parte del poema, no es casual. (N. del A.)

viernes, 2 de abril de 2021

"Una partida de ajedrez" - T.S. Eliot (La tierra baldía, 1922)

 II. UNA PARTIDA DE AJEDREZ [24]


El sitial en que ella se sentaba, cual trono bruñido[25],

resplandecía en el mármol, donde el espejo

con soportes labrados de racimos de uva

entre los que asomaba un dorado Cupido

(tras su ala escondía otro sus ojos)

duplicaba las llamas de un candelabro de siete brazos

que reflejaba una luz en la mesa

a cuyo encuentro emergía el fulgor de sus joyas

en rica profusión vertidas con estuches de raso.

En frascos de marfil y cristal policromo,

destapados, fluían sus extraños perfumes sintéticos,

ungüentos, en polvo o líquidos; turbando, confundiendo

y ahogando los sentidos en aromas que ascendían

removidos por el frescor de la ventana,

aumentando las largas llamas de las velas

cuyo humo elevaban hasta el artesonado[26,

conmoviendo el dibujo de los techos encofrados.

Enormes troncos marinos llenos de cobre

ardían en verde y naranja, enmarcados por la coloreada piedra

en cuya triste luz un labrado delfín nadaba.

Como una ventana que diera a la escena silvestre,

sobre la repisa antigua se contemplaba[27]

la mutación de Filomela[28], por el rey bárbaro

tan brutalmente forzada; pero allí el ruiseñor[29]

llenaba el desierto con voz inviolable

y aún gritaba ella y aún busca el mundo,

«yag, yag» a oídos sucios[30].

Y de otros podridos tocones de tiempo

se hablaba en las paredes; formas que miran,

sobresalen, se inclinan, silencian la estancia cercada.

Rumor de pasos en la escalera.

Bajo la luz del fuego, bajo el cepillo, su cabello

transido de puntos ardientes

resplandecía en las palabras, luego salvaje se aquietaba.


«Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. No te vayas.

Di algo. ¿Por qué no hablas nunca? Di.

¿En qué estás pensando? ¿Qué piensas? ¿Qué?

Nunca sé qué piensas. Piensa».


Pienso que estamos en el callejón de las ratas[31]

donde los muertos perdieron los huesos.


«¿Qué es ese ruido?»

El viento en la puerta[32].

«¿Y este otro ruido? ¿Qué hace el viento?»

Nada otra vez nada[33].

«¿No sabes nada? ¿No ves nada? ¿No recuerdas nada?»


Recuerdo

son perlas lo que eran sus ojos antes.  

«¿Estás vivo o muerto? ¿No tienes nada en la cabeza?»[34].

Pero

oh oh oh oh ese Rag shakesperiano[35]…

es tan elegante

tan inteligente

«¿Qué hago yo ahora? ¿Qué voy a hacer?

Saldré así y caminaré por la calle

con el pelo suelto, así. ¿Qué vamos a hacer mañana?

¿Qué haremos a partir de ahora?»

Agua caliente a las diez.

Y si llueve, un coche con capota a las cuatro.

Y jugaremos una partida de ajedrez,

apretando los ojos sin párpados y esperando que llamen a la puerta[36].

 

Cuando desmovilizaron al marido de Lil, le dije,

no tengo pelos en la lengua, se lo dije yo misma,

RÁPIDO POR FAVOR ES LA HORA[37]

Ahora que Albert va a volver, arréglate un poco.

Querrá saber qué has hecho con el dinero que te dio

para que te pusieras dientes. Sí lo hizo, yo lo vi.

Te los quitas todos, Lil, y te pones una bonita dentadura.

Lo dijo, lo juro, no soporto mirarte.

Yo tampoco, le dije, y piensa en el pobre Albert,

ha sido soldado cuatro años, querrá pasárselo bien,

y si tú no se lo das, habrá otras, le dije.

¿Otras?, dijo. Probablemente, le dije.

Pues ya sabré a quién darle las gracias, me dijo, y se quedó mirándome.

RÁPIDO POR FAVOR ES LA HORA

Si no te gusta te aguantas, le dije.

Otras tienen dónde elegir si tú no puedes.

Pero si Albert se larga, no será porque yo no te haya avisado.

Debería darte vergüenza, le dije, verte tan ajada.

(Y sólo tiene treinta y un años).

No puedo evitarlo, dijo, con cara larga,

son las pastillas que tomé para expulsarlo, me dijo.

(Ya ha tenido cinco y casi se murió del pequeño George).

El farmacéutico dijo que no pasaba nada, pero no he vuelto a ser la misma.

