Afuera,
bajo el sol, no inquieta la purga florida:
desentrañamos
relatos para serenar el llanto de los dolientes,
renovamos
el empuje de devolver el escupitajo al cielo,
acercarnos
al que no reza,
el
rival pagano de las cruces de yerba,
compartir
el alivio de no sea usted el que sigue, mi coronel.
No
llegan todavía a fantasmas, son muertos recientes;
el
llanto de doliente ruega a dios la bienvenida
y no digo dios en
súplica,
lo digo con sentido práctico para nombrar a todos.

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