jueves, 5 de febrero de 2026

Canto Ajeno - XXVII

Por sencilla inercia

el rezo se volvió aullido.

Ni demonios ni falsos consuelos:

no hermanan la copa

o tanto abrazo sin manos.

¿Suenan voces después de la medianoche del primero?

¿Importa

si lloran a rabiar por un oído?

Mucho silencio por callar

tanto ruido hermoso

toda la noche para volverse día.

Ya huí, ya negué,

acepté, regresé:

no hay destino mejor que el inventado.

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