Eres tonta de remate, le dije.

Bueno, si Albert no te deja tranquila, a eso vamos, le dije,

¿para qué te casaste si no quieres niños?

RÁPIDO POR FAVOR ES LA HORA

Bien, ese domingo Albert ya estaba en casa, hicieron jamón cocido,

y me invitaron a cenar para que probara lo bueno que estaba.

RÁPIDO POR FAVOR ES LA HORA

RÁPIDO POR FAVOR ES LA HORA

Buenas noches Bill. Buenas noches Lou. Buenas noches May. Buenas noches.

Ala. Buenas noches. Buenas noches.

Buenas noches, señoras, buenas noches, dulces damas, buenas noches, buenas noches.[38]


(Traducción de Agustí Bartra i Lleonart, 1977)


NOTAS

[24] Como el propio Eliot indica en su nota al verso 138, el título procede de una escena de Women Beware Women (Las mujeres vigilan a las mujeres, 1624?) de Thomas Middleton (1580-1627), otro de los dramaturgos isabelinos menores a los que dedicó especial atención. En esa escena, en cuyo detalle no merece la pena detenerse, la partida de ajedrez funciona como metáfora de la seducción o incluso la violación de una mujer.

Para el tono elevado y aun pomposo, evidentemente irónico, de la primera estrofa, Eliot, según indica en su nota al verso 77, utilizó como modelo una tirada de Antonio y Cleopatra de Shakespeare (II, ii, 190) en la que Enobarbo narra cómo Cleopatra navegaba en el río Cidno rumbo a su primer y fatídico encuentro con Marco Antonio:

The barge she sat in, like a burnished throne,

Burned on the water: the poop was beaten gold;

Purple the sails, and so perfumed that

The winds were lovesick with them; the oars were silver,

Which to the tune of flutes kept stroke, and made

The water which they beat to follow faster,

As amorous of their strokes. For her own person,

It beggared all description: she did lie

In her pavilion, cloth-of-gold of tissue,

O’erpicturing that Venus where we see

The fancy outwork nature. On each side her

Stood pretty dimpled boys, like smiling Cupids,

With divers-coloured fans, whose wind did seem

To glow the delicate cheeks which they did cool,

And what they undid did.

 

Doy la versión de María Enriqueta González Padilla en Shakespeare, Obra completa II, Tragedias, Barcelona, Debolsillo, 2012, p. 802:

La barca en que iba sentada, cual bruñido trono,

resplandecía sobre el agua; la popa era de oro batido,

las velas, de púrpura, y tan perfumadas,

que los vientos languidecían de amor por ellas;

los remos eran de plata y se movían al compás

de la armonía de las flautas,

haciendo que el agua que golpeaban

los siguiera más aprisa, como enamorada de sus golpes.

En cuanto a su persona, toda descripción se queda corta.

Reclinada en su pabellón, hecho de brocado de oro,

excedía la pintura de esa Venus

donde vemos que la imaginación

sobrepuja a la naturaleza.

A cada lado de ella

había hermosos niños con hoyuelos,

cual sonrientes cupidos,

que agitaban abanicos de variados colores.

Su viento parecía dar brillo

a las delicadas mejillas que iban refrescando,

y hacer lo que ellos deshacían.br>

[25] Compárese con Antonio y Cleopatra, II, ii, v. 190. (N. del A.)

[26] Laquearia. Véase Eneida, I, 726:

dependent lychni laquearibus aureis

incensi et noctem flammis funalia vincunt. (N. del A.)

En el original, Eliot utiliza el término latino laquearia (plural de laquear), que significa «artesonado». Para ello, remite a unos versos de la Eneida, I, 726-727:

cuelgan de los dorados artesonados fanales encendidos

y las llamas de la antorcha a la noche vencen.

[27] La escena silvestre. V. Milton, El paraíso perdido, IV, 140. (N. del A.)

La escena silvestre de John Milton (1608-1674), según referencia Eliot en su nota, es la descripción del Edén, en El paraíso perdido (IV, 140), vista por Satán mientras se acerca para tentar a Eva, otra imagen presuntamente alegórica que nos prepara para el cambio de tono que tendrá lugar en la siguiente estrofa. La descripción de Milton, dicho sea como anécdota, se considera en Inglaterra la primera definición de un jardín inglés:

So on he fares, and to the border comes

Of Eden, where delicious Paradise,

Now nearer, Crowns with her enclosure Green,

As with a rural mound the Champaign head

Of a steep wilderness, whose hairy sides

With thicket overgrown, grotesque and wild,

Access denie’d; and over head up grew

Insuperable highth of loftiest shade,

Cedar, and Pine, and Fir, and branching Palm,

A Silvan Scene, and as the ranks ascend

Shade above shade, a woody Theatre

Of Stateliest view.

