martes, 16 de diciembre de 2025

Canto Ajeno - XXV

Dos manos traman un mail en un apartamento de Miraflores,

el texto es breve como una vuelta del reloj,

habla de una coartada y una selva oscura.

El botón “enviar” lo transforma en impulsos eléctricos,

el lenguaje binario codifica un mensaje que es a su tiempo la codificación de un mensaje preexistente;

alguien deberá iniciar sesión para principiar un nuevo punto de partida,

un final que no encuentra nunca su principio,

el río que cree alimentar al océano ignora que en su fin está su origen,

la marea eterna cierra y abre un camino baldío de caminantes.

Tal vez imaginar:

imaginar que el tiempo sigue pasando aunque siempre son las nueve,

que el tiempo no es tiempo porque se mueve a cada palabra que busca definirlo y cada discurso evita su forma hasta ser devorado por el silencio;

pero ninguna palabra le dará forma,

digo que siempre existió

o que estará allí hasta el fin de todos los mundos incluso cuando el mismo tiempo se haya terminado, lo que fijará un nuevo principio y será tiempo presente incluso cuando no haya un punto inmóvil para nominar el inicio del nuevo final.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Canto Ajeno - XXIV

La misma letra con otra voz:

defiendo la verdadera suerte de las hojas que el viento barre hasta la muerte

hasta que despiertan, otra vez,

bajo el suelo.

Nunca la llamaré terrible.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Canto Ajeno - XXIII

Morir es nacer:

me nombra el desconocido que desconfía de la matriz,

reincido en mis raíces de suelo fecundo en invierno;

y esas raíces son indescifrables como el suelo que las complementa.

Retumbo, no contengo mis hojas.

Al contrario, celebro su empuje

cuando resplandecen con la entereza de la noche y también,

cuando caen al suelo, derrocadas por su propio peso marchito

y pasan a habitar el estrato más profundo del terreno,

el de algunos difuntos y los ríos subterráneos.

Es territorio vivo la profundidad, tiene hambre,

la tiniebla remojada no tiene más fortuna que germinar.