 

Que se puede traducir así:

Va caminando y llega al término

del Edén, donde al delicioso Paraíso,

ahora más cerca, corona con su cercado verdor,

como una colina la campestre cabeza

de un escarpado vergel, cuyos velludos costados

frondosos, cavernosos y salvajes,

la entrada impiden; y en su cumbre crecen

a insuperable altura de elevada sombra,

el cedro y el pino y el abeto y la palma,

una escena silvestre, y como las hileras suben

sombra con sombra, forman un teatro boscoso

de panorámica vista.

[28] Véase Ovidio, Metamorfosis, VI, Filomela. (N. del A.)

[29] Compárese con parte III, v. 204. (N. del A.)

[30] Eliot nos remite a las Metamorfosis de Ovidio (VI, 424-676) donde se cuenta el mito de Filomela, hermana de Procne, casada con Tereo, héroe de Tracia. Tereo y Procne tenían un hijo llamado Itis. Procne echaba mucho de menos a su hermana Filomela y convenció a su marido para que la trajera de Atenas a Tracia. A su llegada, Tereo sucumbió a la belleza de Filomela y la violó; luego le cortó la lengua para que no pudiera acusarlo y la abandonó en el bosque. Tereo le dijo a su mujer que su hermana había muerto. Desde su prisión, Filomela tejió en un lienzo blanco su historia, que hizo llegar a Proene, quien, indignada, planeó venganza. Rescató a su hermana y las dos decidieron matar a Itis, el hijo que Proene había tenido con Tereo, desollaron su cadáver, lo cocinaron y se lo hicieron comer a su padre. Cuando Tereo hubo terminado, Filomela apareció con la cabeza de Itis y le hicieron saber que se lo había comido. Tereo persiguió a las asesinas, pero los dioses decidieron convertir a los tres humanos en aves. Tereo se transformó en abubilla, Filomela en ruiseñor y Proene en golondrina.

Eliot, siguiendo una tradición, representa el canto del ruiseñor con un «jug, jug», entendido como un resto aún de la queja de la violada contra el agresor y también como un eco sexual (de ahí «oídos sucios») y que apenas modifico fonéticamente por un «yag, yag».

[31] Compárese con parte III, v. 195. (N. del A.)

[32] Compárese con Webster: «¿Está el viento en esa puerta aún?». (N. del A.)

Eliot, en una nota un tanto solipsista, nos recuerda otra obra de John Webster (véase la nota al verso 74), en concreto The Devil’s Law Case (La causa del diablo, III, ii, 148).

[33] Aunque Eliot no lo comenta en sus notas, es muy posible que en esta repetición de la palabra «nada» estuviera pensando en otra obra de Shakespeare, en concreto El rey Lear (1606), donde, desde el primer hasta el último acto, la palabra «nada» funciona como detonante de toda la tragedia. De hecho, el recuerdo de la música de la canción de Ariel en el verso 125 (véase al respecto la nota al verso 48) parece salvar momentáneamente al personaje de la desolación conyugal que le rodea, de esa «nada» que es la imposibilidad de elevación y de comunicación. En la edición facsímil del manuscrito editada por Valerie Eliot pueden rastrearse referencias evidentes a El rey Lear.

[34] Compárese con parte I, v. 37, 48. (N. del A.)

[35] El ragtime al que hace referencia es una canción popular de 1912, con letra de Gene Buck y Herman Ruby y música de David Stamper.

[36] Compárese con la partida de ajedrez en Women Beware Women de Middleton. (N. del A.)

[37] Se trata de una frase formular, se entiende que dicha por un camarero en el pub, a punto de cerrar y donde tiene lugar la conversación.

[38] Este último verso evoca unas palabras de Ofelia, enloquecida tras cantar una canción y poco antes de ahogarse, en Hamlet, IV, v.

jueves, 1 de abril de 2021

"El entierro de los muertos" - T.S. Eliot (La tierra baldía, 1922)

LA TIERRA BALDÍA [1] (1922)

(Traducción de Agustí Bartra i Lleonart, 1977)

Nam Sibyllam quidem Cumis ego ipse oculis meis vidi in ampulla pendere, et cum illi pueri dicerent Σίβυλλα τί θέλεις; respondebat illa άποθανείν θέλω[2]

Para Ezra Pound[3]

il miglior fabbro.

I. EL ENTIERRO DE LOS MUERTOS[4]

 

Abril es el más cruel de los meses, criando

lilas en el campo muerto, confunde

memoria y deseo, revive

yertas raíces con lluvia de primavera[5].

El invierno nos dio calor, cubriendo

la tierra con nieve sin memoria, alimentando

un hilo de vida con tubérculos secos.

El verano nos sorprendió llegando al Starnbergersee[6]

con un golpe de lluvia; nos refugiamos en los soportales

y ya con el sol seguimos hasta el Hofgarten[7],

y nos tomamos un café y estuvimos charlando una hora.

Bin gar keine Russin, stamm’ aus Litauen, echt deutsch[8].

Y cuando éramos niños, estando en casa del archiduque,

él, que era mi primo, me llevó en trineo

y tuve mucho miedo. Dijo: Marie,

Marie, agárrate fuerte. Y abajo que fuimos.

Allá en las montañas te sientes libre.

Leo, buena parte de la noche, y voy al sur en invierno.

 

¿Cuáles son las raíces que agarran, qué ramas crecen

en esta basura pétrea? Hijo del hombre[9],

no puedes saberlo ni imaginarlo, pues conoces sólo

un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,

y el árbol muerto no da sombra, ni el grillo alivia[10],

ni hay rumor de agua en la piedra seca. Sólo

hay sombra bajo esta roca roja

(ven a la sombra de esta roca roja)

y te mostraré algo diferente

tanto de tu sombra por la mañana corriendo tras de ti

como de tu sombra por la tarde alargándose hacia ti.

Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

                                   Frisch weht der Wind[11]

                                   Der Heimat zu

                                   Mein Irisch Kind,

                                   Wo weilest du?[12]

«Fue hace un año cuando me diste jacintos por primera vez;

me llamaban la chica de los jacintos».

—Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los jacintos,

tus brazos llenos y tu pelo mojado, no podía

hablar y la vista me fallaba, no estaba

ni vivo ni muerto, y no sabía nada,

mirando el alma de la luz, el silencio[13].

Oed’ und leer das Meer[14].

 

Madame Sosostris, famosa vidente,

tenía un fuerte resfriado, sin embargo

es conocida como la mujer más sabia de Europa,

y tiene una baraja maldita[15]. Aquí, dijo ella,

está tu carta, el marinero fenicio ahogado.

(Son perlas lo que eran sus ojos antes. ¡Mira!)[16]

Aquí está Belladonna, la Señora de las Rocas,

la señora de las situaciones.

Aquí está el hombre con los tres bastos, y aquí la Rueda,

y aquí el mercader tuerto, y esta carta,

que está en blanco, es algo que lleva a la espalda

y que me está vedado ver. No encuentro

el ahorcado. Temed la muerte por agua.

Veo multitudes caminando en torno a un anillo.

Gracias. Si ve a la buena de Mrs. Equitone,

dígale que traigo el horóscopo yo misma:

hay que ser tan prudente hoy en día.

Ciudad irreal[17],

bajo la neblina sepia del alba invernal,

una multitud fluía en el Puente de Londres; tantos,

nunca hubiera dicho que la muerte hubiera deshecho a tantos[18].

Exhalaban suspiros, cortos y espaciados[19],

y cada hombre fijaba los ojos ante los pies.

Fluían cuesta arriba y bajaban luego por King William Street

hasta donde Saint Mary Woolnoth daba las horas

con un sonido muerto en el repique final de las nueve[20].

Ahí vi a uno que conocía y le paré gritando: «¡Stetson!

¡Eh, estábamos juntos en los barcos de Mylae[21]!

Aquel cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,

¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?

¿O la repentina helada le ha malogrado el lecho?

¡Ah, mantén alejado al Perro, que es amigo del hombre[22],

o lo desenterrará de nuevo con las pezuñas!

¡Tú, hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère!»[23]

 

NOTAS

[1]No sólo el título, sino la estructura y buena parte del simbolismo adicional del poema vinieron sugeridos por el libro de miss Jessie L, Weston sobre la leyenda del Grial: From Ritual to Romance (Cambridge). De hecho, es tanto lo que le debo que el libro de miss Weston puede aclarar las dificultades del poema mucho mejor de lo que mis notas pueden hacerlo; y lo recomiendo (aparte del gran interés que el libro tiene en sí mismo) a quien considere que tal aclaración del poema merece la pena. Con otra obra de antropología que ha influido profundamente a nuestra generación estoy, en general, también en deuda, me refiero a La rama dorada. He utilizado especialmente los dos volúmenes Adonis, Attis, Osiris. Cualquiera que esté familiarizado con estas obras reconocerá de inmediato en el poema ciertas referencias a ceremonias de vegetación.

En su primera nota, T. S. Eliot vincula la estructura y el título del poema a la lectura de From Ritual to Romance, de la medievalista inglesa Jessie L. Weston (Del rito al romance, Londres, 1920), un intento de esclarecer el origen de la leyenda del Rey Pescador o Rey Tullido, que ha sido herido en la ingle, sufre por ello impotencia y ha generado en su reino una esterilidad que sólo terminará cuando aparezca una caballero capaz de curarle. La leyenda se transmitió en Europa gracias sobre todo a El cuento del Grial de Chrétien de Troyes, obra inacabada donde Perceval es el caballero salvador. Weston trató en su ensayo, muy influido por las especulaciones de sir James Frazer en La rama dorada y que Eliot también cita como influencia, de remontar los orígenes de la leyenda artúrica al mito celta de la tierra baldía y aun a viejos ritos de fertilidad que, según ella, yacían bajo el sustrato cristiano del grial y la lanza. Si bien las teorías de Weston han sido desechadas por los modernos antropólogos y mitógrafos —lo mismo, por cierto, que buena parte de las conclusiones de Frazer— importa tener en cuenta la cuestión del rito y el mito, aunque sólo sea como detonante de la búsqueda poética. Cabe advertir, de todos modos, que en ningún caso la lectura de Weston o Frazer puede arrojar luz sobre detalles del poema, más allá de cuestiones seminales.

La rama dorada, el monumental esfuerzo de Frazer —doce volúmenes en su edición de 1915— por tratar de encontrar la llave de todas las mitologías, ejerció una hipnótica influencia en la generación de Eliot y aun en las posteriores. El bosque sagrado (1920), el libro de ensayos de Eliot contemporáneo de La tierra baldía, debe su título también a Frazer, en concreto a la leyenda del rey del bosque. Importantes fueron también para Eliot otros ritualistas cantabrigenses como Jane Harrison, F. M. Cornford o Gilbert Murray.

En cuanto al título, Eliot, tras haber descartado el provisional He Do the Police in Different Voices («Él hace de policía con distintas voces»), eligió The Waste Land por el mito celta de Wasteland. En esta edición nos hemos insertado en la costumbre de traducirlo por La tierra baldía. Joan Ferraté, en su versión comentada, lo tradujo en catalán como La terra gastada (Joan Ferraté, Lectura de La terra gastada, Barcelona, Edicions 62, 1977), acercando el original waste a su fuente etimológica del francés antiguo, donde the waste land es le gaste pays de Chrétien. Quizá La tierra gastada hubiera sido un título más acertado, pero también es verdad que «gastada» ha perdido en castellano la pristinidad que todavía conserva waste en inglés. Dejémoslo pues como estaba.

[2] Las líneas en latín y griego que preceden al poema son cita de El Satiricón de Petronio, en concreto unas palabras en boca de Trimalción que quieren decir lo siguiente: Pues yo mismo, con mis propios ojos, vi a la Sibila de Cumas colgando de una botella y, cuando los niños le decían: Sibila, ¿qué quieres?, ella respondía: morir quiero. Eliot probablemente pensaba en el libro VI de la Eneida, donde la Sibila de Cumas le dice a Eneas que tiene que encontrar una rama dorada para entrar en el inframundo, recuerdo a su vez del mito inaugural que da origen a la especulación de Frazer.

En el primer manuscrito, Eliot había elegido como epígrafe un fragmento de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, en el que se relata la muerte de Kurtz y se da cuenta de sus últimas palabras («¡El horror, el horror!»). Durante el proceso de corrección y edición que llevó a cabo, Ezra Pound (véase la nota siguiente) sugirió a Eliot que Conrad no tenía suficiente peso o era demasiado tópico, observación que Eliot aceptó, aunque la muerte de Kurtz reaparecería en el epígrafe a The Hollow Men (Los hombres huecos; 1925).

 [3] Ezra Pound (1885-1972) fue la figura más influyente en la juventud de Eliot, sobre todo a partir de su domiciliación en Londres en 1914. Pound fue su descubridor, quien le animó a escribir y le promocionó a través del circuito de revistas de la época. La composición de La tierra baldía tuvo lugar entre 1920 y 1922 y se terminó en Lausanne, adonde el autor se había retirado para recuperarse de una crisis nerviosa, en noviembre y diciembre de 1921. A su regreso de Suiza, Eliot remitió desde París el manuscrito a Pound, quien lo sometió a una severa poda, con lo que Eliot volvió a elaborar todo el poema, dejándolo en los cuatrocientos treinta y cuatro versos de la versión publicada.

El poema vio la luz por primera vez en la revista que Eliot dirigía en Inglaterra, The Criterion, en octubre de 1922; en noviembre salió en Estados Unidos, primero en la revista The Dial y luego, en diciembre, la editorial Boni and Liveright publicó la primera edición con las notas del autor. En septiembre de 1923, Virginia y Leonard Woolf publicaron en la Hogarth Press la edición británica.

Eliot decidió regalarle el manuscrito con las anotaciones de Pound a John Quinn, un abogado y coleccionista de arte que, a instancias de Pound, había gestionado la publicación del poema en Estados Unidos. A la muerte de Quinn en 1924, el manuscrito pasó a su hermana y conoció un largo avatar que terminó en la Biblioteca Pública de Nueva York, donde en 1968 pudo ser encontrado por la viuda de Eliot, Valerie Eliot (1926-2012), que se encargó de publicar y editar una versión facsímil: T. S. Eliot, The Waste Land. A Facsimile & Transcript of the Original Drafts Including the Annotations of Ezra Pound (La tierra baldía. Facsímil y transcripción de los esbozos originales incluyendo las anotaciones de Ezra Pound; Faber & Faber, Londres, 1971).

Para la dedicatoria a Pound, Eliot cita el verso 117 del canto XXVI del Purgatorio de Dante, referido a Arnaut Daniel, «il miglior fabbro del parlar materno» («el mejor artesano del habla materna»), queriendo decir que fue el que mejor supo, entre los trovadores, cantar en lengua vulgar, plenamente emancipado del latín, como lo que quería hacer Dante con el italiano. Dante llega incluso al extremo de dar voz a Arnaut Daniel y hacerle hablar en provenzal, en unos versos que fueron muy importantes para Eliot y que se invocan al final de La tierra baldía. Véanse para ello las notas al verso 428.

Eliot puso la dedicatoria, de puño y letra, en un ejemplar que le regaló a Pound en 1923. Apareció impresa por primera vez en Poems, 1909-1925, la antología de poemas de Eliot que incluía La tierra baldía.

[4] El título hace alusión al capítulo dedicado al rito fúnebre en el Book of Common Prayer, el libro de oraciones utilizado por la Iglesia anglicana. 

[5] Es muy difícil captar en traducción el matiz de dull aplicado a una raíz. El adjetivo suele significar aburrimiento, letargo, flacidez, a la vez que remite a la atenuación del color y el brillo. Las asociaciones de la imagen pueden dispararse en muchas direcciones, pero hay que tener en cuenta la idea original de una raíz aletargada, rígida y oscura en la hiemal campiña inglesa, en contraposición, además, a las raíces que se hunden en la «basura pétrea» de la ciudad, según se dice en la estrofa siguiente. El adjetivo «yertas» quizá sea demasiado culto, comparado con el demótico dull, pero no se me ha ocurrido mejor solución.

[6] Starnbergersee: en alemán el lago Starnberger, a veinticinco kilómetros de Munich.

[7] Hofgarten es un parque del centro de Munich.

[8] «No soy rusa, vengo de Lituania, alemana de verdad».

[9] Compárese con Ezequiel II, i. (N. del A.)

[10] Compárese con Eclesiastés XII, v. (N. del A.)

[11] Véase Tristan e Isolda, I, vv. 5-8. (N. del A.)

[12] En sus notas, Eliot remite a Tristan e Isolda, la ópera que Richard Wagner compuso en 1865. Los versos dicen: «Fresco sopla el viento / hacia el hogar. / Mi criatura irlandesa, / ¿dónde te demoras?».

[13] En el original, Eliot dice «looking into the heart of light, the silence». Traduzco heart por «alma» porque «corazón» es palabra demasiado larga y suele arruinar casi todos los versos en los que aparece, sobre todo en traducciones de poesía inglesa.

[14] Véase Tristan e Isolda, III, v. 24. (N. del A.)

Eliot remite de nuevo a Tristán e Isolda: «Desolado y vacío el mar».

[15] No conozco bien la exacta composición de la baraja del tarot, de la que obviamente me he apartado a conveniencia. El Ahorcado, personaje de la baraja tradicional, se adecua a mi propósito de dos maneras: porque se asocia en mi mente con el dios ahorcado de Frazer y porque lo asocio con la encapuchada figura en el pasaje de los discípulos de Emaús en la parte V. El marinero fenicio y el mercader aparecen más tarde; también las «multitudes» y la Muerte por Agua se ejecuta en la parte IV. Al hombre de los tres bastos (auténtico personaje del tarot) lo asocio, con cierta arbitrariedad, con el Rey Pescador en sí mismo. (N. del A.)

Para gozar de esta estrofa —como el propio Eliot implícitamente admite en su innecesaria nota— no hace falta tener ningún conocimiento de la baraja del tarot, utilizada «a conveniencia» como generadora de imágenes —la mayoría inventadas— que luego cobran sentido en la ficción del poema entero. La intención es, además, evidentemente paródica. Basta fijarse en el nombre de Madame Sosostris.

[16] «Son perlas lo que eran sus ojos antes» es una de las imágenes y uno de los ritmos obsesivos de todo el poema, perfectamente incardina dos en el engranaje general de agua, muerte, padre y canción que se va repitiendo a lo largo de la obra. El verso es de Shakespeare en La tempestad; I, ii. Se trata de una de las hipnóticas canciones de Ariel, el duende al servicio del mago Próspero, en concreto la que le canta a Fernando cuando éste cree que su padre ha muerto; equivocadamente y por una ilusión ordenada por Próspero y ejecutada por Ariel:

Full fathom five thy father lies;

Of his bones are coral made;

Those were pearls that were his eyes

Nothing of him doth fade

But doth suffer a sea change

Into something rich and strange.

Sea nymphs hourly ring his knell:

Ding-dong

Hark! Now I hear them — ding-dong bell.

 

Es casi imposible no arruinarla en traducción:

A cinco brazas yace tu padre,

de sus huesos el coral se hace,

son perlas lo que eran sus ojos antes,

nada de él se ha perdido

mas sufre un cambio marino

en algo extraño y rico.

Nereidas cada hora a muertos tocan:

Ding-dong

¿Las oyes?: ahí están — ding-dong-dang.

[17] Compárese con Baudelaire:

Fourmillante cité, cité pleine de reves, Oú le spectre en plein jour raccroche le passant. (N. del A.) Eliot remite al poema de Charles Baudelaire «Les sept viellards» («Los siete viejos», 1859) y da dos versos que dicen:

Hormigueante ciudad, ciudad llena de sueños

donde el espectro a pleno día agarra al viandante.

[18] Compárese con Inferno, III, 55-57:

            si lunga tratta

di gente, ch’i’ non averei mat creduto

che morte tanta navesse disfatta. (N. del A.)

Eliot remite a los versos 55-57 del canto III del Infierno, cuando Dante ha cruzado las puertas del infierno y oye los primeros gritos y lamentos de los condenados:

tan larga corriente

de gente, que nunca hubiera creído

que la muerte hubiera deshecho a tantos.

[19] Compárese con Inferno, IV, 25-27:

Quivi, secondo che per ascoltare,

non avea pianto mat che di sospiri

che l’aura etterna facevan tremare. (N. del A.)

Eliot cita de nuevo a Dante, los versos 25-27 del canto IV del Infierno, cuando el poeta ha entrado en el primer círculo y oye las voces de los que han muerto sin ser bautizados:

Aquí, de acuerdo con lo que se oía,

no había lamento sino suspiros

que eterno el aire hacían temblar.

[20] Un fenómeno que he notado a menudo. (N. del A.)

[21] Mylae o Milas, actual Milazzo, es una ciudad al norte de Sicilia, en cuyas costas tuvo lugar la primera batalla naval de las guerras púnicas, en el 260 a. C.

[22] Compárese con la canción fúnebre en El diablo blanco de Webster. (N. del A.)

Eliot evoca una canción fúnebre de The White Devil (El diablo blanco, 1612), de John Webster (1580-1635), un dramaturgo isabelino menor cuya métrica estudió muy detenidamente para investigar alternativas a la hegemonía de la dicción shakespeariana. La canción está en el acto V, escena IV, en boca de una madre enloquecida ante el cadáver de su hijo:

Call for the robin-red breast and the wren,

Since o’er shady groves they hover,

And with leaves and flowers do cover

The friendless bodies of unburied men.

Call unto his funeral dole

The ant, the field mousse, and the mole

To rear him hillocks that shall keep him warm,

And (when gay tombs are robbed) sustain no harm.

But keep the wolf far thence, that’s foe to men,

For with his nails he’ll dig them up again.

 

[Llamad al petirrojo y al gorrión

que sobre la umbría arboleda vuelan

y con hojas y flores recubren

los cuerpos que ningún amigo entierra.

Llamad a su fúnebre desfile

a la hormiga, el ratón y el topo,

que levanten colinas para darle calor

y (cuando roben tumbas) no sufra daño.

Pero alejad al lobo, que es enemigo del hombre,

pues con las pezuñas lo desenterrará de nuevo.]

[23] Véase Baudelaire, Prefacio a Les fleurs du mal. (N. del A.)

Eliot se refiere a un verso, ya muy célebre, de «Al lector», el primer poema de Las flores del mal (1857) de Baudelaire:

Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano.

Palimpsesto de Arquímedes

martes, 30 de marzo de 2021

Frío inmoral (A Bob Dylan)

 UNO


El frío era inmoral,

el sol me tostaba los ojos,

la piel como bronce

sensible como la pólvora

y me pregunté

“¿cómo haré para adaptarme?”

Sembraron mi cerebro

pero nunca germinó:

avanzó más el asesino serial

publicidad online

temporada veintitrés, episodio catorce

la plataforma de TV

de formato repetido

“muéstrame, Señor, de nuevo el programa”.

Invoco el disfraz

para decir lo que se me antoje

sin sonrojarme,

sin sonrojarme.

La cámara de comercio de Maldonado

me mira fijo

como me atreví a pedir fondos

para una alabanza a la sombra;

no moriré por tragarme el orgullo,

eso no es veneno, no.

Igual ajetrea volar al raso

tanta promesa impacienta,

doy parte de enfermo

o digo que doné sangre

y evito una parte del embrollo.

Enciendo la radio

también otro cigarro

sigo camino, murmuro en mí.

Aguardo a mañana

atravieso el alambrado

y la siesta me topa al trote

oigo voces y me destapo.

DOS

 

Le di lo mejor,

(pensé que lo mejor era un collar de perlas).

Que es lo que quieres de mí

un lugar seguro

una segunda taza de café

la memoria de la semana pasada

siéntate un momento

aquí en mi silla,

sin millas o distancia

el cruce de caminos se acerca

quiero saber en que soy bueno

y en que me equivoqué

por eso dejo la mente sin freno,

avanza sin señal de alto

un semáforo cada tanto

o sea, la mente es un auto

y las manos una caja de cambios

tus pestañas de acero no se esconden tampoco

mi mentira es mi perjuicio

el ladrón se llevó todo

permanezco borracho, así la llevo

afuera, en la calle, sin teclado

confiando solo en mi memoria

y ni teclado ni memoria son buenos aliados para la poesía

el mejor amigo es el sótano

o subsuelo, que en Uruguay no se usa

la gabardina me queda grande

la gabardina me queda chica

no nací para estos tiempos

no nací para estos tiempos

salgo a flote a la fuerza,

braceando, rogando por otra dosis

mis brazos no dan más, la orilla donde está

me engañaron otra vez

tuvieron mi voto, mi defensa,

mi parte para el abogado

mi ración la sigo esperando,

la puerta no la puedo abrir

tengo la llave, robaron el cerrojo

lloras, sigues llorando

pienso como salir, como abrir la puerta

ya me convencí, pero no puedo convencerte

ya armé mi tabaco, ya cargué mi pipa

estarás bien, siempre estás bien

lo que no está bien

es el tren que atrasa

y lo espero en la estación

le pregunto al guardia, no sale de su heladera

y espero, aguardo a que algo cambie

tengo hambre, pido un sanguche

pero mi estómago desapareció

y no tengo dinero para comprar comida

pasa el tren y me queda un abono

encuentro un asiento,

no significó trabajo alguno, el vagón venía vacío

desconfío hasta que de existiera el chofer

pero me las ingenio para abrigarme con mi remera

y duermo mientras dura el viaje.

Descanso,

descanso,

descanso

como un rey que sabe que a la mañana

su corona lo estará esperando en su mesa de luz

aunque ni siquiera esté seguro

de que cuando despierte vaya a estar el morral

que dejé en el asiento vecino.

lunes, 29 de marzo de 2021

Canto Ajeno - XVII

El equilibrio de fiebre de enero y la peste cafecina del reloj

el balance entre el océano y una lágrima en cada ojo

el equinoccio entre los pies calzados y el ojo nublado.

Genette indicará simetría:

que están encabezados por un nombre de la armonía,

que cada hemistiquio nombra opuestos,

que las agujas se estrellan contra las tres de azúcar contra las llaves contra la cerradura contra la vereda contra el aullido de los lobos atormentando los callejones de Tebas,

que el océano diluye cualquier llanto liviano,

que los pies calzados abrigan los pasos del suelo y que no hay refugio de ninguna nebulosa de ningún aliento de ninguna mirada de ningún  narcótico de ninguna orilla.